Su mano coronó su cuello ardiente y el acero le dio cetro y espada; hízose reino a sí con mano armada; conquistó y gobernó francesa gente.
Su diestra fue su ejército valiente; sintió su peso el mar; vio, fatigada, el alto Pirineo, de gente osada, la nieve, ceño cano de su frente.
Su herencia conquistó, por merecerla; nació rey por la sangre que tenía; por la que derramó, fue rey famoso.
A Fortuna quitó (por no deberla sólo a la sucesión) la monarquía: y vengo a la Fortuna un alevoso.
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