Los que ciego me ven de haber llorado y las lágrimas saber que he vertido, admiran de que, en fuentes dividido o en lluvias, ya no corra derramado.
Pero mi corazón arde admirado (porque en tus llamas, Lisi, está encendido) de no verme en centellas repartido, y en humo negro y llamas desatado.
En mí no vencen largos y altos ríos a incendios, que animosos me maltratan, ni el llanto se defiende de sus bríos.
La agua y el fuego en mí de paces tratan; y amigos son, por ser contrarios míos; y los dos, por matarme, no se matan.
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