Estas son y serán ya las postreras lágrimas que, con fuerza de voz viva, perderé en esta fuente fugitiva, que las lleva a la sed de tantas fieras.
¡Dichoso yo que, en playas extranjeras, siendo alimento a pena tan esquiva, halle muerta piadosa, que derriba tanto vano edificio de quimeras!
Espíritu desnudo, puro amante, sobre el sol arderé, y el cuerpo frío se acordará de Amor en polvo y tierra.
Yo me seré epitafio al caminante, pues le dirá, sin vida, el rostro mío: «Ya fue gloria de Amor hacerme guerra.»
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