A la soledad del campo

A ti me acojo, soledad querida,en busca de la paz que mi alma anhelaen su ya inquieta y procelosa vida;mi nave combatidapor la borrasca de la mar del mundo,esquiva ya su viento furibundo,y en busca de otro viento sosegadodirige a ti su desgarrada vela,¡oh!, puerto deseadoen que la brisa de bonanza vuela.

Tú levantas el ánimo caído,bálsamo das al pecho lacerado,das nueva vida al corazón helado,y aliento nuevo a su vigor perdido.El alma que perdió su lozaníay fuerza soberana,junto con su ilusión y su alegría,allá en la estéril sociedad humana,en tu repuesto asilo,en tu seno tranquilofeliz respira al fin; sus ya enervadasalas despliega, y remontando el vuelo,halla para espaciarse un vasto cielo,y recobrada la calor perdida,con vida nueva torna a amar la vida;así el ave, encerradadentro la estrecha jaula, se entristece,pierde luego el vigor desalentada,y en su prisión doliente desfallece;pero si encuentra acaso la salidaque en su afán vigilante vio cerrada,dejando libre paso a la partida,rauda se lanza a la región del viento,y el orgulloso vuelo desplegandose espacia por el ancho firmamento.

Heme ya libre del tropel humano,y contigo, ¡oh Natura, a solas heme,y con tus montes y extendido llano!Heme lejos, en fin, del aire impuroque respiran las míseras ciudades,sin oír el de dolor vago lamentoque en su recinto oscurose escucha sin cesar: ¡Héme aspirandobajo tu abierto cielo inmensurable,con placer inefable,el aire libre, embalsamado y puro;y en vez de humanas voces, escuchandoel apacible acento,la melodiosa voz del vago viento!

En tu augusto retiro,¡oh soledad!, los hombres olvidemos,la vista separemosdel teatro infeliz de los mortales.Caos de confusiones,angustioso espectáculo de males,furioso mar que ruge alborotado,do silba el huracán de las pasiones,do se oye el alarido desgarrado,y el eternal suspiroque elevan a la par los corazones.

Demos todo al olvido:los hombres y su mundo corrompido.Deja a mi corazón, antes opresopor insufribles penas,respirar libre de su enorme peso;deja que mi alma rompa las cadenascon que la ató el dolor, y alzando el vuelose espacie alegre por tu inmenso cielo;y deja, en fin, que tienda la mirada,tanto tiempo a un mezquino y nebulosoespacio reducida,por la verde campiña dilatada,por tus claros y abiertos horizontesy el rudo aspecto de sus grandes montes.

Bajo tu amparo, en tu sereno asilo,¡oh soledad!, yo viviré tranquilo;yo olvidaré la angustia de la vida,no sentiré su peso,vagando en tu pradera florecida,y por el fresco laberinto errandode tu amena floresta y bosque espeso,yo desoiré la voz de mis dolorespor la canción del aura entre tus flores,y el murmurar de la apacible fuente,que baña tus jardines, resbalandoentre lirios y rosas mansamente.Y en tu retiro y deleitable calmairanse poco a poco disipandoalgunas sombras de mi triste frente,y el padecer del alma.

¡Oh! vosotros que dais, árboles bellos,sombra a la tierra, al aire galanura;aves alegres que moráis en ellosy con canciones adormís las horas;volubles vientos que mecéis festivoslas copas cimbradores;diáfanas fuentes que esparcís frescuraal prado, al aire, a la arboleda oscura;arroyos fugitivosque corréis por hallar muelle reposodentro del huerto umbroso,y entre las flores plácido remanso...¡Árboles, aves, vientos, aguas puras,llegó por fin el día,que tanto ansié, de haceros compañía!Vengo en vosotras a buscar descanso,vengo a olvidar mis crueles amarguras;de hoy más, junto a vosotros,vuestra vida será también la mía.

Cuando el alba las puertas del Oriente,coronada de aureolas de oro,abra al rey del espacio refulgente,uniré la voz míaal de las aves armonioso coro,por saludar al sol del nuevo día;y cuando éste, inclinado al Occidente,recoja su llameante vestiduraen los tendidos cielos esparcida,yo y la bella natura,que queda lamentando su partida,nuestro adiós le daremos de amargura.

Y así en este continuo y dulce girode días y de noches,con la naturalezaen grata comunión, huirá la vidaentre contento y paz; ya no el suspirose oirá en mis labios, ni en mi frente erguidalas sombras se verán de la tristeza...¡Oh! ¡Diérame la suerteaquí vivir, ajeno de pesares,y aquí esperar la muerte,arrullando con plácidos cantaresel sueño arrebatado de las horas,pues que son, como un sueño, voladoras!

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