Rostro de blanca nieve, fondo en grajo; la tisne, presumida de ser ceja; la piel, que está en un tris de ser pelleja; la plata, que se trueca ya en cascajo;
habla casi fregona de estropajo; el aliño, imitando a la corneja; tez que, con pringue y arrebol, semeja clavel almidonado de gargajo.
En las guedejas, vuelto el oro orujo, y ya merecedor de cola el ojo, sin esperar más beso que el del brujo.
Dos colmillos comidos de gorgojo, una boca con cámaras y pujo, a la que rosa fue vuelven abrojo.
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