Yo, que en este lugar haciendo Hurtados, tanto extandí la casa de Mendoza; yo, que desde el alcázar a la choza sofaldé cerraduras y candados;
estos dos garabatos sazonados, con quien toda ventana se retoza, galgos de mucho trasto y mucha broza, ministros del agarro corcovados;
esta lima, esta llave, con que allano todo escondite, ofrezco ante las aras del aruñón de bolsas cortesano;
y compungido de maldades raras, harto de hurtar a palmos con la mano, quiero alguacil, hurtar con ella a varas.
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