La historia de Tobías — Acto I

Pues que por nuestros pecadosquiso el gran Dios de Israelque fuésemos castigadoscon cautiverio cruel,y a tierra extraña arrojados;pues entre Medos y Asiriospasamos tantos martirios,cuantos van tristes deseosa los campos Idumeos,a los Samarios y Sirios:aplaquemos al gran Dios,Ana, mi amada mujer,y vos, mi hijo; que en voscomo en espejo he de versi somos uno los dos.Por eso os puse Tobías,como mis padres a mí,aunque en más felices días:pues que yo mi nombre os ditomad vos las obras mías.Cuando el rey Salmanasarreinaba, el que cautivónuestros Tribus, pude yogracia en sus ojos hallar:muchas doy al que la dio.

Fui, siendo su esclavo herrado,como sabéis, su privado,y fui de todos consuelo;presté mi hacienda a Gabelo,mi deudo, aunque pobre, honrado.Agora que su cruel hijoreina, tan mal, quieretodo el reino de Israel,que por darle muerte muere,y no hallamos gracia en él.Es ido contra Ecechías,santo Rey, con tal furor,que dice que en breves díasel gran templo del Señorha de ser cenizas frías.Con este aborrecimientotan mal trató sus cautivos,que se mueren ciento a ciento,y aun esos que quedan vivoslo tienen por más tormento.Hijos, y amada mujer,Dios lo da; de Dios es todo;hagamos bien; que ha de serel hacerles bien, el modopor donde Dios le ha de hacer.¿Qué tendremos hoy que dar?

No tengáis deso cuidado,señor; que no ha de faltar.

Alguna gente ha llegado.

Hijo, dejaldos entrar.

A todos la puerta doy.

Sois mi querido retrato.Sale una mujer pobre.

Gracias al cielo que estoya tus pies; el tiempo ingratome trata así: noble soy:manto me falta: querríacubrir tanta desnudez.

¡Ay corta haciendilla mía!Pero cúbrate esta vezel que a mi mujer cubría;toma y ve en paz.

Dios te guarde.

No quisiera llegar tarde,si has dado limosna a todos;aunque en ti de muchos modosamor de Prójimos arde.

¿Vos pedís con tal salud?

Ana, callad, que es mal hecho:no hagáis vicio la virtud:que inquirir del pobre el pechoes vana solicitud.Él pide por Dios, y es Dios;¿pues cómo vos presumísentender a Dios? Si vosesto de Dios recibís,daldo por Dios a los dos;tomad, hijo, este vestido.

Dios os pague tanto bien.

¡A qué buen tiempo he venido!

¿Quién es?

En Jerusalénya fui de vos conocido;de un tiempo somos cautivos,del tribu de Neptalín.Soy como vos: los esquivostiempos han dado este fina mis intentos altivos.Un hijo tengo en prisiónpor deudas.

Los deudos sonpara las deudas muy buenos:no sé si son más o menos,mas sé que es más la intención.En esa bolsa tendréis,pariente, con que paguéis.

Dios os prospere y aumente.

Afuera espera gran gentepara que a comer les deis;mas no sé si habrá comidapara tantos.

¿Vos dudáis,hijo?

¡Es poca!

Repartida,si a Dios primero miráis,que es sustento, amparo y vida,veréis que basta y que sobra.

Si él echa su bendición,bien sé el aumento que cobra.

Aquí ha llegado Filón.

¿Qué pide?

Una buena obra.Del tribu de Benjamínhay un difunto, y en fin,aún no le cubre mortaja.

Sólo en eso se aventajael rico al pobre: en el fin:tendrála el rico delgada,y ése la tendrá grosera;voyle a enterrar, Ana amada:dando de comer, me espera,a esa pobre gente honrada.Tú, hijo, ayuda.

Estad ciertodel contento que recibo.

Mucho obliga a Dios, te advierto,el dar de comer al vivo,y el ir a enterrar el muerto.

Hablé con Eliachín, hijo de Elchías,amenazando el pueblo de tu parte.

¿En qué confía el mísero Ezechías?

Faltóle el oro ya con que rogarte.

Si en el rey Faraón de Egipto fías,¿cómo puede valerte ni ayudarteun báculo de caña quebradizoque engaña a quien su fuerza satisfizo?¡Triste Jerusalén! si el padre míollevó desde una a otra provincia variaal Habor y al Gozán, de Media río,cautivos a los tribus de Samaria,¿dónde está de tu Dios el poderío?¿A dónde está la fuerza necesariapara hacer a mis armas resistencia?Ampáraste de escudos de paciencia.Tu alcázar de Sión fundada en alto,de tu David humilde a mi trofeo,rendida miro en el primero asaltopor más que la defienda el Dios hebreo;no está mi Dios Nefrach de fuerzas faltocomo estuvo el del otro Filisteo:cuando con sus hazañas me respondas,no temo yo las pastoriles hondas.

Soy yo Senacherib, el Rey de Asiria;tengo más fuerte la cerviz y frente,que desde Gaza hasta la playa Tirialos campos cubriré de armada gente;hoy baño en sangre a Palestina y Siria,al hermoso Carmelo, al eminenteLíbano, cuyos cedros a mis rojasplantas de sangre, estrado harán sus hojas.Tú verás al Cedrón pasar al Medosobre puentes de cuerpos infelices,y el templo cuya altura puso miedoa las estrellas, y que santo dicesde mí, que su más alta torre excedo,y a la más fértil palma las raíces,bañado en fuego y humo y derribadapor el suelo su cúpula dorada.Gigante soy en quien Asiria estribael peso de su imperio soberano:vuestra arca santa llevaré cautiva:sus serafines temblarán mi mano;no me corono yo de verde olivani he de temer que aparte el vidrio canodel mar bermejo en frágiles canceles,ese Dios de Abrahanes e Israeles.Parte, Rapsaces: llevarás firmadade mi espantosa firma al Rey cercado,carta en que diga que su infame espadarinda a mis pies.

Yo voy.

Fuera excusado,pero quiero mostrar cuánto me agradatener piedad de un hombre desdichado,porque si saco la que tiembla el suelo,aun es corta defensa todo el cielo.

Rasgaré por el dolormis vestidos, Eliachín.

Ten esperanza; que al finhas de salir vencedor.

Si está nuestro Dios airado,¿dónde hallaremos defensa?

Contra el Rey de Asiria piensaque está airado y enojado,no contra Jerusalén;mira que el hijo de Amósdice, de parte de Dios,que este crédito le den.

Creo, Eliachín, a Isaías,mas pésame que blasfemequien a nuestro Dios no teme.

¡Si piensa que son los díasde Hieroboán y Achaztan lamentados en Siria!

Senacherib, Rey de Asiria,sin darte salud ni paz,aquesta carta te envía.

¿Quién te la dio?

Un capitán.

¿Qué esperanzas me daránmi temor y su osadía?

Que traiga poder tan fuerte.

De blasfemar no se aparta;lee, Eliachín, esa carta.

Dice, señor, de esta suerte:(Lee.)«No te engañe tu Dios en quien confíasni que Jerusalén vendrá a las manosdel Rey de Asiria, dudes, Ezequías,pues son a mi poder los montes llanos.Si mis padres tuvieron tantos días(después de ser vuestros intentos vanos)el imperio de Siria y Palestina,¿qué esperanza os engaña y desatina?Abridme la ciudad: ríndame el muroJerusalén: besad mis pies, cobardes:Refeph y Arán en cautiverio duropusieron vuestros tímidos alardesadonde estuvo el Rey de Arphad seguro;¿y qué lugar habrá donde te guardes,Rey de Jerusalén, de mi trofeo?Advierte que te engaña el Dios hebreo.»

No digas más, Eliachín:pidamos misericordiaa Dios, por que en tal discordiaponga a su arrogancia fin.Tomad el cetro Real:tomad el sacro ornamento:dad ceniza a quien es viento:dadme un saco de sayal.Hacer quiero humildementeoración a Dios.

Traedlo que pide.

En tu merced,gran señor omnipotente,se pone Jerusalény las puertas de Sión.

Éstos la ceniza sony el saco.

¿Hay soga?

También.

Muestra: ayúdame a vestir:atadme bien esa soga;que la que mi cuello abogabien me pudiera servir.

Ya, señor, vestido estás.

Dadme la ceniza.

Ten.

No Rey de Jerusalén:polvo y nada soy no más.Echaréla en mi cabeza,y con aqueste dolorllorando hablaré al Señor.

¡Qué lástima!

¡Qué tristeza!Abrid esos velos luego.(Descúbrese un altar con el arca.)¡Dios de Israel, bien de bienes,que por escabelos tieneslos serafines de fuego!Tú solo en la paz y guerraeres Dios, y pones leyesa los arrogantes reyes;Tú hiciste el cielo y la tierra.Inclina tu santo oído:oye estos graves enojos:abre tus divinos ojosy mira un hombre atrevido.Oye las palabras fierasde Senacherib airado:verdad es que han sujetadomil tierras con sus banderas,y que los dioses gentileshan dado al fuego, Señor;pero eran piedra y laborde las manos de hombres viles.Tú eres Dios: tú vives, y eresSeñor del cielo; y es bienque, libre Jerusalén,conozcan que tú lo quieres;libra tu pueblo, Señor:conozcan que eres Dios solodesde el uno al otro polo.

Pierde, gran Rey, el temor.

¡Cómo!

¿Qué dice Isaías,qué dice el Dios de Israel?Que en tu congoja crueloyó tu llanto, Ezequías:que no entrará en la ciudadel rey Asirio, ni escudopersa, ni flecha, ni pudono siendo su voluntad.Dice que le ha de poneruna argolla en las narices,y en los labios infelicesun freno con su poder.No le valdrá su maldad,no su soberbia; advertidque por su siervo Davidquiere salvar la ciudad.Dice que se volverápor donde vino muy presto.

¿Qué albricias me pides desto?¿A dónde el profeta está?

Ven conmigo a hablar con él.

Démosle gracias los dosa Dios; que no hay otro Diossi no es el Dios de Israel.

Nadie se desarme, amigos:dormid así, porque al albahan de ser de nuestra salva,cielos y tierra testigos.Entre dos luces asaltola triste Jerusalén:duerman y descansen bienmientras que su muro esmaltode sangre, como el aurorade oro: abrid el pabellón:mañana tendré en Siónel que en los campos agora.Entrad, fuertes capitanes,entrad, y armados dormid;que el alcázar de David,de Acaz y Hieroboanes,os dará presto mejorescamas y techos dorados,pabellones recamadosy tapetes de labores.Mañana en mesas de jaspebeberéis el Palestino,dulce, aromático vino,sin que éste os acede y raspe.Mañana tendréis asientosde ébano y marfil, si aquíde hierba, y tendréis de mípreciosos alojamientos.

Mañana, hermosas doncellasos vendrán a regalar,cantar, tañer y bailar,blandas, dulces, tiernas, bellas.Si aquí el son del ronco parchey del metal sonorosoos quita el justo reposoporque se acometa o marche,mañana a vuestros caballosel templo de Salomónha de servir de mesón:de plata herraréis sus callos.Ea: no es menester velani guarda: durmiendo estáel Dios hebreo.

Entra ya;que el temor es centinela.Ése nos defiende bien.

Toda su esperanza es vana;con laurel entro mañanatriunfando en Jerusalén.

Las lágrimas de Ezequíasoí: las blasfemias fierasde las asirias banderas.incitan las manos mías.¡Ministro!

¡Señor!

Al puntobaja al campo del tirano,porque quede por tu manoun gran número difunto.Toma la espada.

Ésta es.

Parte.

Voy.

Bien está, contento estoy.

Beso tus divinos pies.

Quedan en sangre cubiertos;sus blasfemias y su afrentacastigo.

Ciento y ochentay cinco mil quedan muertos.

¡Oh, fuerte Dios de Israel,templa el valiente furor!

¿Hay tal estrago, hay rigortan espantoso y cruel?

¿Han salido los hebreos?

Nadie, señor, ha salido;sólo de su Dios han sidoestos heroicos trofeos.

¿De su Dios?

¿Pues no lo ves?

¿En mi tierra no hay cautivos?

Muchos.

No han de quedar vivosde trescientos mil los tres.

¿Tantos habían de ser?

Los que fueren.

¿Qué esperanzate ha de quedar de venganzacontra tan alto poder?Mira esa gran cantidadde cuerpos troncos.

Yo creoque en mi tierra el Dios hebreotendrá menos potestad.

Pienso que engañado estás;quien esto pudo tan bienhacer en Jerusalén,en Nínive podrá más.

Toma: ponte mi vestido.

No es justo que andes desnudo.

También Dios vestirte pudo;que yo desnudo he nacido.Si Dios como a ti me hicieratan pobre en este lugar,también me holgara de hallarun hombre que me cubriera.Vete en paz, hijo; camina;vuelve mañana a comer.

Imagen vienes a serde aquella piedad divina.

¿Qué es esto?

¿Ya no lo ves?

¿Pues cómo el vestido has dado?

¿Ha sido mal empleado?

¿Ya qué te falta que des?

A mí mismo, y aun es poco.

No sabes cómo ha venidoSenacherib, tan perdido,que está temerario y loco.

¿Qué, ya volvió de Judea?

Ya de Judea volvió.

¿Luego Ezequías venció?Hijo, no sé si lo crea.

Pues bien lo puedes creer,porque un ángel le ha vencido.

Si de Dios la espada ha sido,no hay en los hombres poder.

Ciento ochenta y cinco milhombres mató un ángel santo.

Si con uno puede tanto,¿qué hará con mil veces mil?

Las blasfemias que decíacontra Dios la causa fueron.

El justo pago le dieronque su lengua merecía.

Ya te habrá dicho Tobíasdel Rey la temeridad,o el llanto que la ciudadhace en tan infaustos días.

¿Llanto?

¿No ves que vencidovuelve de Jerusalén,y quiere que acá le denla sangre que allá ha perdido?

¿Quién se la ha de dar, Rubén?

Los esclavos que de allátrajo su padre, si yalos hay de Jerusalén.

¿Luego mándalos matar?

Para vengarse del cielo.

Triste de él, porque receloque le vuelva a castigar.

Todas, las plazas cubiertasestán ya de cuerpos troncos,de quien con suspiros roncossalen las almas desiertas.

Hijo, yo voy a enterrarlos.

Y yo a acompañarte voy.

Yo a llorarlos, si ya soyde alguna ayuda en llorarlos.

La victoria de Ezequíasvenga en su misma ciudad.

No se ha visto caridadque iguale a la de Tobías.

Yo me veré vengado cuando veaque me llega la sangre de los Tribushasta la boca, que de sed se abrasa.

No mueren pocos, porque no les valedefensa alguna.

Bando se publiquepor toda Asiria, que los maten todos:no solamente mueran los de Nínive,que yo veré si el Dios de los hebreostiene poder aquí como en su tierra.

Cansado vengo de esta infame guerra.

Aquí está nuestro padre.

¡Padre mío!

Hijos, ¿cuántos hebreos quedan muertos?

Muchos, señor, por calles y desiertos.

Ni los valen los templos, ni los campos.

Así es razón que aquesta gente muerade mis agravios en venganza fiera;coman los cuervos sus difuntos cuerposen las plazas, y calles, y en los campos,hambrientos buitres y rapaces águilas.

No pienso que sus cuerpos insepultospaguen con esa pena sus insultos.

Adramelech, ¿qué dices?

Que un Tobías,de los viejos esclavos de tu padre,a todos da mortaja y sepultura.

¿Tobías, aquel viejo galileo?

El mismo.

Pues villanos, ¿cómo vivehombre que impide la venganza mía?Parte, Rapsaces, y con esa espadasu cuello siega, su familia prende,sus bienes todos, muebles o raíces,entrega a los soldados.

Voy contento,porque estaba en el mismo pensamiento.

Pésame que le mates.

¿Por qué causa?

Porque estimaba su vejez mi abuelo.

Quisiera, Sarasar, que fueras hijode ese Tobías como fuiste mío.

¿Qué hicieras?

Con mi gusto un desvarío.

¿Estás airado?

¿No es razón bastantehaberme muerto el Dios de los hebreosciento ochenta y cinco mil soldadosen un instante de una oscura noche?

¿Y no fuera mejor, señor, temerle,que no irritarle a más venganzas?

Calla;que no es donde yo reino poderoso.

Diligencia se ha hecho por Tobías,pero como es bienquisto de la gente,avisáronle muchos de tu intento,dejó su casa, dila a tus soldados,repartieron sus bienes: no parece;mas él y su mujer y un hijo suyo,desnudos van, y en la mayor miseria.

Con él voy enojado, y aun contigo.

Nunca el tirano fue seguro amigo.

¡Que ha de vivir un bárbaro!

¿Qué dices,Adramelech?

Que es nuestro padre un bárbaro,y que me incita Dios secretamentea que le mate y la corona quite.

¿Cómo es posible que Nefrach te incite?

Si quieres, Sarasar, parte en el Reino,ayúdame a quitar la vida a un hombreodioso al cielo, a Nínive y a Siria,y desde Palestina a Celesiria.

Si tú cumplieses lo que dices, digoque yo pondré la espada en él primero;que de alguna deidad secreta sientodentro del pecho impulsos velocísimos.

Permita el Dios Nefrach que tú me quitesla vida que a mi padre quitar quiero,si no te diere la mitad de todo.

¿Dónde estará?

Sacrificando creo.

Pues vamos.

Hoy se cumple mi deseo.

En esta cueva podremosestar seguros, señora.

¿Que esto por tu culpa agorayo y tu hijo padecemos?¿No fuera mejor, Tobías,que no enojaras al Rey?

¡Qué bien guardara la leyde Dios con entrañas frías!Ana, aquel caritativofuego en el alma encubierto,sale sepultando al muertoy favoreciendo al vivo.Por Dios es poco perderla hacienda sola.

Es verdad;mas la propia caridadsu lugar ha de tener.Yo soy tu mujer: Tobíastu hijo, ¿por qué nos dejasdesnudos con tantas quejasy entre aquestas peñas frías?

Ana, ten por buen consuelo,pues que la vida se escapa,que a los que no tienen capales presta la suya el cielo.Hijo, estad vos consolado,que Dios os ha de cubrir.

Padre mío, hasta morirno he de dejar vuestro lado;yo sé que en todo acertáis,y yo sé que errara en todosi no siguiera aquel modoque vos, señior, me enseñáis.Corta obediencia es la míasi con Isaac la comparo;que de aquel varón preclarotomar ejemplo podría.Sobre el ara le contemploy a su padre con la espada,a la ejecución alzada,de fe y obediencia ejemplo.Si quitarme vos queréisla vida, eso mismo quiero,sin que yo espere corderoy vos ángel esperéis.

Bendígate el Dios divinode Isaac, Jacob y Abraham.

Aquí sospecho que están.

Padre y señor, Rubén vino.

¿Qué hay, Rubén?

Bien te pudepedir albricias, señor;vuelve y despide el temor:toda Nínive te espera.

¿A mí, Rubén? ¿de qué modo?

Adramelech, Sarasar,hijos del Rey, que en lugardel Rey lo mandaban todo,no contentos de su estado,o por voluntad de Dios,que hizo instrumento a los dosdel castigo que le ha dado,estando sacrificandoa Nefrach su Dios cruelcontra el cautivo Israel,y su gran Dios blasfemando,le dieron mil estocadascon que su vida acabó.

Hijos, Dios lo permitió.

Blasfemias bien castigadas:pensó que era nuestro losde piedra o de troncos vilescomo los dioses gentiles.

Id adelante los dos,porque nos vais advirtiendo.¿Ves, Ana, que Dios me ayuda?

Nunca de Dios tuve duda:tu condición reprehendo.

¿Echaste, por dicha, menosalguna res de contar?

Yo tengo bien qué llorar;que no son duelos ajenos.

Mira que parece malque llore un hombre de bien.

Mentís, Jorán, que tambiénes la condición mortal.Si nace un rey es llorandocomo el más pobre pastor,porque confiesa el dolorde la muerte en que va entrando.¿Qué pensáis vos que es llover?Llorar los cielos, Jorán:pues si ellos llorando están,un hombre, ¿qué puede hacer?¿La mirra no es árbol grave,el incienso y los aloes?

No hay otros que tanto loes.

Pues lloran llanto suave;las viñas suelen llorar,con ser su zumo alegría:pues con la tristeza míadéjame tú rezumar.

Por una cosa no másdan licencia a un hombre honrado.

¿Y es?

Estando enamorado.

De medio a medio me das.

¿Luego tú tienes amor?

Que me derriengo de triste.

¿Tú sentimiento tuvistede amor, tan rudo pastor?

Nunca yo en el campo vieraretozar unos borricos.

¡Qué tórtolas con sus picospara cine envidia tuviera!

Allá en nuesos pegujales,donde el ganado se cría,nos cantan a mediodíaestas tórtolas asnales.

¡Qué gentiles ruiseñoresestaban haciendo nido!

¿Cuándo los burros no han sidoun dulce ejemplo de amores?

¿Los burros?

Los burros, pues;¿hay cosa como llegarun borrico a retozarsu burra en el verde mes,cuando los campos se visten,como dicen los poetas,de alcacer y de violetas,que hasta la vista resistende la cara de la tierra?¿Hay cosa como llegara morder, y a regalarcon una amorosa guerralos pescuezos y las crines?Pues dígote por verdad,que es mayor honestidadque en pardos y colorines.

¿Honestidad es rascarlos oídos los borricos,más que aquellos dulces picosque amores suelen cantar?

Sí, y es bien que solemnicenla honestidad que han tenido,porque entonces al oídosu secreto amor les dicen.No como el toro que mugey hace buf a la ternera,ni con la leona fierael fiero león que ruge.No como celosos gatoscuando hay tejado y sarao,despiertan con marramaoa sus dueños como ingratos:sino que hablando de oídocomo gente palaciega,la enamora, ablanda y ruegasecreto y enternecido:y cuando mucho si entonala voz como en facistol,canta un do, re, mi, fa, sol,en que sus dichas pregona.Éstos vi, y a ejemplo suyo,Jorán, yo me enamoré;pero ni rasqué, ni hablé.

¿Tan secreto amor fue el tuyo?

No sé si diga de quién.

¿Es de Bertola o Ginesa?

No, Jorán.

Mas ¿qué es Teresa?

No das en el blanco bien.

¿Es Tamar?

No.

Pues en casasólo queda mi señora.

Ésa, Jorán, me enamora,ésa me enciende y me abrasa.

¿Sara, mi señora?

Sí.

¿La que se está desposando?

La misma estoy deseando.

¡Noramala para ti!

Si para mí noramala,¿qué será para Fisón,que ya en aquesta ocasióngoza su donaire y gala?

Pues bestia ¿con la mujermás bella que Dios ha hechote quieres casar?

Sospechoque soy hombre, y puede ser.

No se entienda tu locura;voy a tomar colación.

Hurtóme la bendicióny ganóme la ventura.Desesperado me veo:quiérole echar maldiciones.

Para en uno son los dos,si quiere Dios, si quiere Dios.

Pienso que son para en unotan gallardos desposados,pues de tantos convidadosno lo ha impedido ninguno.Diga lo contrario algunoo juntaránse los dos,si quiere Dios.

Si quiere Dios,para en uno son los dos,si quiere Dios.

Yo pienso que soy su esposoa contento de Ragés,y que mi ventura esdigna de su rostro hermoso.Y así, de nadie envidioso,lo seré de más de dos,si quiere Dios.

Si quiere Dios,para en uno son los dos,si quiere Dios.

El gusto del padre míoa ser tuya me ha obligado,porque tengo resignadoen el suyo mi albedrío.Amarte, esposo, confío,y uno seremos los dos,si quiere Dios.

Si quiere Dios,para en uno son los dos,si quiere Dios.

¡Qué mal os podréis juntarsi trae este necio esposolascivo amor enojosoa quien le ha de castigar!La boda vengo a estorbary a dividir a los dos,si quiere Dios.

Si quiere Dios,para en uno son los dos,si quiere Dios.

¡Que vea yo con mis ojosque éstos se casen! ¡Ah cielos!Comiéndome estoy de celosque son del amor piojos.Agora van maldiciones:plegue a Dios, Sara enemiga,que se te vuelvan de ortigalas sábanas y colchones.Plegue a Dios que al acostartropieces en un caldero,y que un gato majaderono te deje reposar.Plegue a Dios que estén templandoun clavicordio hasta el día,y un vecino chirimíase esté a solas enseñando.Plegue a Dios...

¡Tanto plegar!

Que un ratonazo travieso,sospechando que eres queso,te coma el dedo pulgar.Plegue a Dios que alguna chinchetu dulce sueño quebrante,que un asno su solfa cante,y que un rocín te relinche.Plegue a Dios se encienda fuegoy te queme, como a mí,y nadie se junte a tihasta que te vea un ciego.Perdona, aunque eres mi dueño:doyte lo que amor me dio,y cuando no duermo yo,a todos dé Dios mal si sueño.

Más pesadas maldicionesles esperan a los dos.

¡Asmodeo!

Inmenso Dios,tu luz a mi noche opones.

Licencia te doy que matesde Sara el lascivo esposo.

¡Oh, precepto venturoso,de esto me huelgo que trates!A toda carne mortalaborrezco con rigor,y así me alegro, Señor,que me mandes hacer mal.Entro a quitarle la vidaantes que se llegue a Sara;que aun de aquella hermosa caratengo envidia conocida.Querría que los deleitesdel hombre aun fuesen tan malos:que estos mortales regalosfuesen fealdades y afeites.Sara no se diferenciade un ángel de mi Señor,cuando con tal resplandorfui lucero en tu presencia.Allá voy; mano, apretadel cuello al lascivo esposo;que le es a Dios enojosono ver limpieza y verdad.Han de tratar los casadoslimpiamente el matrimoniocomo han dado testimonio,todos los Padres pasados.Porque si ha de descenderDios a la tierra, es razónque su línea de varóncasta y limpia haya de ser.No tengo alegría igualcomo cuando Dios permiteque a alguno la vida quite;tanto me deleita el mal.

Cansado de enterrar vengocuerpos de pobres difuntos,pero satisfecho no,y a mis pocas fuerzas culpo.Recibe, Señor, mi intento;que quisiera poder mucho;mísera nada es el hombre:tú eres Dios eterno y sumo.De polvo, Señor, me hiciste:en cubrir de polvo cumplocon mi propio natural,aunque servirte procuro.Quiérome aquí recostar;que el cuidado con que luchono es poco me obligue a sueño;con esto la cama excuso.Dadme, pared, vuestro arrimo,y estad vos un poco mudo,pajarillo, mientras duermo,pues nido en mi casa os cupo;a vuestros golondrinillosdecid que el chillido suyotemplen en tanto que aquídescansa un viejo caduco.O dadles vos de comersobre esas pajas y juncos,y pues a niño me vuelvo,serviránme sus arrullos.

Ésta es ya su condición:no ha de haber cuerpo insepultoa quien no cubra de tierra.

Que estoy cansada te juro.

¿Dónde está, señora, el mozo?

En lo que su padre estuvo.

Acto piadoso es el darsepultura a los difuntos.

Es verdad; pero ponerla vida a peligro, culpo.

Obligar a buen señorsiempre honroso premio tuvo.¡Oh! Hele allí donde duerme:¡Señor!

¡Tobías!

Escuchotu voz, mas no puedo abrirlos ojos.

Toda me turbo;¿qué tienes?

Las golondrinasque albergan los troncos durosde esos techos, me han cubiertolos ojos.

Lo que es presumo:que aquel estiércol calientecegarle los ojos pudo.

¡Ay, miserable de mí!

Avecitas, yo os disculpo;porque si Dios no quisiera,su siervo estaba seguro;yo le doy gracias.

¿Qué es esto?

¡Hijo, no sé cómo sufrotantas desgracias!

Mi padre,¿quién de esta manera os puso?

La voluntad del Señory esos pajarillos rudosque no advierten en el daño;a mis culpas lo atribuyo:está Dios de mí ofendido.

Ése es muy lindo discurso;tened agora pacienciay decidnos que no supoel ave el dañío que hizo;haceos santo, pintaos justo;¿a dónde está la esperanzapor quien a tantos desnudosvestistes, y de comerdistes a tantos ayunos,por quién sepultastes muertos?

Señor, con razón acusovuestras piedades, si el cielolas paga a ciento por uno;que bien ciego acabaréisde tan larga vida el curso;pobre de daros a pobressin guardar asilo alguno:mejor fuera...

No queráisseguir el bárbaro impulsode la ira, ni palabrashabléis que me den disgusto;hijos de santos nacimos:la vida esperamos juntosque Dios prometida tieney que en su nombre le anuncioa quien su fe no dejare.

¡Qué bien la vida entretuvoen hacer a todos bien!¡Qué bien su hacienda dispusopara la vejez cansaday para este amargo punto!

¡Madre, no le deis dolor;en buenos pasos anduvodesde sus más tiernos años!

¿Tú le disculpas?

Disculposus obras, de virtud llenas.Dios, cuyo inmenso y profundoentendimiento no puedeentender otro ninguno,sabe la causa y razón.

El Dios que su pueblo trujoa tierra de promisióncon mil victorias y triunfos,y cubrió los altos carrosdel rey Faraón perjuro,sus caballos y sus armascon la arena del mar Rubio,te dé su gran bendición;dame estos hombros, que gustode que mi báculo seashasta llegar al sepulcro.

¡Dios os guarde, padre mío!

De esto, aunque ciego, te alumbro;que la paciencia en los maleses el mayor bien del mundo.

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