En una vida de tan larga pena, y en una muerte, Lísida, tan grave, bien sé lo que es amar, y Amor lo sabe; no sé lo que es amor, y Amor lo ordena.
Esa serena frente, esa sirena, para mayor peligro, más suave, ¿siempre escarmientos cantará a mi nave? ¿Nunca propicia aplaudirá a su entena?
¿No ves que si halagüeñas tiranías me consumen, que, mustio, cada instante roba tu primavera en horas frías,
y al ya rugado cárdeno semblante, que mancillan los pasos de los días, no volverá a su flor ni amor ni amante?
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