Lucrecia (de Arguijo)

Baña llorando el ofendido lechoDe Colatino la consorte amada,Y en la tirana fuerza disculpada,Si no la voluntad, castiga el hecho.Rompe con hierro agudo el casto pecho,Y abre camino al alma, que indignadaBaja á la obscura sombra, de vengada.Aun duda si su agravio ha satisfecho.Venció al paterno llanto endurecida,Y de su esposo el ruego, que no basta,Menospreció con un fatal desvío.«Ceda al debido honor la dulce vida:Que no es bien, dijo, que otra menos castaOse vivir con el ejemplo mio.»

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