En la muerte de...
En la muerte de...
Con una palma en la manoacompañando al talento,iba un ángel junto a un hombrepor un tortuoso sendero.
Después de largos afanespararon los dos viajerosbajo un bosque de laurelesen los umbrales de un templo.
A los acordes sonorosde un misterioso concierto,pisando alfombra de floressalió una diosa a su encuentro.
–¿Quiénes sois vosotros? dijo:en este recinto bellono habitan mas que los sabios,los artistas y los buenos.
Aquí las frentes ilustresque otros de espinas ciñeronobtienen rosas y mirtos,óleo de santo consuelo:
Las víctimas de la envidia,los trovadores modestos,espíritus superioresque viven en el silencio,
los amigos de la ciencia,los nobles hijos del genio,aquí en recompensa logranveneración y respeto.
–¿Quién eres tú? dijo el hombre:Jamás te he visto en mis sueños,ni pensé llegase un díade hollar este sitio ameno.
Yo soy un alma olvidadaque pasó todo su tiempoen explotar ambiciosolas minas del pensamiento.
Pregunta al ángel custodioque va mis pasos siguiendo,por qué razón he llegadoa las puertas de tu templo.
Y exclama el ángel: –¡oh gloria!yo soy aquel de tus siervosque en la senda del sepulcrobusca los grandes talentos.
Hallé muchos en el polvo,muy pocos dignos de premio,y entre los más escogidosaquí tienes el primero.
No habló más, volvió la espalda,alzó los ojos al cielo,y ocultóse solitariopor el tortuosos sendero.
La Habana, 1855.
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