La discreta enamorada — Acto I

Baja los ojos al suelo,porque sólo has de mirarla tierra que has de pisar.

¡Qué! ¿No he de mirar al cielo?

No repliques, bachillera.

Pues ¿no quieres que me asombre?Crió Dios derecho al hombreporque el cielo ver pudiera.

Mirar al cielo podráscon sólo el entendimiento;que un honesto pensamientomira la tierra no más.Cuando quieras contemplaren el cielo, en tu aposentocon mucho recogimiento,tendrás, Fenisa, lugar.Desde allí contemplarásde su grandeza el proceso.

No soymonja, ni profesolas lecciones que me das.

Y no recibas enojo;que doncellas y hermosurasson como las criaturas,que suelen morirse de ojo.Hay mancebete en Madrid,que si te mira al soslayo,hará el efecto del rayo.

El efecto a mí, decid.

Decía tu abuela honradaque una doncella altaneraera en la calle una fierade cazadores cercada.

Pues ¿cuándo se ha de casaruna mujer nunca vista?

Eso no ha de ser conquista;que es imposible acertar.

Pues ¿qué ha de ser?

Buena famade virtud y de nobleza.

Donde falta la riquezamucho la hermosura llama;que ya no quieren los hombressola virtud.

Pues ¿qué?

Hacienda.

¿Que soy tu querida prenda?

Así es razón que te nombres.

Galán de palabras vienes.

Ando al uso.

(Éste es Lucindo). Aparte

Luego ¿préciaste de lindo?

¿De lindo? Donaire tienes.Préciome de hombre.

(¡Ay de mí!Locamente imaginéponer en hombre la fe,que con el alma le di,no habiendo nacido de élla pretensión de mi amor).

Para un amante habladorsoy en las tretas cruel.Todas esas niñeríasde cuentas y de espejuelospara bobas son anzuelos;no conmigo argenterías.Oro macizo de amorme han de dar, no plomo, a mí.

(¿Que a quien no sabe de míamase con tal rigor?Cómo quema esta pasión.)

¿Ve aquel mancebo que viene?

Sí veo.

Pues aquél tienede mis veras posesión.Cuánto te dije es fingido;cuánto te quise es burlando.Voyme; que me está aguardando.Sale Doristeo y se pasa GERARDA con él

¿Qué haré?

Bajonazo ha sido.

¿Quitaréle la mujer?¿Acuchillaréle, Hernando?

¿Quiéresla?

Estoyme abrasando.

Agua será menester.

Como acompañarte vieste galán majadero,preciado de caballero,notable enojo sentí;mas en ver que le has dejado,brazos y gracias te doy

Ven conmigo.

¿Adónde?

Al Prado.Se van GERARDA y DORISTEO

¿Fuéronse?

Con mucha prisa.No te aflijas, que es martelo.

¿Quién es aquélla?

Recelo que es la vecina Fenisa.

(¡A un hombre que no me ha visto,ni se acuerda si nací,quiero bien!)

Nunca la vi.

(¡Qué mal mi inquietud resisto!)

Si vieses esta doncella,te doy palabra, señor,que olvides tu loco amor,porque es sabia, honesta y bella.Aunque no sé qué he pensadode tu padre...

¿De mi padre?

Pero quizá con su madrecasarse tiene pensado,y aun es más puesto en razón.

¿Casarse mi padre agora?

Habla y mira a esta señora,que es de rara perfección.

Llevóme el alma Gerarda,celos me tienen sin mí.¿Qué quieres que mire aquí?

Esta hermosura gallarda.

No hay vista en hombre celoso;todo le parece mal.

(Ya he pensado traza iguala mi designio amoroso.)

Vámonos, hija: que es horade recogernos a casa.

Ya junto a nosotros pasa;mira su belleza agora.Pasan BELISA y FENISA yésta deja caer el lienzo.

Un ángel me ha parecido.

El lienzo se le cayó.

¡Quedo! Darésele yo.Que volváis el rostro os pido.

¿Qué es, señor, lo que mandáis?

El lienzo se os cayó.

¿A mí? Sospecho que no.Pero esperad.Desenfáldase toda y se descubre.

¿Qué buscáis?

Si tengo en la manga el mío.

¿Qué es eso?

En ésta no está.

¿Qué es eso?

El lienzo me da.

Pues ¿es tuyo?

(Gentil brío).

Eso es lo que ando mirando.En ésta no está tampoco.

(Volver puede un hombre locoaquél mirar suave y blando).

Miraré las faldriqueras.

¡Acaba!

Ya me doy prisa.No está aquí.

Vamos, Fenisa.

Ni en estotra está.

¿Qué esperas?

¿Tiene unas randas?

Sí, tiene.

¿Y encaje?

¿No lo miráis?

Despacio en la calle estáis,donde todo el mundo viene.

Pues ¿quiere vuesamercedque lleve lo que no es mío?

Señora, de vos le fío.

Hacéisme mucha merced.

Señor, dejadnos pasar.Poned el lienzo en la piladel agua bendita.

(AfilaAmor, tu flecha al tirar).

Vamos.

Ya voy.

¿No es hermosa?

Celos, ¿por qué me cegáis?

¡Ah, señor!

¿Qué me mandáis?

Advertiros de una cosa.Si de aqueste lienzo acasoparece más cierto dueño;que mi palabra os empeño(Iba a decir que me abraso).que no sé cierto si es mío;diréis que vivo en la callede los Jardines...

(¡Qué talle!¡Qué gracia! ¡Qué rico brío!)

...enfrente del capitánBernardo Lucindo.

El mismoes mi padre.

(¡Ay dulce abismodonde abrasándome están!)

¿Estás loca?

Ya me voy;que aqueste hidalgo decíaque es mi vecino.

¡Por fía!Vamos.

(¡Qué perdida estoy!)Vanse las dos

¿Qué te parece?

Que es bella,cortés, discreta y gallarda;mas quiero bien a Gerarda,y vase el alma tras ella.Celos es suelo traidor,resbaladizo, de suerteque hará caer al más fuerteen los lodos del amor.Aunque mi amor fuera poco,que poco debe de ser,ver tan libre una mujerbastaba a volverme loco.

Ya te ha visto en los anzuelos;y aunque no puede sacarte,alarga cuerda, con dartecelos, celos y más celos.

¿Qué he de hacer?

Buscar, señor,una bella contracifra.

¿Luego el amor se descifra?

Sí.

¿Con qué?

Con otro amor.

No tratemos de eso agora;vamos a ver en qué para.

¿Ves como es cosa muy claraque con celos te enamora?Son como telas de araña,pescan moscas, débil gente;mas no el animal valiente,que las rompe y desmaraña.

SEGUNDA ESCENA. CASA DE FENISA

Salen BELISA y FENISA

¿De qué te quejas de mí,que siempre me andas riñendo?

De tu libertad me ofendo.

¿Libertad?

Yo, ¿no lo vi?

¿Qué mancebo me paseade estos que van dando el talle?¿Qué guijas desde la calleme arroja, por que le vea?¿Qué seña me has visto haceren la iglesia? ¿Quién me sigue,que a estar celosa te obligue?¿Qué vieja me vino a ver?¿Qué billetes me has halladocon palabras deshonestas?¿Qué pluma para respuestas,qué tintero me has quebrado?

Querría que te guardasesde eso mismo que me adviertes,y que a esas puertas más fuertesnuevos candados echases.

¿Fuiste santa, por tu vida,en tu tierna edad?

Fui ejemploen casa, en calle y en templo,de una mujer recogida.Los ojos tuve con llave.

¿Cómo te casaste?

El cielovio mi virtud y mi celo;que el cielo todo lo sabe.

Mi tía me dijo a míque hacías mil oraciones,y andabas por estaciones.

¿Yo para casarme?

Sí.

Nunca tal imaginé.Miente, por tu vida y mía;que antes monja ser quería,y sin gusto me casé.

Pues ¿cómo fuiste celosade mi padre, que Dios haya?

Porque no había joya o saya,plata en casa, ni otra cosa,que no diese a cierta dama,hacía aquel sentimientopor vosotras.

Golpes siento.

Mira, Fenisa, quién llama.

Por entre la reja viel capitán tu vecino.

Ya lo que quiere adivino.

¿Ya lo sabes? ¿Cómo ansí?

Ha días que da en mirarme.Creo que me quiere bien;yo le he mostrado desdén,y querrá en bodas hablarme.Y por tu vida, Fenisa,que no me estuviese mal;que es un hombre principal.

Perdona, madre, esta risa.

¿De qué te ríes?

De ver la santidad que tendríascuando más moza serías,qué ejemplo debió de ser.

Loca, es un hombre muy rico,y esta casa está sin hombre;seráte padre en el nombre.

Que me escuches te suplico,¿es para guardarme a mí?

No es otra mi prevenciónque ver en casa un varónque te guarde y honre a ti.

Pues, cásame a mí primero,y guárdeme mi marido.

Cuando se hubiera ofrecido,lo hiciera, y hacerlo espero.

Yo en los términos te arguyo.

Éste guardará tu honor.

¿No me guardara mejormi marido que no el tuyo?

Hijo tiene, y ser podríaconcertar esto también.

(¡Ay, mi Lucindo y mi bien!¡Quién viese tan dulce día!)Entra el CAPITÁN Bernardo.

Como en salirse tardaban,la licencia no aguardé;porque en eso imaginé,señoras, que me la daban.

Agravio se nos hiciera,si vuestra merced no entrara,y en esta casa mandaracomo si en la suya fuera.Fenisa le ofrece asiento aparte al capitán.

¿Está bien puesta esta toca?

Nunca mejor te la vi.

¿Tengo alegre el rostro?

Sí.

¿Parécete que provoca...?

Sí, madre.

¿A qué?

A devoción.

¡Maldita seas, amén!Nunca me has querido bien.Se acerca Belisa al capitán.Escucho con atención.

Como vecino sé lo que aquí pasa,tras esto sé de coro su nobleza,como suele informarse quien se casa;y como la virtud y la bellezasean despertadores del sentido,aunque duerme la edad con más pereza,quitome el sueño haberos conocidoy provocó que mis alas danzaran.Hoy me he animado a daros un maridoMucho los viejos una casa amparan;los mozos son polilla de la hacienda,que unos a andar comienzan y otros paran.Mi edad no es bien vuestra virtud ofenda;que estoy muy ágil, fuerte, como y duermo,y sé a un caballo gobernar la rienda.Yo pienso que en mi vida he estado enfermo;sólo mano enemiga me ha sangrado,y un desafío público en Palermo.Ese hijuelo que tengo es bien criado,mañana le darán una bandera,y un hábito le tengo negociado.No dará pesadumbre.

(¡A Dios plugieraque ya estuviera en casa!)

Finalmente,se irá Lucindo por momentos fuera.Suplícoos, pues, Belisa, humildemente,que me deis a Fenisa, vuestra hija;que yo pienso dotarla honestamente,para que ella gobierne, mande y rijala poca hacienda que ganó mi espada,si no es que mi cansada edad la aflija;que muy presto verá que no es cansada.

¡A mi hija, capitán,me pide vuestra merced!

Y tendré a mucha merced,si esas manos me la dan.

Pensé que vuestro deseoa quererme se inclinaba.

No,Belisa.

Alegre estaba...Y lo estoy de lo que veo.Hija, ya ves su intención.

(La fe que tuve en mi bienme hizo tener tambiénalegre mi corazón.)Pensé que fuérades vosla novia del capitán.

Lejos sus intentos van,y estoy confusa, por Dios.Fenisa, aunque estoy corridade haber pensado casarme,no lo estoy de imaginarmede tu verde edad vencida.Discreta eres; procurapersuadirte a lo que ves.

Si a tu edad vence interés,a mi edad vence hermosura.Desobedecerte fueracosa indigna a mi virtud;pero fáltame salud.El término considera,y pídele por un mes,mientras se concierta todo.

Yo lo sabré hacer de modo,que muchas gracias me des.

Llégase BELISA a hablar al CAPITÁN

(Discreta he sido en decirque este casamiento aceto,pues de mi amor el efetopuedo por él conseguir,que si luego le negaray con disgusto se fuera,tarde a mi Lucindo viera,tarde a mi Lucindo hablara.)

El término acepto, y digoque un mes la quiero esperar.Pero déjamela hablar.

(¡Qué notable intento sigo!)

Nunca de esa discreciónen Madrid tan celebrada,salió, mi Fenisa amada,más cuerda resolución.Tu virtud he confirmado;que no apetecer tu edadmuestra bien la calidadde ese pensamiento honrado.Supliré en regalo y galaslos defectos de la edad.

Con tu honor y calidad,señor, mis años igualas.Deja la humildad aquí,pues ya soy tuya.

¿"Soy tuya" dijiste?

Sí. ¿Ya no es suyaquien se ha de llamar de ti?

¡Otro favor! ¡Pesia tal!¡No fuera en Flandes aquestopara que se echara el restocon un festín general!

Suplícoos, por vida mía,la corte no alborotéis.

Haré lo que me mandéis,dulce esposa y prenda mía.

Yo no sabía que era vuestro hijoLucindo, un caballero que solíaentrar en vuestra casa algunas veces.Mi madre me lo dijo cuando en trábades;y pues es vuestro hijo y vos mi esposo.

digo, señor, que importará atajarlela loca pretensión con que me sirve.

¿Mi hijo os sirve?

Si el servirme fueracon la cordura y cortesía lícitano me quejara con melindres vanos.

Pues ¿cómo os sirve?

Con papeles locos,por manos de terceros, que a mi casavienen con mil achaques e invenciones.

Es loco el mozo; perdonadle, os ruego;que yo saldré fiador que no os enojede aquí adelante.

Pues que ya es mi hijo,os suplico, señor, que cuerdamentele digáis que me quejo de este agravio.

Dejadme ese cuidado. El cielo os guarde.

Guárdate el cielo.Se va el CAPITÁN

Gran ventura ha sido,Fenisa, la que el cielo nos ha dado.

¿Estás contenta?

¿No lo ves?

Sospechoque disimulas el pesar que tienes.{{Pt|BELISA:|¿Cómo?

Guárdate el cielo.Se va el CAPITÁN

Gran ventura ha sido,Fenisa, la que el cielo nos ha dado.

¿Estás contenta?

¿No lo ves?

Sospechoque disimulas el pesar que tienes.

¿Cómo?

Porque quisieras tú casarte.

Porque quisieras túcasarte.

TERCERA ESCENA. CALLE

Entran LUCINDO y HERNANDO

¡Ay de mí, Hernando, que quierouna mujer diestra, astuta,de amor vano y lisonjero,despejada y resoluta,y con una almade acero!

Que el amor cause aficiónestá muy puesto en razón;pero que el ser muy queridodescuido engendre y olvido,efectos bastardos son.Sale DORISTEO de casa de GERARDA.Ella se asoma.

Él sale, y ella se ha puesto a la ventana.

Querrá verle galán y dispuesto.

(Lucindo en la calle está).

¡Tantas desdichas! ¿Qué es esto?

(Celoso está; es lo que esperoque por desdenes y olvidosé de lo que un hombre quiero.)

(Yo sé que es aborrecido.)Al ver a Lucindo.

En la industria pone esmero.

(Mas para picarle más,quiero hablar con Doristeo,a quien no quise jamás;que por abreviar rodeo,y por saltar vuelvo atrás).¡Ah, caballero!

¿Es a mí?

No os llamo, señor, a vos.

¿Y a mí, señora?

A vos, sí.

¿No ves aquello?

Por Dios,que es infamia estar aquí.

Buscaremos invenciónpara que entienda que vengoaquí con otra ocasión.

Salir esta noche tengo;acompañarme es razón.

¿Dónde iréis?

Pienso que al Prado.Venid por mí.

Yo vendré.Se va Doristeo.

Ir al Prado han concertado.

Tú fueras mejor, a fe.Tus mismos celos te han dado.

Pues ¡vive Dios, que he de darlecelos, por ver si con celospuedo a quererme obligarle,ya que no quieren los cielosque pueda amando obligarle!

¿Cómo se los piensas dar?

Quiero esta noche llevaral Prado alguna mujer,adonde me pueda verhablar, requebrar y amar.{{Pt|HERNANDO:|Y ¿quién ha de ser?

No sé.

Hallarla será imposible.

No importa. Yo te pondréun manto.

Doña Terribleme podrás llamar.

Sí, haré.

¡Estás loco!

Pues, ¿qué importa?

¿No importa, si topo acasogente de palabras corta?

Saldré yo muy presto al paso.Hernando, la voz reporta.Llega, y habla esa mujer.Pregunta si vio unas damas.

Bien dices, déjame hacer.Pues no agradas, porque amas,celos serán menester.¡Ah, mi señora Gerarda!

¿Eres tú, Hernando?

Yo soy.

Tengo qué hacer.

Oye, aguarda.

¡Por ti en la ventana estoy!

Eres discreta y gallarda...

¿Qué quieres?

Saber querríaen qué casas de éstas vivecierta doña Estefanía,porque un loco no me privede la ración de este día;que me la mandó seguir,y la perdí por mirarte.

¡Oh, qué gracioso fingir!Díle a quien ha osado enviarteque mucho me hace reír.¿De qué se finge valiente,si está, de verme, temblando?Muestre el pulso. ¿A ver la frente?¡Jesús, que se está abrasando!¡Qué temerario accidente!Se vuelve Hernando con Lucindo

Para enviaruna sátira en recetaa esta bruja, o hazle daruna hermosa cantaleta.¡Vive Dios!...

Calla, ignorante.¡Ah, mi bien, ah, mi Gerarda!

¿Llamas?Se va GERARDA

¿Quitaste delante?¿Adónde te vas? Aguarda.Oye la voz de tu amante.

¡Tu padre!

¡Válgame el cielo!Sale el CAPITÁN Bernardo

Todo hoy ando en busca tuya.

Lo que me quieres recelo;que no es mucho que lo arguyade mi inquietud y desvelo.Pero advierte, padre mío,que querer una mujerno es en mi edad desvarío,antes señal de tenergeneroso talle y brío.Si es porque no es muy honrada...

¿Cómo que honrada no es?Lengua en escorpión bañada,¿mereces besar sus pies,ni aun tierra de ellos pisada?

Estoy con enojo agorade mil celos que me ha dado,con un hombre o dos que adora.

¿Qué dices de hombre adorado,y tan principal señora?Pero diráslo por mí,a quien debe de adorar.

¿Que también te quiere a ti?

¿No la merezco agradar?

Sí, señor.

¿Mascas el sí?

Pésame que hables con ella;que es mujer que a veinte trata.

¡Tu lengua pones en ella, porque de celos te mata,siendo tan noble doncella!¡Vive Dios, que si no fuerapor no dejar de casarme,que una estocada te diera!

¿Casarte? Eso sí es matarme.Padre, señor, considera...

¿Qué debo considerar?

Que es una mujer de amores.

Dado me ha qué sospechar...Pero me pones temorespor estorbarme el casar.Se va el CAPITÁN

Rompe esas puertas.

Aguarda.

Sal aquí, infame Gerarda.

Con más tiento; espera un poco.

Sale GERARDA

¿Golpes en mi casa, loco?

¿Qué respeto me acobarda,que no te quito la vida?

¿Daguita? ¡Oh, qué lindo cuento!

¿Tú con mi padre fingida,has tratado casamiento?

La tracilla es escogida.Si para volver acábuscas embustes, Lucindo,ése ¿en qué razón está?

¿Por qué en mirarte me rindo?¿Por qué no te mato ya?¿No viste a mi padre aquí?Pues él me ha dicho, cruel,que para matarme a mí,quieres casarte con él.

¿Yo, que en mi vida le vi?¿Dióte la industria este neciopara tener ocasiónde hablarme?

Menos desprecio;que no es aquesto invención,sino verdad.

¡No hablar recio!

¿Cuándo viste al padre mío?¿Dónde te habló?

¿Qué es aquesto?¿Hay más loco desvarío?

¿Posible es que has descompuestosus canas con ese brío?

¿Qué padre es éste? ¿No adviertesque entiendo tus invenciones?

¡Plegue a Dios tal mal aciertesen casarte, ya que ponesmi vida entre tantas muertes.Adiós, madrastra cruel;que presto, estando con él,te pesará el ver en vanoque te bese yo la mano,y que tú la boca a él.¡Jesús, qué mala elección!

Hernando, ¿es esto de veras,o vuestras quimeras son?

¡Ojalá fueran quimeras!

Ya entiendo vuestra intención.Piquen por hacerme gustoen casa de Estefanía.

Mataréte.

¡Ay Dios, qué susto!Vase GERARDA

Entróse.

¿Cerraste, arpía?¡Mal haya amor tan injusto!Abre esta puerta, mi bien.Acecha por esta llavesi sus criadas se ven.

¡Qué bien engañarte sabe!

Matarme sabe también.

Sale el CAPITÁN

¿Estáste aquí todavía?

Pues ¿eso, señor, te espanta?Si con la mujer que adoroen esos años te casas.

Pienso que te has vuelto loco.Dijísteme mil infamiasde aquel ángel de Fenisa,hija de Belisa honrada.Yo tengo mujer más nobleque tu madre.

¿De quién hablas?

De Fenisa.

Pues, señor,Fenisa es doncella, y basta;Que la que yo te decía,es Gerarda, cortesana,que vive en este balcón.

¿Qué tiene que ver Gerardacon Fenisa?

Yo, señor,en aquesta calle estabacuando me reprehendistede que amaba aquella dama.

Otro enredo habrás pensadocon aquella buena carade tu criado.

¿Yo enredo?Siempre piensas que te engañan;propia condición de viejos.

Niega, Lucindo, que amasa Fenisa.

¿Yo, señor?

¿Luego tampoco la cansascon papeles y alcahuetas?Pues en esto punto acabade decirme que anteanoche,por aquella reja baja,enfrente de tu aposento,muy tierno llegaste a hablarla.

¿Yo papeles? ¿Yo alcahuetas?¿Yo por reja ni ventanas?Hernando,...

¡Qué buen testigo!Falsos ojos, lengua falsa,falsa la cara y la boca,falso el pecho y falsa el alma.

Escúchame.

¿Para qué?

Escúchame una palabra.

¿Qué palabra?

Que le digasque si ha de ser mi madrastra,no comience antes de serlo,pues aun agora lo tratas,a hacerme tan malas obras.

Quita, necio.

Advierte.

¡Guarda!Vase el CAPITÁN

¿Qué es esto, triste de mí?¿Testimonios me levantaantes que su rostro vea?

¿No es aquésta aquella damaque te miró tiernamentecuando el lienzo de las randas?

La misma.

Pues que me matensi no es enredo que traza.Yo leí cuatro renglonesen sus ojos, de una carta,que al darte el lienzo escribióa tu ausente pecho y alma.Dejóle caer adrede,si la vista no me engaña,y lo que a tu padre dicede que la escribes y cansas,es decirte que la escribas,y que por las rejas bajasvengas a hablarla de noche.

Cosas me dices extrañas.

¿Qué se pierde en que las pruebes?

No se pierde, Hernando, nada;que esa doncella podría,despicarme de Gerarda.Vámosla a hablar esta noche;

Mucho importa enamoralla,así por dejar del todoesta fementida ingrata,como porque nos perdemossi el viejo otra vez se casa.Y si se quiere casar,¿qué cosa mas acertadaque con Belisa, su madre.

Pues con discreción tan altasupo engañar a dos viejosde edad y experiencia tanta,y enamorada de quienapenas le vio la cara,ha dicho su entendimiento,y se le ha entendido el alma,bien la podemos llamarla discreta enamorada.

Se van

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