Aminta, para mí cualquiera día es de ceniza, si merezco verte; que la luz de tus ojos es de suerte que aun encender podrá la nieve fría.
Arde, dichosamente, el alma mía; y aunque amor en ceniza me convierte, es de fénix ceniza, cuya muerte parto es vital, y nueva fénix cría.
Puesta en mis ojos dice eficazmente que soy mortal, y vanos mis despojos, sombra oscura y delgada, polvo ciego.
Mas la que miro en tu espaciosa frente advierte las hazañas de tus ojos: pues quien los ve es ceniza, y ellos fuego.
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