Entre las coronadas sombras mías que guardas. ¡oh glorioso monumento!, bien merecen lugar, bien ornamento, las llamas antes, ya cenizas frías.
Guarda, ¡oh!, sus breves malogrados días en religioso y alto sentimiento; ya que en polvo atesora el escarmiento, su gloria a las supremas monarquías.
No pase huésped por aquí que ignore el duro caso, y que en las piedras duras, con los ojos que el título leyere,
a don Carlos no aclame y no le llore, si no fuere más duro que ellas duras, cuando lo que ellas sienten no sintiere.
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