Quien bien supo una vez, Lisi, miraros y quien pudo arribar a conoceros, bien merece poder vivir sin veros, y no poder morir si sabe amaros.
Ni supo veros, ni sabrá estimaros quien más codicia ver esos luceros; y quien os vio una vez, osa ofenderos si otra procura para contemplaros.
Esas lumbres de amor, ricas y avaras, o tiene las del cielo por centellas, menores en ardor, si menos raras,
o juntó en vuestros ojos las estrellas Naturaleza, o vuestras luces claras dividió por los cielos para hacellas.
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