A la invención del telégrafo eléctrico

De las corrientes de la mar sonora,Del rayo de la luz que baña el suelo,Del águila caudal que eleva el vueloA los espacios do la nube mora;

Del eco del cañon que aterradoraLlama vomita derramando el duelo;De cuanto el hombre concibió en su anheloDe poder, eres tú la vencedora.

¡Quién igualarte puede, mensajeraQue cruzas el espacio, y el profundoAbismo de la mar airada y tiera!

Prodigio entre prodigios sin segundo,Consuelo das al que anhelante esperaY eres lazo de amor que liga el mundo.

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