La muerte del desertor
La noche en silencio cubrió con sus gasesEl valle lejano, la vega feraz;Se ven a lo lejos las toldas alzadasEn medio la verde colina blanquear.La luz vacilante de hogueras que en tornoDe robles macizos alumbran, se ve...Del humo que se alza los copos undososY el valle enlutado tendido a sus pies.Un grito resuena de en medio las toldas...El eco repite, temblando, esa voz...¡Atrás!, dicen luego. ¡Atrás!, y en las sombrasY en el hondo silencio la tierra quedó.Dos hombres pasaron camino del puebloLlevando en sus manos tendido el fusil.Y dicen que luego, dejando el sendero,Los vieron, callados, la sierra subir.Las brumas velaron los verdes collados,Los valles senosos, del cielo el azul.¡Allá tras las sombras del valle enlutadoPercíbese sólo temblando una luz!Anuncia esa lumbre la tolda enemigaEn medio de oteros alzados allá;El pueblo tendido tras esa colinaEs nuestro y podemos en él descansar.Tres hombres cruzaron el hondo camino,Bajaron al pueblo y entraron en él;Dos iban con armas, de blusas vestidos,¿El otro haraposo... haraposo? ¿Quién es?Su nombre se ignora... La oscura capillaAlumbra indecisa la luz de un blandón.¡Al pálido rayo que en ella vacilaAl pie de las aras se ve el desertor!Un hondo redoble resuena estruendoso,Se forman los cuerpos, las armas se ven,El pueblo se agita: los unos medrososSe alejan, los otros se agrupan a él.¡Las armas resuenan! Del pobre soldadoEl cuerpo llevaron después al hogar,Manchado de sangre: la viuda llorandoCon hondos gemidos llenó la ciudad...
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