Cuando la Providencia es artillero, no yerra la señal la puntería; de cuatro lados la centella envía al que de azufre ardiente fue minero.
El teatro, a las fiestas lisonjero, donde el ocio alojaba su alegría, cayó, borrando con el humo el día, y fue el remedio al fuego compañero.
El viento que negaba julio ardiente a la respiración, le dio a la brasa, tal, que en diciembre pudo ser valiente.
Brasero es tanta hacienda y tanta casa; más agua da la vista que la fuente: logro será, si escarmentado pasa.
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