De la Asia fue terror, de Europa espanto, y de la África rayo fulminante; los golfos y los puertos de Levante con sangre calentó, creció con llanto.
Su nombre solo fue victoria en cuanto reina la luna en el mayor turbante; pacificó motines en Brabante: que su grandeza sola pudo tanto.
Divorcio fue del mar y de Venecia, su desposorio dirimiendo el peso de naves, que temblaron Chipre y Grecia.
¡Y a tanto vencedor venció un proceso! De su desdicha su valor se precia: ¡murió en prisión, y muerto estuvo preso!
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