La discreta enamorada — Acto III

¿Que mi padre les contóque era su esposa y no mía?

¿Que siendo yo Estefanía,ande con estos cuentos yo?

El nombre ha dado a entenderque es su hermana a Doristeo.

Tan ciego a tu padre veo,que te ha de echar a perder.Pienso que van a buscarte;que de Fenisa el amor,dirán que ha sido temory término de escaparte.¿Para qué se lo decías?

Para asegurar un hombre,no entendiendo que aquel nombrese le acordara en sus días.

¿Piensas ir a Portugal?

¿Cómo, si mi bien me avisade que su madre, Belisa,ha de remediar mi mal?

¿Fuiste a la reja?

¿Pues no?

Y ¿hallaste el papel?

Estabadonde a mi padre avisaba,cuando a mi padre engañó.Halléle al fin en la reja,leíle, y dice que luegome finja de amores ciegode su madre.

¿De la vieja?

De la misma.

¡Extraño caso!

Pues más me ha mandado hacer.

¿Y es?

Pedirla por mujer.

¿Por mujer?

Habla más paso;que ya ha de salir al balcón,y acaso te puede oír.

Sólo pudiera impedirtu partida esta invención.¡Discreta mujer!

Notable.

¿Y piensas con ella hablar?

Tú has de estar en mi lugar,para que contigo hable.Fíngete Lucindo, y yo,mientras hablas a Belisa,estaré con mi Fenisa;que así el papel me avisó.

¿Qué hablaré?

Cosas de amor.

Mucho sabe esta doncella;mil veces pienso si es ella...

¿Quién?

La doncella Teodor.

Hoy quiero probar tu seso.Veamos cómo requiebrasesta vieja.

Hoy me celebraspor único.

Yo confiesoque por inferior me nombrea tu ingenio, si la engañas.

Mis telas son telarañas.¿Qué importa ser gentilhombresi faltan galas?

Pues bien...

Dame esa capa con oro.

Diérate, Hernando, un tesoro.Toma el sombrero también.

Tú podrás ponerte el mío.

A fe que quedo galán.

¡Ah, Lucindo, cómo danlos vestidos talle y brío!

Quedo; al balcón han salido.

Dame, Fenisa, lugar;que quiero a Lucindo hablar.

¿De qué sabes que ha venido?

Veo dos hombres paradosmirando nuestro balcón.

Bien conoces, ellos son;que hacen señas embozados.Voyme, y Dios te dé ventura...Mas dame licencia un pocode hablar a Hernando.

Es un loco.

Agrádame su locura,y téngole que decirun recado al capitán.

Ve a esotra reja.

Ya estándonde nos pueden oír.

Fenisa se fue de allí.

Su madre la despidió.

¿Sois Lucindo?

No soy yo,después que vivís en mí;pero soy el que os adoracon el alma que le dais,pues mi humildad levantáisa vuestro valor, señora.A LUCINDO¿No va bueno?

¡Pesia tal,que hablas con gran discreción!

Estoy hecho un Cicerón.

Puesto que parece mal,Lucindo, que una mujer,que en fin de Fenisa es madre,la case con vuestro padrey a vos os venga a querer,que en efeto sois su hijo;llegado a que me queráis,yo confieso que me daisun juvenil regocijo.¿Es posible que os agradoy que os parezco tan bien?

¡Ce, Lucindo!

¿Quién es?

Quienel alma y vida te ha dado.Llega, mientras entretienea la loca de mi madretu criado.

Si mi padre,como viejo, a querer vienela tierna edad de Fenisa,yo, como mozo, os adoropor ese grave decoro.

Muriéndome estoy de risa.

Esas tocas reverendas,ese estupendo monjil,ese pecho varonil,testigo de tantas prendas;ese chapín enlutado,que del pie los puntos sabe,que pisa el suelo, más graveque un frisón recién herrado,esa bien compuesta voz,ese olor, de amor espuela,que es azúcar y canelade aquestas tocas de arroz;esos antojos al lado,para encubrir los de enfrente;ese manto, en que consienteser el amor manteado;esa encarnada nariz,donde Amor destila y sacaámbar, mirra y tacamacamás que el Arabia feliz;en fin, tocas, pies, frisón,nariz, monjil, manto, antojos,voz, chapín, son a mis ojos"selvas de varia lición."

¿Escuchástelo?

Sospechoque ha de entender el engaño.

En que yerre está mi daño,y en que acierte mi provecho.Pero dime, prenda mía,¿qué ha de ser de nuestro amor,si de ti con tal rigoreste padre me desvía?No te descuides, mi bien;que apresura mi partida.

No tengas pena, mi vida.Ni esos miedos te la den;que mi madre, loca y vanaestá por tu amor de modoque pondrá remedio en todo.

Sí; mas la boda cercaname amenaza, como ves;y si él se llega a casar¿cómo podrás remediarmi ausencia, y muerte después?A la fe, que aunque es tan ciertoque eres discreta y sutil,que no halles modo entre milpara dar la vida a un muerto.

Si soy tuya, si nacípara ti sola, y si estoycierta que como yo soytuya, tú lo eres de mí.Hacienda tienes y amigos.Da traza como salgamosde estos padres enemigos.Adonde quisieres vamos.Discreta y enamoradame sueles, Lucindo, hacer;mas ya sólo quiero sermujer y determinada

Si tienes resoluciónde que te saque de aquí,ánimo me sobra a mípara igual ejecución.Esta noche, gloria mía,joyas y vestidos coge,y aunque tu madre se enoje,te sacaré a mediodía;que no temo de mi padreel mal que me pueda hacer.

Si voy a ser tu mujer,máteme después mi madre.

¿Que tiene determinadoenviarte a Portugal?

No he visto locura igualcomo en la que el viejo ha dado.Dice que adoro a Fenisa,que la sirvo y solicito,que el sueño y quietud le quito,y sigo en saliendo a misa;y de celos me destierra.

Mi bien, y ¿queréisla vos?

¡Yo a Fenisa! ¡Plegue a Diosque aquí me trague la tierra,que me maten seis villanosen su heredad o su aldea,porque no hay muerte que seamás infame que a sus manos;plegue a Dios que un arcabuzprobándole me traspase,o que una espada me pasedesde la punta a la cruz,si en mi vida tuve intentode amalla ni pretendella,ni jamás hablé con ellade amor ni de casamiento!

Muy bien lo puede jurar.

Satisfecha estoy, mi bien.

Dejando aquesto también,¿tienes algo que me dar?Porque en dándome un enojo,o en jurando alguna cosa,me da una hambre espantosa;soy preñada con antojo.

¿Gana tienes de comer?

Rabio, por Dios.

Todo es malocuanto hay en casa; un regalomañana te quiero hacer.¿Qué conserva comes bien?Que soy en dulces notable;de guindas es razonable,y de perada también.Duraznos es extremada.¿Qué conserva haré?

Un menudocon su perejil; que dudoque la haya tal, bien lavada.

¿De eso gustas? Pues hallastela limpieza, la sazóny el buen gusto.

Cosas sonen que el tuyo conformaste.Envíamele mañana.

¿Hay villano tan grosero?

¡Qué menudo hacerte espero?

No será peor la gana.

¿Menudo comes?

(No pudo (-Aparte-)ponerse ese gusto en duda,porque quien sirve a viuda,se obliga a comer menudo).

Gente pasa. ¡Cé!

¿Quién llama?

Hernandillo, mi criado,que allá con Fenisa ha hablado.

¡Lindo pícaro!

De fama.Díceme que pasa gente.Adiós.

Él, mi bien, os guarde.

Pues pasa gente y es tarde,Adiós.

¡Ay mi gloria ausente!Habla FENISA a HERNANDO y vase¡Qué bien que la has divertido!

¡Famosamente la hablé!

Ven tras mí. Pero ¿qué fueaquello que le has pedido?

Un menudo.

¿Y eso pudopedir tu lengua, grosero?

Tú negocias por entero,yo negocio por menudo.

Sosiega el pecho celoso;que yo sabré si es verdad.

Sospecho que temerosode alguna temeridad,a que obliga un caso honroso,dijo que el nombre fingía,y fue a tiento Estefanía,porque su padre en mi dañome dijo por desengañocómo a Fenisa servía.

El padre acaso pensóque a Fenisa amabas...

¿Yo?

Y para en paz os poner,dijo que era su mujer.

No lo entiendo.

¿Cómo no?Si pensó que la cuestiónera por Fenisa allí,¿no fue sutil invenciónhacerla su mujer?

Sí,tienes, Gerarda razón;pero mi celoso honoraún quiere de esto más prueba.

También la pide mi amor.

Esta sospecha me llevade un temor a otro mayor.

¿Quieres que los dos sepamossi es verdad que ama a Fenisa?

Sí quiero.

A su casa vamos.

¿Cuál ignorancia te avisaque si le quiere digamos?

¿Digo yo que sea ansí?

Pues ¿cómo?

Yo entraré huyendo[del que me viene siguiendo].

¿De quién has de huír?

De tique eras mi esposo, diciendo.Sacarás la daga...

¡Bien!

Pondrános en paz su gente;quedaréme allí también,donde a Fenisa le cuenteque quiero a Lucindo bien,y que por él me matabas;que te llame, y en secretote diga lo que dudabas.

¡Gentil industria! En efeto,de mujer.

¿Su ingenio alabas!

¡Oh mujeres!

¡Y españolas!...

Camina.

Si estamos solas,ella dirá la verdad.

Mujeres con voluntadson como la mar con olas.Vanse GERARDA y DORISTEOSalen el CAPITÁN, FENISA, y BELISA

Si supiera vuestro intento,no le echara de mi casa.

Yo os he dicho lo que pasa.

Huélgome del casamiento;daros quiero el parabién.

Si mi bien camino va.el paramal me daráquien me ha dado el parabién.

Si yo estuviera avisadode que Lucindo os quería--que en opinión le teníade hombre menos asentado--,yo propio tratara aquí,Belisa, del casamiento;que es dar a mi bien aumentoque nos troquemos ansí.Casado con quien es madrede mi bien, como confíode vos misma, el hijo míovengo yo a tener por padre;y Fenisa, mi mujery vuestra hija, tendrápadre en Lucindo; y daráa todo el mundo placerla discreción del trocarlas edades por los gustos.

Dado me habéis mil disgustosen pretenderle ausentar;y no os descuidéis en irdonde el camino estorbéis.

Gran rigor usado habéis.

No me supe resistir.

¿Fue celos, por vida mía,del destierro la ocasión?

Celos de su vida son;que una cierta Estefaníale trae de manera ciego,que le han querido matardos hombres de este lugar,y le matan si no llego.

Pues ¿quiere a alguna mujer?

(¿Qué es lo que escucho? ¡Ay de mí!)

Así entonces lo entendí;mentira debe de ser.No me acordé que le amáis.Perdonad; que por él voy.Vase el CAPITÁN

Confusa, Fenisa, estoy.

Mi pensamiento imitáis.

Si tiene alguna mujer,¡buen lance habemos echado!

(A ti poco te ha burlado, (-Aparte-)si burla te quiso hacer,pero a mí, que me engañófingiendo amarme de veras...)

¿Qué dices?

Que no creyeraslo que este viejo contó;que con los celos que tienefinge dos mil desatinos.

¡Por qué notables caminosa darnos enojo viene!Gente se nos entra acá.

Dejóse abierta la puerta.

¡Bien hará lo que concierta,si otra mujer tiene ya!Sale GERARDA,huyendo de DORISTEO,la daga desnuda

¡Favor, señores! Socorredme presto;que me mata este bárbaro tirano.

¿Quién te ha de dar favor, infame adúltera?

Tened, señor. No la matéis os ruego.

Paso, señor. ¿Por qué le dais la muerte?

¡Yo adúltera, señor!

Tened la mano,respetad esas tocas norabuena.

Si no mirara esa presencia noble,de vuestra calidad notorio indicio,el corazón le hubiera atravesado.

Y mataráste en él; que en él te tengo.

¡Agora amores, falsa, vil perjura!¡Agora hechicerías! ¡Vive el cielo!...

Acabad, si queréis; que venís loco,y algún demonio revestido en celosos debe de mover la lengua y manos.

No habéis de estar aquí, por vida mía.Venid; que os quiero hablar en mi aposento;descansaréis de vuestro mal conmigo.

Yo os quiero obedecer, y referirle,aunque traiga mi infamia a la memoria.

Pues con mi hija quedará esta dama.¿Qué nombre tiene?

Estefanía se llama.Vanse BELISA y DORISTEO

De gran peligro os ha librado el cielo.

¡Ay, señora!, que estoy temblando toda.¿Dónde me podré ir?

No tengáis miedo.Contadme vuestro mal.

Sí haré, si puedo.Yo soy, gallarda señora,una mujer desdichada;aunque esto ya lo sabéis,pues lo veis en mi desgracia.Nací en Burgos, ciudad noble,y mis padres, que Dios haya,me trajeron a la corteniña en los brazos del ama.Criáronme con regalo,y de mi talle o mis galasrendido el hombre que veis,me pide con grandes ansias.Casáronme a mi disgusto;en fin, sobre estar casadade la manera que digo,carga el peso de esta infamia.Vime, sin gusto con él,mil veces determinadapara quitarme la vida.

No digáis tal.

Esto pasa.

Pues, por desdicha ninguna¿dice una mujer cristianaque se ha de quitar la vida?

Señora, experiencia os falta.No sabéis lo que es teneren la mesa y en la camaun enemigo de día,y de noche una fantasma.Mas mi desesperaciónfue en esto medio templadacon la vista de un mancebo,soldado y sol dado al alma.Era un alférez galán,por quien por puntos les dabaa las niñas de mis ojosalferecía sin causa;que en la mala compañíadel marido que me daban,pensé que con un alférezpudiera sufrir las faltas.Pagóme la voluntad,y con obras y palabrasmarchamos diez y seis meses,llevándose Amor las armas.Mas como en marchando Amortoca la Envidia las cajas,oyó el bando mi maridoy los tiros a su fama.Comenzó a tener sospechas;puso un espantajo en casa,para que el pájaro huyeseque al hortelano burlaba.Busqué medios por vecinos,hubo puertas y ventanas,porque cuando quieren dos,fácilmente se baraja.

Mas para abreviar, señora,con mi amor y mi esperanza,no ha faltado quien me ha dichoque el ver mi marido en armahizo a Lucindo mudar--que así el alférez se llama--el alma y el pensamientoadonde agora se casacon una Fenisa, dicen,a quien de discreta alaban;que quien la alaba de hermosa,dicen que a su rostro agravia.He perdido tanto el seso,que he salido de mi casa,y buscado de tal suerteeste ingrato que me agravia,que hoy, como veis, mi maridome ha topado disfrazada;que pensaba hallarle aquí;que aquí vive quien me mata.¿Conocéis en esta calleesta dama, hermosa dama?¿Sabéis quién es por venturala que mis desdichas causa?Que ya que de mi maridotomé puerto en vuestra casa,tras el remedio del cuerpo,de vos espero el del alma.

¿Que Lucindo os quiere bien?

¿Conocéisle?

¡A Dios pluguieraque ni yo le conociera,ni él a mí!

¡Ni vos también!¡Cosa que a tiento haya dadocon la causa de mi mal!

El vuestro no ha sido igualal mal que me habéis causado.Yo soy Fenisa, ¡ay de mí!,engañada de ese ingrato,que no sabiendo su trato,mucho del alma le di.Yo soy con quien de secretosu casamiento trató,porque no pensaba yotanto mal en tal sujeto.Pero pues a tiempo estoy,y mi honor salvo, creedque agradezco la merced,y que de mano le doy.Hoy con su padre me caso,por sólo hacerle pesar;que le tengo de abrasarcon el fuego en que me abraso.Y pues que vos le queréis,gozadle por largos años.

¿Que vos me hacéis tantos daños,y que vos muerto me habéis?¿Que vos os llamáis Fenisa?

Estad segura que yaLucindo vuestro será.

Mi desengaño os avisa.Es el hombre más traidor,más mudable y lisonjeroque ha visto el mundo.

No quieromás desengaños, Amor.Adiós, gustos atrevidos.¿Vuestro nombre?

Estefanía.

Bien su pade me decía.No eran sus celos fingidos.Ya sabía vuestro nombre,ya sé todo lo que pasa.

No admitáis en vuestra casa,pues que sois cuerda, tal hombre;mirad que os ha de quitarel honor.

Perded el miedo.

Ya, señora, que me puedode mi marido librar,dadme licencia; que quieroirme en casa de una hermana.

¿Querréis verme?

Cosa es llana.Ser muy vuestra amiga espero.¿Hay puerta falsa?

Sí habrá,si por Lucindo salís.

¡Qué bien, señora, decís!Adiós.

Presto; que os verá.

(Famosamente he sabido (-Aparte-)de Lucindo el pensamiento,y su gusto y casamientopor notable estilo impido.¡Bella mujer, lindo talle!Muriéndome voy de celos.Guardad a Lucindo, cielos;que he de matarle en la calle).

Vase GERARDA

Salga del alma aquel violento rayoque la dejó como ceniza fría,porque parezca la esperanza míapalma sobre las nieves de Moncayo.Ya estaba en flor, cuando en mitad de mayoel hielo derribó su lozanía;que cuando muda el tiempo, basta un díapara que su verdor trueque en desmayo.No más gustos de amor, que son engaños,que llevan la razón por los cabellos;no sufra el alma tan injustos daños.No quiero bienes ya, por no perdellos;mas ¿cómo olvidaré con desengaños,si dicen que se aumenta amor con ellos?Sale LUCINDO

Con la determinación,bella Fenisa, de seren tan dichosa ocasióntu esposo, y tú mi mujer,que nombres seguros son,he tenido atrevimientode llegar a tu aposento,y dejo un coche en la calle,que de ese gallardo talleviene a ser alojamiento.Ven, sin poner dilación,al coche, fénix divina;porque en aquesta ocasiónte quiero hacer Proserpinade este abrasado Plutón.¿Qué te suspendes? ¿Qué miras?

¿No quieres que me suspenda?¿Qué dices? ¿Burlas? ¿Deliras?¿Con quién hablas?

Dulce prendadel alma, ¿a qué blanco tiras?¿Hay alguién con quien cumplir?¿No es hora ya de salir,como anoche concerté?

¿Con quién el concierto fue?Eso me vuelve a decir.

¿No me hablaste anoche?

Sí.

Lo que concertamos di.

Que te cases con mi madre,pues yo lo estoy con tu padre.

¿Con tu madre? Eso fingí.

Ya no puede ser fingido.Testigos hay que has tratadoser de mi madre marido.

¿Luego tú me has engañado?El engaño tuyo ha sido.De mí no hay que pretender;que soy mujer de tu padre.y mi madre es tu mujer.

¿Cómo mi mujer tu madre?Demonio debes de ser.¿No te acuerdas que tú fuistela que primero me quiso?Tercero a mi padre hiciste,mi padre me dio el avisoy te hablé donde quisiste.En orden a nuestro intentofingimos el casamiento¿qué me dices de tu madre?

Yo soy mujer de tu padre,esto es verdad y esto siento.Si mi madre no te agrada,más señora, más honradaque tu dama Estefanía,vete a buscarla, y porfía;que es dulce la fruta hurtada.Mas guarda; que su maridote busca.

En lo que has hablado,celosa te he conocido.Sin duda te han engañadocon ese nombre fingido.Mi lacayo Hernando fueuna noche Estefanía;que así al Prado le llevé.No dilates, fénix mía,el galardón de mi fe;que se he visto a Estefanía,la vida me quite el cielo,fálteme el sol, falte el día,sepúlteme vivo el suelo,y pierda tu luz, luz mía.Mira que te han engañado,porque Hernando disfrazadoha sido la Estefanía.

Conozco tu alevosía;tarde, Lucindo, has llegado,y no me hagas perderel respeto; que has de serantes de un hora mi padre;que al marido de mi madredebo por padre tener.

¿Qué dices?

Lo que has oído.

¿Tienes seso?

El que te falta.

O tú o yo le hemos perdido.

Eso sí, da voces, salta;que ya vendrá mi marido.

¡Válgame Dios!

Valga, pues.

¡Mataréme!

¡Necedad!

Pues ¿qué haré?

Casarte.

¿Vescómo fue mi amor verdad,y tu liviandad los es?¿Ves cómo vine por ti,y que como hombre cumplílo que anoche concerté?¿Ves cómo mujer te hallé,y no mujer para mí?¿Ves cómo es bien empleadotodo cuanto mal decimosde vosotras? ¿Ves que he estado,conforme el concierte hicimos,prevenido y confiado?Pues ¡plegue a Dios que te veas,y tan presto, arrepentida,que tú mi venganza seas!Que en lo que toca a mi vida,será lo que tú deseas.Goza a mi padre, que es padre,y es mejor que yo en efeto,puesto que menos te cuadre;que yo seré tan discreto,que la mujer trueque en madre;que pues mi padre me envíaa Portugal, porque taldelito en quererte hacía,me pasaré a Portugalpor la libertad, que es mía.

Vase LUCINDO

¡Ay, Dios!, detente señor...--pero no, que es cauteloso..................... [--or].................... [--oso]Vaya esta vez el traidor.Sale HERNANDO.................. [--eñas]..................... [--ón].

Oye, escucha.

¿Qué haces señas?

¡Tan tibia en esta ocasión!¿Cómo ese rigor me enseñas?¿No vio Lucindo aquí,según me dijo, por ti?

Ya estamos desconcertados.

¿Cómo?

Hay amores casados;no era bueno para mí.¿Quién es una Estefanía?a quien Lucindo quería?

¿Hasta acá llega el enredo?

¿Qué enredo?

Decirte puedoque fui yo esa dama un día.

¿Tú esa dama?

Disfrazadocon un manto, estuve al ladode cierta dama. En efetodi celos, y esto secreto,no sepa que lo he contado.Que mi señor la queríaantes que os viese; y despuésos juro, señora mía,que un tigre a sus ojos es,aunque se cansa y porfía;que anda perdida y celosa.

Sin duda me han engañado.

Yo sé que no hay otra cosaque le dé en Madrid cuidadosino vos, Fenisa hermosa.Mas ¿qué le diré?

No sé;que viene mi madre aquí.Huye.

Por allí me iré.Vase HERNANDO.Sale BELISA

Ya, Fenisa, despedíaquel hombre.

¿Y cómo fue?

No sé si podré, de risa,contarte lo que ha pasado.

De todo, madre, me avisa.

De verte se ha enamorado.

¿Tan presto?

Escucha, Fenisa;que te quiere por mujer.

¿Siendo casado?

Es enredoque esta mujer quiso hacer.

Que son celos tengo miedo.

Celos debieron de ser.Contóme que concertaronque se hiciese su marido,porque los dos sospecharon,él que su hermana ha servido,y ella que aquí le engañaron...

¿A quién?

A Lucindo.

¡Bien!¿Que de Lucindo son celos?

Y a mí me los dan también.

Pusieron en paz los celossu verdad y mi desdén.(Perdí gallarda ocasión (-Aparte-)de gozarle a mi contento;mas no faltará invención.Hoy será mi casamientoen casa y con bendición).Madre, no estés divertida.Después que esta cautelosamujer, falsa y atrevida,vino sin vida, celosa,para quitarnos la vida,ha estado Lucindo aquíy me ha dicho que te adora.

¿Es cierto?

Esto pasa ansí.Pero díceme, señora,que hablando a su padre en tile halla muy desabridoen que sea tu marido,y que es forzoso en efetoel casaros de secreto.

Siempre lo tuve entendido.No quisiera el capitánque su hijo se casara,porque murmurar podránque el viejo goza esa cara,y que a Lucindo me dan.Pues mi marido ha de ser.

Él dice que en tu aposentote quiere esta noche ver.

¿Qué sientes de eso?

¿Qué siento?¡Que allí serás su mujer!

Trázalo, pues anochece.

Vete a prevenir, y calla.

Mi ventura me enloquece;por no darte que envidialla,no digo lo que me ofrece.Voy a perfumarlo todoy que esté con grande aseo.

Hazlo, madre, de ese modo.Vase BELISA¡Qué bien mis bodas rodeo,y el nuevo engaño acomodo!

Sale el CAPITÁN

¿Es mi Fenisa?

Soy quien te desea.¿Adónde está Lucindo? Que mi madreya quiere efectuar el casamiento.

¿Qué casamiento?

El suyo con el mío.

Bien dice, y no aguardemos a más términos;que ya los dos tenemos corta vida.

Yo estoy, señor, también desengañadade que no era Lucindo el que veníade noche a mi ventana.

¿Qué me cuentas?

Hoy supe que era un cierto amigo suyo;y así, quiero que vayas a buscarle,y le diga que ronde aquesta nochela puerta de esta casa con Hernando;porque anoche a las diez, por la ventanadel huerto entró el amigo que te digo,y a la puerta llamó de mi aposento.Levantéme, pensando que mi madrevenía a visitarme, y si no cierro,no dudes que sucede una desgracia.

¡Hay maldad semejante! ¡Vive el cielo,que he de ser yo quien ronde!

No, mis ojos;que en ese tiempo habéis de estar conmigo.

¿Adónde?

En mi aposento, de secreto.

Dadme esas manos.

Advertid que quieroque vengáis muy galán y rebozado,y que os hagáis la barba; que no gustode verla de esa hechura; que en efectopareceréis mejor más atusado.

Quien para tanta gloria se previene,no dudéis que vendrá galán del todo.La barba haré cortar a vuestro gusto,pues hacerse la barba es muy de novios;y yo lo he de ser vuestro.

Ya es muy tarde,hablad a vuestro hijo.

El cielo os guarde.Vanse FENISA y el CAPITÁN.Salen LUCINDO y HERNANDO

Arrepintióse.

¿Qué dices?

Lo que oyes.

No lo creas.

Ni tú mudanza que veas.

Son retóricos maticespara encarecerme el bien.¿Hasla por dicha gozado?Que te veo muy mirlado.

Y aun muerto me ves también.

¿Hablas de veras?

Lleguépara sacalla de allí,y de manera la vi,que dando voces bajé.Volví el coche, y los amigosse volvieron a su casa.

Pues ella toda se abrasa,y estos ojos son testigos...

¿Cómo?

De celos crueles.

Pues ¿de quién?

De Estefanía.

¡Que esto dure todavía!No me aflijas, como sueles;que todo nace de amor.

¡Tu padre!

No importa nada.

Sale el CAPITÁN

Bien aprestas la jornada.

Mañana me voy, señor.

¡Bueno es eso! ¡Estás casadocon Belisa, y vaste luego!

Eso ha sido burla y juego.

Yo sé que tomas estado;pero que sea o no sea,ya te quedarás aquí.

¿Por qué?

Porque ya entendíquién a Fenisa desea,y aún es grande amigo tuyo.

También te habrán engañado.

Ya Fenisa me ha contadoque fue todo engaño suyo.Dice que anoche pasópor la pared de la huertacierta persona incierta,y a su aposento llegó;llamó, salió a abrir, y viendoel engaño, cerró.

Extrañohubiera sido el engaño.

Dio voces, y fuése huyendo.Hame dicho que te digarondes esta noche allí.¿Haráslo ansí?

Señor, sí;mandármelo tú me obliga.

Pues yo vengo muy de prisa.Ármate, y guárdete Dios.Vase el CAPITÁN

Hoy nos casamos los dos.

¿Cómo?

Ya entiendo a Fenisa.Quiere que entre a su aposentopor el huerto.

Dices bien;y que ella estará tambiénallí con el mismo intento.Mas los celos la han picado;hoy se cumplen tus deseos.

¡Por qué notables rodeosa mi remedio he llegado!Vente a armar, porque has de entraral huerto y guardar la puerta.

(Beatriz es dama encubierta; (-Aparte-)pero allá la pienso hallar).

Vanse los dos.

Salen DORISTEO y FINARDO

Yo no sé si le llame desengañoel que de vuestra hermana habéis tenido,pues veo que resulta en vuestro dañoviniendo de Fenisa tan rendido.

Hizo Gerarda aquel enredo extraño.Entré fingiendo que era su marido;pero en viendo a Fenisa, quedé luegociego del rayo de su ardiente fuego.Estuve con su madre en su aposento;y si verdad os digo, dije el caso,y pedíle a Fenisa en casamiento.

Éstas son sus ventanas; hablad paso.

¡Ay divino y dichoso alojamientode la décima musa del Parnaso,de la mujer más bella, y fénix soloque en su giro veloz ha visto Apolo!

Y ¡qué!, ¿os pensáis casar?

Si ella me quiere.

¿Es gente principal?

De virtud tanta,que la doncella a las demás prefiere,y la madre, Finardo, es una santa.

¿Qué hacienda tiene?

Sea la que fuere,virtud en dote a todos se adelanta.De su recogimiento y virtud quierohacer, Finardo, el dote verdadero.

Sale el CAPITÁN, con barba diferente,muy hecha, en hábito de noche, y FULMINATO

Ya puedes volverte a casa.

Gente pasa.

Y encubierta.

Creo que para a la puerta;que de la puerta no pasa.

¿Mandas que te aguarde aquí,o que llame otros criados?

No; que aquellos embozadosvienen a guardarme a mí.Entro; vuelve.

¿Quiénes son?

Lucindo y Hernando.Vase el CAPITÁN

Quierohablarles.

¡Entró!

¿Qué espero?

¡Gran virtud! ¡Gran religión!

¿Es menester compañía?

Pase adelante, galán.

Perdonen...

Perdón le dan.

...que por otros los tenía.

Vase FULMINATO

¡Corrido estoy, vive Dios!

¡Qué gran dote es la virtud!

Tal les dé Dios la salud.

Pues quedo.

¿Cómo?

¡Otros dos!Salen LUCINDO y HERNANDO

Pies, en mi amor os tened.[por la esacala se llegará].

¿Echó escala?

¡Y suben ya

¿Qué casa es ésta?

No sé.Que es fuerza es lo más seguro,pues por la puerta y el murotanto enemigo se ve.

¿Suben los dos?

Así pasa.

Muchas mujeres habrá.

Pues más gente viene ya;que aún no está llena la casa.

Sale GERARDA, en hábito de hombre

(Por ver si aquel mi enemigo (-Aparte-)viene a rondar por aquí,salgo de mi casa ansí,con mi amor y sin testigo.No creo que me he engañado;él y su Hernando seránlos que en esta esquina están.¡A qué buen tiempo he llegado!)¿Eres tú, cruel?

¿Quién va?

Yo soy, Lucindo.

¿Quién?

Yo.

¿Mi Gerarda?

Tuya, no;de Doristeo soy ya.

Yo soy ese Doristeo.

¡Tú! Pues ¿qué buscas aquí?

A ti te busco.

¡Tú a mí!

Con un mismo intento os veo.Tú por Fenisa venías,y tú por Lucindo vienes.

Es sin duda.

Razón tienes.

Hoy habemos sido espías.Mas mira ¡qué cosa aquésta!Tres hombres tienen allá.

¿Tres hombres?

Y aun treinta habrá.

¡A fe que es Fenisa honesta!Llama con una invención,para que quién son sepamos.

Fuego, que hay fuego digamos.

Y no con poca razón.

¡Fuego, fuego!

¡Fuego!

¡Fuego!Salen BELISA, y luego,FENISA y LUCINDO

¡Fuego en mi casa! ¡Ah, criados!

¡Fuego!

¡Ah, vecinos honrados!¡Fenisa, levanta luego!

¡Fuego, madre!

Que se abrasala casa.

Luces de presto.

Sale el CAPITÁN, HERNANDO,con hacha encendida y los demás

¿Fuego en la casa?

¿Qué es esto?

¿Fuego en casa?

¿Fuego en casa?

¿Dónde, señor, está el fuego?

Entre vosotros está;pero nadie lo verá,estando el honor tan ciego.¿Dentro de una casa honradade una mujer como vos,hay dos hombres?

¿Cómo dos?Y aun tres.

¡Hermosa empanada!

Yo con mi marido estoy.

Y yo estoy con mi mujer.

Otro pensé yo tener.

De otra que aborrezco soy.

¿Cómo es aquesto, Fenisa?

Con Lucindo me he casado.

Pues ¿cómo me has engañado?Mas ya lo dice tu risa.

Di, Lucindo, ¿a un padre noblelos buenos hijos engañan?

Señor, yo adoro a Fenisa,y ella, como ves, me paga.Cuanto contigo tratóson enredos que buscabapara casarse conmigo.Los que presentes se hallanaunque mis contrarios sean,juzguen, señor, nuestra causa.¿No es mejor que el padre mío,con esta señora honrada,que es madre de mi mujer,se case, pues que se igualanen méritos y en edad,y que como nuestras almas,los dos juntemos los pechos?Habla, y perdona Gerarda.

Aunque celosa venía,la razón, Lucindo, es tanta,que con los dos asesoresque a este pleito me acompañan,digo que tu padre seade Belisa, y que esta damate goce, amén, muchos años.

La sentencia está bien dada,y yo la confirmo.

Y yo.

Dame esa mano.

Y el alma.

Dadme vos también la vuestra.

Dais honra y remedio a entrambas.

(Para tan viejo rocín (-Aparte-)cualquier silla le basta).

Los dos me acompañaréis.

Llevarémoste a tu casa.

Hernando, avisa en la míaque allá cenan estas damas.

Para en uno sois, por Dios.

Si es para muchos la farsa,mi amor lo diga, y dé finla discreta enamorada.

FIN DE LA COMEDIA

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