Diome el cielo dolor y diome vida; el nombre, no los hechos, ha negado de muerte a mi pasión, pues he quedado vivo, y ella con nombre de homicida.
Amar, que fue locura bien nacida, me castiga Fortuna por pecado: siempre fue delincuente el desdichado: si no le acusa Amor, Amor le olvida.
Yo persevero y dicen que porfío; mis sacrificios llama robo el cielo, cuando en prisión me tiene el albedrío.
Y ansí se extrema ya mi desconsuelo, que hasta de breve muerte desconfío, que hasta de larga vida me recelo.
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