Bien pueden alargar la vida al día, suplir el sol, sustituir la aurora, disimular la noche a cualquier hora, vuestros hermosos ojos, Lisa mía.
Son de fuego y de luz gran monarquía, donde imperios confines atesora el dios que, con la llama vengadora, castiga, y no escarmienta, la osadía.
A verlos vuelvo, si posible ha sido que truje alma de allá, donde quedaron, o que pueda volver vivo un ausente.
Serame, por lo menos, concedido que esto, si es algo, que de mí dejaron, lo miren reducido a sombra ardiente.
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