Vino el francés con botas de camino y sed de ver las glorias de Castilla; y la corte, del mundo maravilla, le salió a recibir como convino.
Anduvo el duque por extremo fino; mas los monsures, juntos en cuadrilla, anduvieron vidriosos en la villa, aun más en lo galán que en lo mohíno.
Esmeráronse grandes y señores, por servir a su rey, en regalallos: joyas y potros de valor les dieron.
Y hasta las trongas de Madrid peores los llenaron a todos de caballos y mal francés al buen francés volvieron.
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