Tú, que la paz del mar, ¡oh navegante!, molestas, codicioso y diligente, por sangrarle las venas al Oriente del más rubio metal, rico y flamante,
detente aquí; no pases adelante; hártate de tesoros, brevemente, en donde Lisi peina de su frente hebras sutil en ondas fulminante.
Si buscas perlas, más descubre ufana su risa que Colón en el mar de ellas; si grana, a Tiro dan sus labios grana.
Si buscan flores, sus mejillas bellas vencen la primavera y la mañana; si cielo y luz, sus ojos son estrellas.
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