Quitemos al Romano este cuidado, y un número a sus muchos prisioneros, pues me temen, los cónsules severos, amenaza caduca de su estado.
Impaciente a los términos del hado, salga la alma que armó tantos guerreros: no aprenda a servir estos postreros años, que del afán he reservado.
Pródigo del espíritu y la vida, desprecio dilatar vejez cansada: venganza les daré, no triunfo y gloria.
Que es desesperación bien entendida buscar muerte a la afrenta anticipada: quede a guardar la vida a la memoria.
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