Si enriquecer pretendes con la usura, Cristo promete, ¡oh pálido avariento!, por uno que en el pobre le des, ciento: ¿dónde hallarás ganancia más segura?
La desdicha del pobre es tu ventura; su hambre y su miseria, tu sustento; su desnudez, tus galas y tu aumento, si socorres su afán y pena dura.
Fías de la codicia del tratante y de la tierra y en alado pino los tesoros al mar siempre inconstante,
y sólo dudas del poder divino, pues su misma promesa no es bastante a persuadir tu ciego desatino.
Comments
Loading comments…