Enriquecerse quiso, no vengarse, la llama que encendió vuestro cabello; que de no codiciarle, y poder vello, ni el tesoro del sol podrá librarse.
Codicia fue, que puede mal culparse, robarle quien no pudo merecello; milagro fue pasar por vuestro cuello y en tanta nieve no temer helarse.
O quiso introducir en sol su llama, y aprender a ser día, a ser aurora, en las ondosas minas que derrama,
o la hazaña de Eróstrato traidora repite, y busca por delitos fama, quemando al sol el templo que él adora.
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