Si el mundo amaneciera cuerdo un día, pobres anochecieran los plateros, que las guijas nos venden por luceros y, en migajas de luz, jigote al día.
La vidriosa y breve hipocresía del Oriente nos truecan a dineros; conócelos, Licino, por pedreros, pues el caudal los siente artillería.
Si la verdad los cuenta, son muy pocos los cuerdos que en la Corte no se estragan, si ardiente el diamantón los hace cocos.
Advierte cuerdo, si a tu bolsa amagan, que hay locos que echan cantos, y otros locos que recogen los cantos y los pagan.
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