Esa frente, ¡oh Gïaro!, en remolinos torva y rugas pálida y funesta, antes señas de toro manifiesta que de estudios severos y divinos.
Tus semblantes ceñudos y mohínos, si no descifran délfica respuesta, obligan que, de risa descompuesta, se descalcen los propios calepinos.
No tiene por fructífera el villano la espiga que con uso se endereza, sino la corva, a quien derriba el grano.
Hacia la tierra inclina tu entereza, porque lo erguido se promete vano, y que está sin meollo la cabeza.
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