Si vieras que con yeso blanqueaban las albas azucenas; y las rosas vieras que, por hacerlas más hermosas, con asquerosos pringues las untaban;
si vieras que al clavel le embadurnaban con almagre y mixturas venenosas, diligencias, sin duda, tan ociosas, a indignación, dijeras, te obligaban.
Pues lo que tú, mirándolo, dijeras, quiero, Belisa, que te digas cuando jabelgas en tu rostro las esferas.
Tu mayo es bote, ungüentos chorreando; y en esta tez, que brota primaveras, al sol estás y al cielo estercolando.
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