Leí los rudimentos de la aurora, los esplendores lánguidos del día, la pira y el construye y ascendía, y lo purpurizante de la hora;
el múrice, y el tirio, y el colora, el sol cadáver, cuya luz yacía, y los borrones de la sombra fría, corusca luna en ascua que el sol dora;
la piel del cielo cóncavo arrollada, el trémulo palor de enferma estrella, la fuente de cristal bien razonada.
Y todo fue un entierro de doncella, doctrina muerta, letra no tocada, luces y flores, grita y zacapella.
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