Quédate a Dios, Amor, pues no lo eres; que servir a quien sirve es vil locura. Esclavo eres de Lisi en prisión dura, ¿y qué te sirva yo de esclavo quieres?
Ni templo habites ni holocausto esperes, pues yaces, sacrificio a la hermosura de aquella vista que me abrasa pura, donde, ardiendo, con flechas y arco mueres.
El virote, que fue peso a tu aljaba, en tu cuello te muestre fugitivo, de humana majestad, deidad esclava.
Cierra el palacio, en otro tiempo altivo; forje grillos tu padre, que forjaba para tu enojo el rayo vengativo.
Comments
Loading comments…