La discreta enamorada — Acto II
Notable frescura.
Extraña.
Mucho de sus fuentes gusto.
No hay sitio de tanto gusto,Gerarda bella, en España.
¡Qué lindas tazas!
Famosas.
Con perlas brindando están.
¡Qué liberales que dansus aguas claras y hermosas!¿Haste holgado de venir?
Basta venir a tu lado.
Sentémonos.
Todo es Prado.
Así se suele decir.¿Templaron vuesas mercedes?
La prima se me bajó.
Subirla.
Eso digo yo.
¿Comienzo?
Empezar puedes.
¿Qué diremos?
La de Lope,por vida del buen Liseo.
¿La del suspiro y deseo?
A fe, que hay bien donde tope.
"Cuando tan hermosa os miro,de amor suspiro,y cuando no os veo,suspira por mí el deseo.Cuando mis ojos os ven,van a gozar tanto bien;mas como por su desdénde los vuestros me retiro,de amor suspiro;y cuando no os veosuspira por mí el deseo."
Dijeron que llevaríanquien cantase.
Ellos serán,pues aquí cantando están.
Ni cantan mal ni porfían.
Cesaron, como las avesluego que alguno se acerca.
Llega y míralos más cerca.
¡Plegue a Dios, señor, que acabesde ser necio!
Si no es horapara hablar con mi Fenisa,¿que importa, pues todo es risa?
Celos ríen, y amor llora.Yo paso a lo caballeropor delante; espera aquí.
Yo aguardo.
¿Qué mira ansíeste necio majadero?
Algo debe de buscarque de casa se le fue.
Canta solo.
Cantaré.
Sí, pero no has de templar.
En la voz la conocí.
Luego ¿es Gerarda?
Sin duda.
¡Ay!
¿Es menester ayuda?
Y el otro ¿es su galán?
Sí.
¡Triste de mí!
¿Qué tenemos?¿Date por ventura el parto?
Mientras más de ti me aparto,más me acerco.
Sin extremos;que te podrá conocer.
¿Está en su regazo?
¡Y cómo!
Celos por los ojos tomo,y el alma comienza a arder,¡oh, veneno, que desalmasla vida con tus enojos,siendo la copa los ojosdonde le beben las almas!¡Nunca yo viniera acá!
Vámonos de aquí, señor,¿no es aquel ángel mejor,que esperándonos está?
¿Cuál ángel?
Fenisa bella.
No estoy para hablar agoracon ángeles.
Si te adora,¿no será justo querella?
Ésa peligro no corre;que como es amor primero,estará como otra Hero,aguardándome en la torre;pero ésta que está en los brazosde este venturoso amante,si me descuido un instante,haráme el alma pedazos.¿Traes el manto?
¿Pues no?
Póntele.
Gran mal recelo.
Haz saya del herreruelo.
¡Yo mujer! ¡Tu dama yo!
A esos árboles te ve,y de mujer te disfraza.
Voy; mas temo que esta traza...Ve, majadero.
Yo iré;mas defenderme te toca,y si hacerlo no quisieres,no te espantes si me vierescon la barriga a la boca.
¡Qué mal se cura amor con invenciones!¡Qué vano error sobresanar la herida,si en las muertas cenizas escondida,la viva lumbre el corazón le pones!Celos, desdenes, iras, sinrazonestienen el alma alguna vez dormida;mas ¿qué letargo habrá que no despidala fuerza de celosas prevenciones?¡Oh celos!, con razón os han llamadomosquitos del amor, de amor desvelos.El humo de su fuego os ha engendrado.¿Qué importa que se duerma en hombre-¡Oh cielos!-de pesadumbres del amor cansado,si con sus voces le despiertan celos?
¿Vengo bien?
Vienes tan bien,que espero que bien me vaya.
¿Qué te parece la saya?
Muy bien.
¿Y el manto?
También.
¿No voy muy apetecible?
Vamos.
¿Llevo malos bajos?
Llega.
En notables trabajosme pone tu amor terrible.
Un galán con cierta damahacia donde estamos viene.
¡Gentil brío y arte tiene!A fe que es ropa de fama.
¿Cómo?
Dióme el buen olor.
Tomó pastilla al salir.
Pastilla y Prado es decirque es dama...
¿De qué?
De amor.
A tu lado toma asiento.
¡Qué de golpe se ha asentado!
Debe de tener pesadolo que es el quinto elemento.
Bella doña Estefanía,¿qué os parece esta frescura?
Fue mucha descomposturavenir aquí sin mi tía;pero el mucho amor que os tengoa más me puede obligar.
Señores, ¿quieren cantar?
¿Déjanlo porque yo vengo?
(Lucindo es éste. ¡Ay de mí! (-Aparte-)Verdad sin duda seríaque aquella dama queríapor quien preguntar le vi.Celos que pensé fingidosme han salido verdaderos.¡Ay, amores lisonjeros,de engaño y traición vestidos!Entendido me ha la letra,herido me ha por el filo,vengóse del mismo estilo.)
Ya se altera e inquieta.¿Qué te parece el jarabe?
Que hace su operación.
(¡Qué bien sabe dar pasión! (-Aparte-)¡Qué mal el tomarla sabe!)Por vida de Doristeo,que un poco de agua traigáis.
Y traeré con qué bebáis;que regalaros deseo.Entreteneos aquímientras voy por colación.
Que vais solo no es razón.
¿Acompañaréle?
Sí;que aquí quedan los amigos.
Pues vamos.
Venid.
Adiós.
(Muérome porque las dos (-Aparte-)quedásemos sin testigos).
¿Queréis que cantemos?
No.Antes merced recibieraen quedar sola.
Algo espera.
Lindamente nos echó.
Pues no estorbemos, Liseo.
Fabio, venid por aquí.
¡Ah, mi señora!
¿Es a mí?
Veros y hablaros deseo.
¡Verme y hablarme! ¿Por qué?
Porque soy vuestra vecina.
¡Jesús, qué extraña mohina!
¿De esto sólo os enfadó?
Hace notable calor;vamos, Lucindo, de aquí.
Mi bien, enfaldarse ansíparece mucho rigor.Descubríos a esa dama,pues Dios os dio tal belleza,y esa hermosa gentilezatiene en la corte fama.Descubrid los ojos bellos;den envidia y den amor.
No estoy agora de humor,ni está enjuto el llanto en ellos;que los traéis hechos marde celos de esa Gerarda,que me dicen que es gallarda.
¿Gerarda os lo puede dar?No sé de qué los tenéis.¡Plegue a Dios que si la quiero,que para el mal de que mueronunca remedio me deis!¡Plegue a Dios que si la estimo,nunca merezca estos brazos,ni a mis amorosos lazosden vuestros muros arrimo!¡Plegue a Dios que si la amare,nunca mi ventura pocagoce de esa dulce boca,ni por mi bien se declare!¡Plegue a Dios que si la viere,jamás me vea con vos,ni nos casemos los dos!
(¿Que esto sufra? ¿Que esto espere?) (-Aparte-)
¡Ay Dios!, ¡qué de maldiciones!
(Todas vengan sobre mí, (-Aparte-)si más te sufriere aquí,traidor, tantas sinrazones).
Dícenme que vais allá,y estoy muy descolorida.
Pues tomad color, mi vida;que a vos os adoro ya.
No será, infame, en mis días.
Embiste GERARDA a HERNANDO
¿Cómo ansí te has descompuesto?
¡A Estefanía! ¿Qué es esto?
Y a cuarenta Estefanías.
Déjala, Gerarda.
¡Ay, cielo!¡A una mujer como yo!
Matarla tengo.
Eso no.Huye.
Mi muerte recelo.Vase HERNANDO huyendo
¿Qué mujer es ésta, perro?
Una mujer que me adora,y eso que tú has hecho agoraha sido un notable yerro;que es señora principal,y te ha de costar la vida.
¿Puede ser ya más perdida,que viéndome en tanto mal?Déjame pasar.
Detente;que a quien me aborrece a mí,nunca licencia le dide hablarme tan libremente.
¿Yo te aborrezco, mi bien?
¿Tu bien soy?
¡Ay, prenda mía!Cuanto te dije fingía,y cuanto hablaba también.Aborezco a Doristeo;sólo te adoro, Lucindo;de nuevo el alma te rindo.
¡Cielos! ¿Qué es esto que veo?
En prenda de que tú eresmi verdad, vente conmigo.
Mucho os alienta el castigo;como bestias sois, mujeres.Ahora bien, ya se acabó,yo adoro a Estefanía.
¿Por qué me dejas, luz mía?
Porque tu noche llegó.
Ven conmigo hasta mi casa.
No hay remedio.
¡Que esto veo!
Presto vendrá Doristeo,que es el que agora te abrasa.
De rodillas, mi señor,que vayas quiero pedirte,porque allá quiero decirtelas causa de este rigor.Celos, por tu vida, han sido.No seas tirano, ven;ven, Lucindo; ven mi bien.
En efeto, ¿me has querido?
Siempre te quise, mis ojos.
Saca LUCINDO la daga
Yo haré que sangre te cueste.Sale HERNANDO, ya en su traje
¿Qué sacrificio es aquéste?
El haberme dado enojos.
(Si Lucindo quiere hacer (-Aparte-)una venganza gallarda,y Gerarda el golpe aguarda,el ángel vengo yo a ser).¿Qué es esto, señor?
¡Oh, Hernando!Seas mil veces bien venido.
Dos horas ando perdido,todo este Prado buscando;que en casa han echado menosa esta dama.
Otra sería.
¿Luego no es Estefanía?
Ha habido rayos y truenos.
¿Es Gerarda?
¿No lo ves?
Déjala, ¡triste de mí!Que te ponen culpa a ti.
Gerarda, hablemos después.
Oye.
No hay remedio.
Aguarda.
Grande valor has tenido.
El saber que soy queridome ha despicado, Gerarda.Vanse LUCINDO y HERNANDO.Salen DORISTEO y FINARDO
Desgracia ha sido, por Dios,el no haber ya tienda abierta.
Quebrada queda una puerta.
Cansado os habéis los dos.
¿Sola estabas?
Sola estaba.
¿Los músicos...?
Libres son.
¡Que no hubiese colación!¡Y en el verano se alabaMadrid, para quien trasnochesin cotas ni sin broqueles,que tiene nieve y pasteles,vino y dulce a medianoche!
Tarde llegará el favor;que no estoy buena.
Sospechoque este fresco mal te ha hecho.
Más me ha dañado el calor.
¿Entiendes de estrellas?
Séque el Carro ha de estar allípara amanecer.
¡Ah! Sí.Pues ya muy alto se ve.Vamos, y descansarás.¿Qué amigos!
Pocos hay buenos.
(Cuando tú me quieres menos, (-Aparte-)Lucindo, te quiero más).Vanse todos.Salen LUCINDO y HERNANDO
Tan consolado vienes, que presumoque no te acuerdas ya de aquella loca.
No lo digas de burlas.
¿Quién ha hechomilagro tan notable en tu sentido?
La confianza de que soy querido.¡Bendiga el cielo la invención, la traza,la hora, el movimiento, el manto, el Prado,los celos, los disgustos!
¿Y no dicesque bendiga también a Estefanía?Pues en verdad, que aún traigo las señalesde algunos mojicones de Gerarda.
La ventana han abierto; espera, aguarda.
Sale FENISA a la ventana
¡Ah, caballero!
¿Quién llama?
Llegad quedo. Una mujer.
Fenisa debe de ser,que habrá dejado la cama.
Vuestro nombre me decid,antes que os empiece a hablar.
Mira no echemos azar.
Todos duermen en Madrid,hasta el viejo Arias Gonzalo.
Lucindo, señora soy,que de vos quejoso estoy,si esta queja no es regalo.¿Sabéis que del capitánBernardo soy hijo?
Sí.
¿Sabéis que en mi vida os vi?¿Cómo soy vuestro galán?¿Yo, Fenisa, os solicito?¿Yo os escribo mil papeles?¿Yo a estas rejas y vergelesla casta defensa os quito?¿Yo os desvelo con paseosy terceras os envío?
No os enfaden, señor mío,mis amorosos rodeos.Ni me habéis solicitado,ni habéis cansado mis rejas,ni son verdades mis quejas,supuesto que me he quejado.Jamás escrito me habéis,ni por vos nadie me habló;en lo que esto se fundó,pues venís, vos lo entendéis.No halló mi recogimientocómo decir mi pasión;amor me dio la invención,y vos el atrevimiento.Vuestro padre me ha pedido;mas yo nací para vos,si algún día quiere Diosque os merezca por marido.Y el hacerle mi tercerono os parezca desatino;que es cuerdo, viejo y vecino,y os quiero como yo os quiero.Este camino busquépara que sepáis mi amor;sólo os suplico, señor,que agradezcáis tanta fe.Y si mi hacienda y mi talle,puesto que más merecéis,os obligaren...
No echéismás favores en la calle.Sembrarla de almas quisieraen esta buena fortuna,porque palabra ningunamenos que en alma cayera.A mi ventura agradezcosaber, mi bien, que os agrado;que bien sé que no he llegadoa pensar que lo merezco.El día, mi bien, que os vide aquel santo jubileo,despertasteis el deseo;nunca más con él dormí.Mi poco merecimientoque entendiese me impedíalo que mi padre decía,y era justo pensamiento;mas viéndole porfiar,vine a ver lo que ya veo.
Conocéis mi buen deseo.
El conocerle es pagar;que tras el conocimientode una deuda, pagar sobra.Pero si se pone en obrade mi padre el casamiento,¿qué tal vendré yo a quedar?
No creáis que ellos lo puedan;que los dos que los heredanson los que se han de casar.Mal conocéis lo sutilde una rendida mujer.
Discreta debéis de sery de ánimo varonil.Bien se ha visto en la invención.
Pues hasta agora no es nada.
La discreta enamoradallamaros será razón.
Perdóneme vuestro padre;que de él me pienso valer,para daros a entenderlo que no quiere mi madre.Cuánto deciros quisiere,será quejarme de vos,y verémonos los dospor donde posible fuere.Cuando os riña, estad atento;que son recaudos que os doy.
Digo, señora que estoyen el mismo pensamiento.
Así sabréis lo que pasade esta puerta adentro vos,casándonos a los doscuando él piensa que se casa;que ya estaremos casadosel día que se descubra.
Quiera el amor que se encubrael fin de nuestros cuidados.Y dad orden como os vea,pues no os falta discreción.
He pensado otra invenciónpara que el remedio sea;y es que diré a vuestro padreque os envíe a que toméismi bendición, y vendréissin que se enoje mi madre.Pero tratadme verdado desengañadme aquí.
El alma, señora, os dipor fe de mi voluntad.Preguntadle allá si os quiero.
Señor, advertid que al albahacen las calandrias salva,y está muy alto el lucero.En cas de este mercaderuna codorniz cantó,con que a tu amor avisóde que quiere amanecer.
Vete, mi amor, que amanece;no me eche menos mi madre.
Pide licencia a mi padrepara verte.
La luz crece.
Dame alguna prenda tuyacon que me vaya a acostar.
A mí me quisiera dar.
Dile, señor, que concluye.FENISA le echa un listón
Truécame esa cinta.
¿A qué?
A deseos.
¡Bueno está!
Todos los tienes allá.
Adiós.Vase FENISA
¿Fuése?
Ya se fue.
¡Gran ventura!
Di que estásenamorado.
¿Pues no?
¿Y Gerarda?
Ya pasó.
¿Cómo?
Lo que oyendo estás.Es bella, es noble, es gallarda.
¡Brava cólera española!
Más precio esta cinta solaque mil almas de Gerarda.
Vanse LUCINDO y HERNANDO.
Salen DORISTEO y GERARDA
¿Para qué es tanto desdén,sino decirme verdad?Hombre soy, y hombre de bien.Háblame con libertad.¿Quieres a Lucindo bien?
Pensé que no le quería,y anoche...
Pasa adelante.
Quiso la desdicha míaque fuese un desdén bastantea encender nieve tan fría.¿No viste aquella mujerque se sentó junto a mí?
Lucindo debió de serel que la trujo.
Es ansí.
Eso me basta saber.¡Ay, Gerarda, cuánto puedenunos celos!
Muerta estoy.En fuerza al amor exceden;no hay desdén, mi fe te doy,de que triunfando no queden.Estudiado parecíalo que Lucindo decía,y lo que ella preguntaba;supe al fin que se llamabaesta dama Estefanía,y que es mujer principal;que un criado, a un rayo igual,vino a decir que en su casala echaron menos.
¡Que pasapor mí una desdicha igual!Pero es dicha. ¿Cómo dicesque esa dama se llamaba?
¿Hay de qué te escandalices?
Pensando en el nombre estabade esa mujer que maldices.
Estefanía decía.
¿Estefanía?
Esto pasa.
¡Buena venganza seríasi porque he entrado en tu casa,diese Lucindo en la mía!
¿Cómo?
Una hermana que tengoEstefanía se llama.
¡Ella es!
¿Cómo detengola defensa de mi fama,y del traidor no me vengo?
Él la sirve, porque un díadijo que se vengaríade este agravio.
Y lo cumplió;porque anoche me contóque fue al Prado Estefanía.Alto, mi honor es perdido.Vete en buen hora, Gerarda...
Más que quisiera he sabido.
Que si mi deshonra aguarda,hoy ha de ser su marido.
¡Su marido! Mayor dañoes el que me viene agora.
Pues ¿hay otro desengaño?
¡Bien vivirá quien le adora,si le casas!
(¡Caso extraño!) (-Aparte-)Pues ¿puede ser de otra suerte?
Dame primero la muerte.
Vete de aquí.
¡Nunca hablara!Vase GERARDA
¡Con mi hermana! ¿Quién pensarauna venganza tan fuerte?Buscar a Finardo quiero,para que a Lucindo saquedonde, pues es caballero,o saquemos el acero,o casándose me aplaque.Hoy muere si no se casa.¡Oh vil hermana! ¿Esto pasa?Mas, justa ley me condena;que no anda bien en la ajenaquien ha de guardar su casa.
Vase DORISTEO.
Salen BELISA, el CAPITÁN,FENISA, y FULMINATO
Haced aqueste placer,para mayor regocijo;que vea yo vuestro hijo,pues su madre vengo a ser.
Digo que tenéis razón.
Pues todo queda tan llano,venga a besarme la manoy a tomar mi bendición.
Ya sois dueño de esta casa;venga vuestro hijo acá.
Digo que a veros vendrá;que ya sabe lo que pasa.¡Fulminato!
¿Señor?
Corre,llama al alférez, mi hijo.
¡Voy!Vase FULMINATO
(Que le llamasen dijo. (-Aparte-)todo el cielo me socorre.Hoy te verán estos ojosen esta casa, mi bien).
(Aunque le muestre desdén, (-Aparte-)me ha dado el llamarle enojos.Es galán, mozo y discreto,y dirá acaso entre síque no le caso, y que a míme caso, viejo en efeto.¿Quién duda que le parezcamejor, y que le dé penaver que a mi edad se condenadonde sin gusto padezca?Fuera de eso, es mal consejoque venir aquí le mande;que a vista de un hijo grandeparece un hombre más viejo.Ya comienzo a estar celoso;no entrará otra vez acá).Salen LUCINDO y FULMINATO
Aquí el alférez está.
(¡Cielos, que fui tan dichoso! (-Aparte-)Aquí mis ojos están).¿Señor?
(De enojo estoy lleno). (-Aparte-)Para danzar eras bueno.
¿Cómo?
Eres cierto y galán.
¿No me mandaste venir?
Besa la mano a tu madre.
Yo voy.
¡Qué presto!...
Mi padre...
(Ya me comienzo a reír). (-Aparte-)
...como a madre, que sois mía,me manda, ¡oh bien soberano!,que os bese esa hermosa mano.
¡Qué superflua cortesía!La mano basta decir;¿para que es decir hermosa?
Quiere mi boca dichosaeste epiteto añadir.
Hablan ansí los discretos.
¿De eso recibís disgusto?
Levántate; que no gustoque beses con epitetos.
Dejadle, no seáis extraño;bese la mano a su madre.
Señor, siendo vos mi padre,no resulta en vuestro daño.
No me llames padre aquí.
Llamo madre a una señoratan moza, y ¡a vos agoraos pesa que os llame ansí?
Adonde la edad no sobre,padre, dulces letras son.Mas a un viejo, no es razón,no siendo ermitaño o pobre.Acaba, besa la mano.
(¡Que me veo en tanto bien!) (-Aparte-)
Dadme esa mano, por quiende mano esta suerte gano.Dice LUCINDO aparte a ellaTen, mi vida, este papel.Métele un papel en la mano
Ya le tengo.
Y dadme aquívuestra bendición; que en mítendréis un hijo fiel.
¡Hijo fiel! Mas ¿qué quiere?¿Comprar algún regimiento?
(¡Qué gloria en los labios siento!) (-Aparte-)
Dios te bendiga y prospere.Dios te dé mujer que seatal como la has menester;en efeto, venga a sercomo tu madre desea.Dios te dé lo que a este puntotienes en el corazón;quien te da su bendición,todo el bien te diera junto.Dios te haga, y sí serás,tan obediente a mi gusto,que jamás me des disgusto,y que a nadie quieras más.Dios te haga tan modesto,que queriendo estos envites,a tu señor padre quitesesta pesadumbre presto.Y te dé tanto sentidoen querer y obedecer,que te pueda yo tener,como en lugar de marido.
¿Qué libro matrimonialte enseñó estas bendiciones?Acaba, abrevia razones.
(Celos tiene). (-Aparte-)
(¿Hay cosa igual?) (-Aparte-)
Una palabra, madre de mis ojos.
Hablan aparte FENISA con BELISA,y el CAPITÁN con LUCINDO
¿Qué quieres?
¿Ves este papel?
Sí, veo.
Pues es memoria de vestidos míos,que el capitán me ha dado; yo querríaleerle, y no quisiera que él lo viese,porque no me tuviese por tan locaque pensase que estimo en más las galasque no el marido; por tu vida, madreque le entretengas.
Que me place.
(¡Ay cielo!) (-Aparte-)¡Qué industria hallé para leer agorael papel que me dio Lucindo, al tiempoque me besó la mano, por si es cosaque importa darle luego la respuesta!Habla BELISA al CAPITÁN
Escuchadme a esta parte dos palabras.
Lee FENISA
"Mi bien, mi padre tiene concertado,de celos de que has dicho que te quiero,enviarme a Portugal; remedia, amores,esta locura, o cuéntame por muerto;esto escribí, sabiendo que veníaa besarte la mano; a Dios te queday quiera Él mismo que gozarte pueda."(¿Hay desdicha semejante? (-Aparte-)¿Hay celos con tal locura?Así Dios me dé ventura,que he de hablarle aquí delante).Lucindo, el papel leí.No me haga el cielo este mal,que vayas a Portugal,ni que una hora estés sin mí;y si dicen que mejorvive en él su desvarío,vive en mí, Lucindo mío,que soy Portugal de amor.
¡Ay Dios! ¡Quién pudiera hablarte!¡Quién abrazarte pudiera!
Yo sabré hacer de maneraque me abraces.
¿En qué parte?
Fingir quiero que caí;tú me irás a levantar,y me podrás abrazar.
Tropieza.
Caigo. ¡Ay de mí!Cae FENISA;LUCINDO la abraza para levantarla
¿Qué es aquesto?
Tropezómi señora madre aquí,y yo levántola ansí.
Y levántola ansí yo.Salte de aquí noramala.
Pues cayendo, ¿es cortesía?...
¿Haste hecho mal hija mía?
Despeja luego la sala.
Yo me iré.
Vete al momento.
¿Ansí me arrojas?
¡Camina!
(¡Ay mi Fenisa divina! (-Aparte-)¡Ay divino entendimiento!¡Ay discreción extremada!Por vos se puede entenderlo que puede una mujerdiscreta y enamorada).
No tengo mal ninguno, por tu vida.
¡Así lo creo yo!
¿Fuése mi hijo?
Tu hijo se fue ya.
Mil males tengo.
¿Quieres verle?Beatriz, ¡hola, ven presto!
No quiero, por tu vida.
Aquel groserodebió de daros causa a la caída.No ha de estar en mi casa un punto solo,ni entrar en ésta mientras tengo vida.
¡Qué poco amor tenéis a vuestro hijo!Que os prometo que es gentil mancebo,y que lo miro yo con tales ojos,que si en mis mocedades me cogiera,holgara de tenerle por marido.
(Asíte la Ocasión por el copete). (-Aparte-)
¿Este loco os agrada?
Escucha madre.
Como sois capitan, la casa es guerra.¡Todo es escucha!
Tal me la dan celos.Habla FENISA aparte a su madre
El papel que te dije, no es vestidos,ni me le dio Bernardo.
¿Qué me cuentas?
Lucindo me le dio.
Pues ¿qué te escribe?
Una cosa que a risa ha de moverte.
No me tengas suspensa.
Al fin, me diceque se quiere casar.
¿Con quién?
Contigo.
¡Conmigo! ¿Qué me cuentas?
Lo que pasa.Dice que le pareces en extremo,y que esa gravedad, esa cordurale agrada más que yo a su padre agrado.Dice más que con este casamientose juntan las haciendas, de maneraque los hijos de entrambos quedan ricos.Si supieras leer, mil cosas vieras;mas dice que le pidas que no trateenviarlo a Portugal, que antes le mate.
¿Qué es ir a Portugal? Hija, las hijascuerdas y honradas, todo el gusto suyoponen en sólo dársele a sus padres;ya sabes que soy moza, y que en efetoestaré más honrada con marido,y marido que así te logres hija,que me lleva los ojos en mirándole.¡Qué cortés,! ¡Qué galán!¡Qué lindo talle!
Si esto pasa, ¿qué hará quien mandar puede?
¿Qué dices?
Que le estorbes la partida.
¡Partida! ¿Qué partida? Haz que esta nocheme venga a hablar Lucindo de secreto.
Vete, y déjame hablar con mi marido.
(¡Que me cogió a descuido! Mas no importa;ponerme quiero menos largas tocas;consultaré el espejo. ¡Ay mi Lucindo!Si tú me quieres, cuánto soy te rindo).Vase BELISA
Milagro, Fenisa fuedejarnos solos Belisa;y pues que nadie nos ve,dame, gallarda Fenisa,tus manos.
¡Bien por mi fe!Mucho os preciáis de galán.
Si celos enojos dan,dame la mano de amigos.
No me atrevo sin testigos.
Presentes, señora, estánCelos, Amor y Deseo.
Con justos celos, señor,de vuestro Lucindo os veo.
¿Prosigue en tenerte amor?
Y aun me cansa.
Yo lo creo.
Anoche sentí rüidoa la reja, y dióme un miedo,que me privó de sentido.Levántome como puedo,sin luz no acierto el vestido,topo el manteo en efeto,salgo a la reja, y en ella...¿De qué estás tan inquieto?
Es cólera, esposa bella,de ese rapaz indiscreto.
Y entre la reja y ventanahallo en lo hueco un papel.
Eso ya es cosa inhumana.Hoy seré un león con él.
Ser padre os dará cuartana.Sosegaos.
No puede ser.Yo le tengo de buscar.
Vase el CAPITÁN
¡Qué bien le he dado a entenderdónde el papel ha de hallar!Que le quiero responder,para que quede advertidoque con mi madre he trazadoque diga que es su marido,para que quede estorbadoel camino prevenido.Que mi madre hará por élque se impida la tormentade esta partida cruel;porque si mi bien se ausenta,todo se pierde con él.Vase FENISA.Salen LUCINDO y HERNANDO
¿Que todo eso ha pasado?
Si me vierasde rodillas, Hernando, a mi Fenisa,que era imagen bellísima dijeras.
No lo dudes, muriérame de risa.
Si a Tántalo en el agua consideras,verás que ya le tengo por divisa;porque si aquél ni fruta ni agua toca,yo vi su boca y no llegué a su boca.
¿No te bastó la mano?
Templó el fuegoarrimando la nieve de su mano,porque salió a la boca el alma luego,hecha un volcán de amor, por agua en vano.¿Qué me dirás cuando a la boca llego?
¿Mordístela?
No sé; ¿mármol indiano,cristal de roca, quieres que mordiese?¿No basta, si es imagen, que la bese?...................... [--ones]......................... [--ase]......................... [--ones].
¡Tu padre!
Calla, y déjale que pase.Sale el CAPITÁN
¡Qué cabizbajo en viéndome te pones!¡Como si no me vieses!
Si pensaseque contigo ese crédito tenía,no a Portugal, hasta el Japón me iría.
Pues no te admires; que peor le tienes.¿No te avisé que es mi mujer Fenisa?
¿No me mandaste tú que le besasela mano como a madre? ¿Es por venturaporque llamé su blanca mano hermosa?
¡Hermosa entonces, y ahora hermosa y blanca!¡Qué lindo bellacón te vas haciendo!
Cosas te enfadan de tan poco tomo,¡que es ponerte a la sombra de un cabello!¡Válgame Dios! ¿En qué te ofendo tanto?
¿No es nada, si Fenisa me ha contadoque anoche hiciste en su ventana rüido,y que entre el suelo de ella y de la rejale pusiste un papel?
¿Yo?
Tú, villano.
Pues di que te le dé; que si mi letratuviere ese papel...
Detente un poco;que si es ajena, mayor mal sería.
Hernando.
¿Señor?
¿Oyes?
Ya lo entiendo.Sin duda que papel quiere escribirte,y que te avisa que a buscarle vayasentre la reja y la ventana.
Escucha,que pasa alguna gente, y no querríase dijese en Madrid mi casamiento.
Hablan bajo.
Salen DORISTEO y FINARDO
Hablando está con su padre.
Pues apártale, que importa.Habla DORISTEO a LUCINDO
Una palabra os quisiera.
Estoy con mi padre agora;pero sepamos lo que esbuscarme con tanta cólera.Habla LUCINDO a su padre yapártase a hablar con ellosque después habrá lugarde responderos a solas.
¿Qué quieren éstos, Hernando?
Amigos son.
¿Serán cosasdel juego?
Así lo sospecho.
Nunca de él resultan pocas.
Sin tener obligación,ni conoceros --que sobrapara no guardar la caraque un hidalgo no os conozca--puse en Gerarda los ojos.
Si es ésa la queja sola,yo os doy desde aquí a Gerarda.
No es ésa.
Pues ¿cómo? ¿Hay otra?
Otra tan grande, que creoque sólo el ver me reportaaquí vuestro anciano padre.
Engaños son de esa loca.
Vos, de picado de verque a vuestro amor me anteponga,habéis pensado vengarosquitánodme a mí la honra.Servido habéis a mi hermana;y ella, mal sabia y bien moza,fue anoche con vos al Prado.
¡Extraña invención de historia!Ni conozco a vuestra hermana,ni trato vuestra deshonra,ni sé, por Dios, vuestra casa.
La tercera es sospechosa.¡Vive Dios, que os ha engañado!
¿Cómo engañado, si nombraa Estefanía, mi hermana,de un indiano muerto esposa?
Ya entiendo todo el engaño.La dama, señor, fue otra,con quien me pienso casar;que porque aquesta celosapor el nombre no supiesequién era ante de las bodas,la puse el nombre primeroque me vino a la memoria;que lo mismo fuera Inés,Francisca, Juana o Antonia.Esto es la verdad, por Dios.
Pues siendo verdad notoria,para satisfacción mía,aunque decirlo vos sobra,holgaré que me digáisel nombre de esa señora.
Porque habéis de ver muy prestoque conmigo se desposa,Fenisa, señor, se llama.Ésta quiero, ella me adora;la calle de los Jardineses la esfera donde posa,y yo soy vecino suyo.Recelo mi padre toma,y yo querría dejarle;dadme licencia.
Estas cosashace el honor. Perdonad.Mil años gocéis la novia.
Vase LUCINDO
¿Dónde va aquél?
No sé.
¿Si es desafío?
Habla a esos hombres.
¡Ah, señores! Creo,si no me engaña de mi sangre el brío,que de reñir los dos tenéis deseo.Sabed que aquel hidalgo es hijo mío;y pues va solo, y dos con armas veo,yo iré con él, y dos a dos podremosprobar los corazones que tenemos.Soldados fuimos ya los dos en Flandes;fui capitán, y él fue mi alférez. Vamos.
Los dos irán a que servir los mandes;que es bien que de soldados te sirvamos.De hoy más serán, señor, amigos grandes;que aunque por unos celos le buscamos,él nos aseguró que no servíala dama que este hidalgo presumía.Ya sabemos quién es a quien paseay Fenisa nos dijo que se llama.
¿Cómo? ¡Fenisa!
En fin, cómo deseacasarse, y que a ésta sola adora y ama.
(Antes su muerte a vuestras plantas vea). (-Aparte-)
¿Mandáisnos otra cosa?
Que esa damatengáis por mujer mía; que no suya.
El cobarde mintió.
La culpa es tuya.
¡Vive el cielo, que sirve a Estefanía!
Disimula y busquémosle.
El soldadose fue de aquí de pura cobardía.
¡Qué éste es hijo de un padre tan honrado!Vanse DORISTEO y FINARDO
¡Que sirva este traidor la esposa mía,con quien casarme tengo concertado,y que se alabe que ha de ser sus esposa!
¿Posible es que lo dijo? ¡Extraña cosa!
Alto; ponle su ropa en la maleta.No ha de quedar aquí ni sólo un día;camine a Portugal.
(No fue discreta (-Aparte-)la industria de Lucindo).
¿Hay tal porfía?De noche por las rejas la inquieta;besó su mano, y dijo: "madre mía,"y quizá dijo "esposa" entre los labios.No se pueden sufrir tantos agravios.Notifícale luego la partida,cálzate botas.
¿Cásaste primero?
No quiero dar lugar a que lo impida;que sirva al rey, y no a Fenisa, quiero.No ha de entrar en Madrid más en mi vida.
Que templarás aquese enojo espero.
Daréte, vive Dios, con la de Juanes.¡Oh, qué lindo soy yo para truhanes!
Vanse los dos
FIN DEL ACTO SEGUNDO
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