Ribera, hoy paraíso; Afán, hoy gloria; que ansí a descanso hoy pasa el apellido, de tantas majestades deducido, blasón que vive en inmortal historia;
contra el tiempo y olvido la victoria os asegura el real esclarecido hijo, en quien ya dejáis padre y marido al fénix que os fecunda la memoria.
Dejáis la pena, sí; pero consuelo tan cerca, que si ya no alivia el llanto, justo será, más descortés al cielo.
Dejaisla excelso sustituto, en tanto que vuestra alma gloriosa deja el suelo, y llevaisla en el alma al cielo santo.
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