La noche (Zaldumbide)
Meditación
¡Oh noche! ¡Oh madre de la luz! Ahoratú reinas en los ámbitos del cielo;lejos huyó la luz deslumbradora,cayó el rumor que levantaba el día,y en tu regazo inmóvil duerme el mundo.
En el silencio general profundo,ni se ve ni se siente el sordo vuelode tus calladas horas. Honda calmareina doquiera, y dentro de mi alma.Y ¡qué insólita calma! Noche pía,tú me la infundes por la vez primera,yo en otro tiempo al bullicioso día,perseguido de insomnios, le implorabaque te usurpase el mando de la esfera.Yo en su bullicio mi dolor ahogaba,y en su inquietud mis penas aturdía;mas en tu muda soledad me hallabaa solas con mi triste compañera,la fiel tristeza; y me donaba el sueñosu deseado olvido y su beleño.
La paz ahora envías a mi seno,y mis insomnes penas adormeces;plácenme ya tus sombras, tu serenoimperio en el espacio de astros lleno.Ahora te bendigo, ¡noche augusta!Ya el tardo vuelo de tus graves horasno más maldecirá mi boca injusta;no iré a turbar tu plácido reposo,ni a lastimar tu adormitado oído,rompiendo tu silencio majestuosopor entregar pesares al olvidoen bullente festín o impura orgía,de tu quietud profanación impía.
Más noble ocupación, más digno empleodaré a tus horas de silencio y calma.Los innúmeros astros que en ti veo,las bóvedas del cielo majestuosas,páginas son en que asombrado leoy aprendo ahora sobrehumanas cosas;en las alas del éxtasis mi almaarrebatada va de mundo en mundo:vuela, sube, desciende, vaga, giray mide la magnífica estructuradel universo; y reverente admiraen concierto inmortal, maravillosocon que los astros rompen esa puraregión del cielo en giro luminoso.
Esta quietud universal, profunda,el vago horror de las calladas sombras,la muchedumbre de astros infinitaque del cielo los ámbitos inunda;dentro infunden del alma que meditadulce contemplación. El firmamentoes un libro de arcanos do se aprendela ciencia de las ciencias, libro santoabierto sólo al noble pensamientoque a buscar la verdad su antorcha enciende,que a las regiones de la luz se lanza,y en pos de aquellos mundos vuela tantoque al más remoto en raudo vuelo alcanza.
¡Oh, qué bajo, mezquino y miserablenoto este mundo lóbrego en que habito,cuando miro la suma innumerable,y en la grandeza y número meditode esos mundos de luz! ¡Cuánto disuena,este que el hombre mueve vano estruendo,en la música aérea y armoníacon que del viento en la región serenagiran los otros orbes, dividiendoen sempiterno revolver las horasentre la noche y el brillante día!
¡Cuántos soles allá con su luz puralos senos del espacio iluminando!¡Ay, pero aquí... qué noche tan oscura!¡Qué inmensidad y qué magnificenciamiro allá desplegarse anonadandola oscura y vanidosa humana ciencia!¡Qué pequeñez aquí; y a la par, cuántode afán, tumulto, estruendo y turbulencia!Dos elementos sin cesar se agitandebajo las estrellas silenciosas:la humanidad y el océano; el mundoles viene estrecho; airados se impacientan,y traspasar sus límites intentan;al abismo sus ondas precipitan,hasta el cenit las alzan vanidosos;mas por rocas eternas quebrantadasen vana espuma sin cesar revientan.¡Tanto tumulto en tan pequeño mundo!¡Tanta soberbia en tan humilde estado!¡Qué alzarse desde el suelo tan profundo!¡Qué ambicionar desde tan bajo grado!...Hombre insensato, alza los ojos, miraal estrellado, augusto firmamento;cuenta sus astros, su extensión mensura,y dime si tu orgullo es más que viento;más que hinchazón soberbia tu arrogancia,tu impotente ambición más que locura,y todo tu saber más que ignorancia.Pon el oído, a ese lenguaje atiende,mudo, pero elocuente de los cielos.En él la voz de la verdad desciende,y esa voz rompe los oscuros velosque ofuscan tu razón, la nube ahuyentade tus pasiones, y a la luz radiantede esas celestes lámparas, que alumbrandel espacio los senos más profundos,el universo entero se presentaa tus pasmados ojos, te deslumbra,se postra ante él tu orgullo confundido,y te miras un átomo, habitantedel más oscuro mundo de los mundos,en la infinita inmensidad perdido...
Mira a lo alto otra vez, observa el girointerminable, eterno, que los astrospor caminos celestes de zafirohacen dejando luminosos rastros.Allá la eternidad pasma tu mente.Vuelve ahora los ojos a este suelo,y abate humilde la orgullosa frente,mira la corta senda oscura y tristeque te aparta la tumba de la cuna,y observa con qué raudo y presto vuelo,y a costa de qué penas, de la unaa la otra vas... Aquí tus ojos hierela fatal brevedad de lo que existeen tu vida y con ella fugaz muere.¡Oh, qué contraste doloroso al almasalta ahora a mis ojos, imprevisto!¡Estrellas inmutables, silenciosas,gloria inmortal y luz del firmamento,cuántos desde el principio de las cosas,pueblos, generaciones habéis vistonacer, crecer, morir y sucedersecomo las olas de la mar, sin cuento!La tierra con sus pasos agitaron,su hirviente muchedumbre llenó el mundo;y en el tiempo veloz se disiparon,cual leve polvo al impetuoso viento...
Todas, todas han ya desparecido,y otras y otras vendrán innumerables;vendrán, y se hundirán en el inmensoy silencioso abismo del olvido,que lo devora todo y no se colma.Y vosotros, en tanto, los profundos,los más remotos cielos inmutablesseguís con igual luz iluminando,que en el día primero de los mundos.Extrañas a la muerte de los hombres,extrañas aun a su vivir y nombres,cual lámparas eternas y divinasel horrendo espectáculo alumbrandode tantas y tan míseras ruïnas.
¡Qué vanas son las cosas de la vidavistas así, a la luz de las estrellas,a la luz de lo estable y lo infinito!¡Cuánto más vanos, ay, los hombres que ellas!¡Placeres que del mundo sois las flores,cual las flores vivís un fugaz día!¡Glorias que sois del mundo la grandeza,sueños sois del orgullo engañadores!...¡Oh!, ved al hombre; ved a este orgullosorey del vasto universo: juzga el mundosu trono; el encumbrado firmamento,de su trono el dosel esplendoroso.Son la gloria y la ciencia sus blasones,y los escudos son de su nobleza:Gloria y ciencia es el título que poneel regio cetro en su potente mano,la corona del mundo en su cabeza...¿Y qué cosa es su ciencia, y qué su gloria?Su ciencia es débil luz que alumbra en vanooscuras sombras que a romper no alcanza,y muestra un caos de tinieblas lleno,de tinieblas más densas que no tuvoel ciego Erebo en su más hondo seno.Su gloria... ¿qué es la gloria de los hombres?Allá se lo pregunta a las estrellas,ellas te lo dirán: la fama en ellascon eterno buril graba los nombresde los mortales dignos de memoria...
Misterioso silencio es su respuesta...Mas ¿qué te importa a ti? ¿Qué mayor gloriaque el ser para ti sólo hecha y compuestaesta asombrosa máquina de mundos?Tuya es la creación, rey soberano:la tierra es tu palacio; ignoras dóndede tu dominio el término se esconde;tuyo es el universo, alza la frenteespacia tus miradas orgullosaspor el vasto, encumbrado firmamento;las estrellas que ves esplendorosas,las que ver no te es dado, y las que en vanopretendiera alcanzar tu pensamiento,súbditos son de tu potente imperio,tu ley gobierna su ordenado giro,brillan para tu bien. El rayo ardienteque el cielo airado sobre ti fulmina,el mal granizo que tus campos daña,los vientos que en los mares te sepultan,el volcán que tus obras arruina,parece, sí, que tu poder insultan,mas son para tu bien; y su guadaña,¡oh feliz colmo de felice suerte!,para tu mismo bien blande la muerte...
Comments
Loading comments…