Inés
¡Cómo pudo escuchar Vasco de GamaSin caer á tus pies, de amor rendido,Aquel sublime adios, aquel gemidoQue en vivo fuego el corazón inflama!
Tórtola triste que su bien reclamaCuando contempla su desierto nido,No se queja cual tú, ni es tan sentidoSu dulce acento, si á su dueño llama.
Lluvia de perlas en cristal sonoroSon las notas, Inés, de tu garganta;Divino arpegio que á su lira de oro
Arranca el ángel que al Señor levantaLa hermosa voz en el celeste coro,Y su poder y su grandeza canta.
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