Diole el León de España su Cordero, y, lobo, quiso ensangrentar sus galas; el Aguila imperial le dio sus alas, y con sus garras se le opuso fiero.
Más soberbio y aleve que guerrero, al reino de Bohemia puso escalas; la elección de su cetro dio a las balas y esperó la corona del acero.
Cayó deshecho en átomos sangrientos el duque de Frislant, por advertidas manos en su castigo y sus intentos.
No se ve el hombre; vense las heridas; del cuerpo muerto nacen escarmientos: tú los quieres crecer si los olvidas.
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