Lo que me quita en fuego, me da en nieve la mano que tus ojos me recata; y no es menos rigor con el que mata, ni menos llamas su blancura mueve.
La vista frescos los incendios bebe, y, volcán, por las venas los dilata; con miedo atento a la blancura trata el pecho amante, que la siente aleve.
Si de tus ojos el ardor tirano le pasas por tu mano por templarle, es gran piedad del corazón humano;
mas no de ti, que puede, al ocultarle, pues es de nieve, derretir tu mano, si ya tu mano no pretende helarle.
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