Ya te miro caer precipitado, y que en tus propias ruinas te confundes; que en ti propio te rompes y te hundes, entre tus chapiteles sepultado.
Tanto como has crecido has enfermado y, por mas bien que los cimientos fundes, mientras en oro y vanidad abundes, tu tesoro y poder son tu pecado.
Si de los que derribas te levantas y si de los que entierras te edificas, en amenazas propias te adelantas.
Medrosos escarmientos multiplicas; lágrimas tristes, que ocasionas, cantas: son tu caudal calamidades ricas.
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