¿Tú, dios, tirano y ciego Amor? Primero adorare por dios la sombra vana. Hijo de aquella adúltera profana, dudoso mayorazgo de un herrero;
viejo de tantos siglos embustero, lampiño más allá de barba cana; peste sabrosa de la vida humana, pajarito de plumas de tintero.
¿Dejas libre a Floralba, y en sus manos me prendes, donde ardiendo en nieve, enjugo mis venas con incendios inhumanos?
Si quiere coger fruto, dios verdugo, aprende a labrador de los villanos: que dos novillos uncen en un yugo.
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