¡Oh Jano, cuya espalda la cigüeña nunca picó, ni las orejas blancas mano burlona te imitó a las ancas: que tus espaldas respetó a la seña!
Ni los dedos, con luna jarameña, de la mujer parlaron faldas francas; con mirar hacia atrás las pullas mancas, cogote lince cubre en ti la greña.
Quien no viere después de haber pasado y quien después de sí no deja oído, ni vivirá seguro ni enmendado.
Eumolpo, esté el cerebro prevenido, con rostro en tus ausencias desvelado: que avisa la cigüeña con graznido.
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