¿Qué buscas, porfiado pensamiento, ministro sin piedad de mi locura, invisible martirio, sombra obscura, fatal persecución del sufrimiento?
Si del largo camino estás sediento, mi vista bebe, su corriente apura; si te promete albricias la hermosura de Lisi, por mi fin, vuelve contento.
Yo muero, Lisi, preso y desterrado; pero si fue mi muerte la partida, de puro muerto estoy de mí olvidado.
Aquí para morir me falta vida, allá para vivir sobró cuidado: fantasma soy en penas detenida.
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