No pudo haber estrella que infamase con tal inclinación sus rayos de oro, ni a tanta majestad perdió el decoro hora, por maliciosa que pasase.
Ni pudo haber deidad que se enojase y diese tan vil causa a tanto lloro; rayos vengan la ira al alto coro: no era bien que un traidor se la vengase.
Gusto no pudo ser matar muriendo, y menos interés, pues no respeta la desesperación precio ni gloria.
Envidia del infierno fue, temiendo que el ruido ronco de la guerra inquieta despertara de España la memoria.
Comments
Loading comments…