La mañana (Zaldumbide)

Leve cinta de luz brilla en Oriente,como la fimbria de orodel ropaje del sol resplandeciente;y éste es el nuncio de la luz del día.El pueblo de las aves que dormíaen el regazo de callada nocherompe el silencio en armonioso coro,y un cántico levanta al que infaliblesu cotidiano sol al mundo envía.

Raya el alba; las sombras que esparcidaspor los aires, tejían silenciosasel tenebroso veloen que yacía envuelto el ancho suelo,ciegas ante la luz y confundidasse rompen, al ocaso retroceden,y el espacio y el cetro al día ceden.Recoge el manto la vencida noche,y aparece triunfanteentre aplausos y goces de victoria,en su inflamado coche,el Rey del Cielo espléndido y radiante.

Cunde al punto la luz de la mañana,se alegra el valle, el monte resplandece,la niebla que en la noche cubrió el suelose rompe fugitiva y desvanece,o en ondeantes penachos sube al cielo.Bulle el viento en los árboles sonoro,brilla en las verdes hojas el rocío,murmura el arroyueloentre las flores dulce, y más osadorumor levanta el impetuoso río;allá resuena la floresta umbríacon el alegre, bullicioso corode pájaros cantores.

Despiertan la cabaña y la alquería;del humo del hogar al cielo subela doméstica nube,y la vista recreael afanar del laborioso día:ya el labrador empuña el curvo arado,y alegre con la ideade la futura henchida troje, rompeel seno inculto del fecundo suelo,poniendo la esperanza y el cuidadoen el labrado surco y en el cielo;se abre el redil y saltan las ovejasy vanse por el campo derramadasla tierna grama que mojó el rocíopaciendo regaladas.Allá se agita, la afanosa siegay la dorada espigaal corvo diente de la hoz entregael precioso tesoro,galardón del sudor y la fatiga.

¿En dónde estás ahora,oh noche, ciega noche engendradorade larvas espantosas?¿Dónde llevaste ya tu triste luna,y tu corte de estrellas silenciosas?Éste es él sol, que el alto cielo dora.Éste es el sol, que vistela campiña de espléndidos colores:pintadas brillan a su luz las flores;a su luz resplandecela vívida esmeralda de los montes,y aspirando en su luz Naturalezade inmortal vida el poderoso aliento,rejuvenece su inmortal belleza.

Éste es el sol, a cuya luz el mundosacude el sueño que durmió profundoen tu regazo, oh noche, y resonantegira de nuevo en su eje de diamante,lleno de juventud, de vida lleno,como en aquel primero día, cuandoel ciego Caos fecundó tu seno,y echaste dél afuerala creación enteraque giró en los espacios rutilando.

¡Salve, oh tú esplendorosoRey de los otros orbes, sol fecundo!Mi voz con la del mundo,salve, te dice, genitor gloriosode toda vida y todo ser que encierra,por cuanto abarcas en tu luz, la tierra.

¡Cuán de otra suerte, oh sol, te saludabacuando yo, de los hombresen el común tropel iba mezclado,de la ciudad habitador hastiado!El corazón marchito, el alma fría,cegada ya la fuentedel entusiasmo, y el estéril tedioconsumiendo la flor de mi existencia,mi juventud amada.

Tal era yo aquel tiempo, y tal vivía;y entonces maldecíatu refulgente luz, tu luz sagradaporque ella no traíaplacer al alma, ni al dolor remedio.

¡Ya ese tiempo pasó!... Hora que el cielo,propicio en fin, mis votos ha cumplido,dándome horas de paz, serenos días;húndase en las tinieblas del olvidoesta de gran dolor época fiera;no vengan sus recuerdosa acibarar mis dulces alegrías:regenerado estoy, y no quisierala idea conservar de lo que he sido.

A ti, naturaleza, esta que sientoinmensa vida rebosar en mi alma,a ti la debo sola; tú eres fuentede vida inagotable: el pecho tristeque se marchita al abrasado aliento.

De mundanas pasiones,bañado en ti, renacerá al momentoal perdido vigor y nuevamenteencontrará perdidas emociones.El infelice que bebió del mundoel cáliz del dolor emponzoñado,el labio ponga en tu raudal fecundoy beberá el placer... Naturaleza,tal hice yo, y en mí nuevo infundistegozo, desconocido a mi tristeza;por ti mi herido pecho desmayadovuelve a latir y en nuevo ardor se inflama,y por ti en fin mi espíritu cansadoque aborreció la vida, ¡ya la ama!

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