La historia de Tobías — Acto II

Ando, Tamar, asombradoy como fuera de mí:siete veces se ha casadodespués que al monte me fuia apacentar mi ganado.

Siete son, Bato, con estalas que se ha casado Sara;pero apenas manifiestael alba su lumbre clara,cuando es entierro la fiesta;que antes del amanecerya estamos todos llorando.

¡Siete veces! Puede ser,Tamar, que te estés burlando;¿es de bronce esta mujer?

Siete con este marido,que los seis ya se los cubrela tierra.

Valiente ha sido,pues en tan extraña guerrasiete veces ha vencido:¡Oh! si nos diera unas señas,si no dices testimoniospara que de ciertas dueñascesaran los matrimoniosque diz que duran por peñas!Es hermosa: habrá vencidocon hermosura la vidadel más robusto marido.¡Oh terrible esposicida,pues que de tantos lo ha sido!¡Voto al sol! que fui dichosoen no poder merecerser de mi señora esposo;que con tan fuerte mujer,¿quién puede ser poderoso?Ya estuviera el pobre Batohecho, sin carne y sin liato,calavera de rocín.

Ya espera Ragel el finde aqueste a su vida ingrato,que anoche se desposóhabiéndose muerto seis.

¿Cómo este hombre se atrevió?

Porque, en fin, hombres nacéisy porque amor le obligó;es tan grande la bellezade Sara, que aunque ven muertostantos con tanta fiereza,y están de su muerte ciertos,y él se la da con tristeza,se oponen mil cada día.

¡Oh, gran fuerza de hermosura!De mí jurarte osaría,que amándola con locuraquiero más la vida mía!Si fuera cuatro docenasde palos, yo los tomaracon cuatro mil norabuenaspor la belleza de Sara,de que están las almas llenas.Pero morir por conciertosson casos muy desastradossi no son ejemplos ciertos,por decir que los casadostodos amanecen muertos.

Antes no hay más dulce vidaque la de un casado.

Sientoque es acertando escogida,mas errando el casamiento,muerte cierta y conocida.

Tú no debes de saberel secreto de estas muertes.

¿Qué secreto puede haber?

¿Luego de todas no adviertesque es la causa esta mujer?Porque un espíritu fierode noche se los ahogacomo de este novio espero,si no es que el cielo derogaesta ley con el postrero.Que este número de sietemás felicidad promete:Dios cielo y tierra crióen siete días, y dioquien mar y tierra sujete,y descansó en ese día:y así puede ser que ahoradescanse quien esto guía.

¿Espíritu?

Mi señoralo dice.

Pues, Tamar mía,dame presto mi recadode harina, de aceite y sebo.

Parece que te has turbado.

Dame presto lo que llevopor todo el añío al ganado,que no he de volver acá.Espíritu, ¿y dónde estáese que ahoga maridos?

Por lascivos y atrevidos,Bato, la muerte les da.Mas tú ¿qué tienes que ver?

Si yo he deseado sermarido también de Sara,¿no puede matarme?

Para:di que yo soy tu mujer.

Más peligro.

¿Cómo?

Advierteque si ese Espíritu fuertea esos novios muerte da,algún criado tendrápara que nos dé la muerte,o viniendo de ganarsiete muertes de barato,si se debe, del pesardará la muerte de Batopor marido de Tamar:no me casare en mi vida:Espíritu, estoy temblando.

Luego que el alba vestidade oro y luz se va mostrando,se vee la cama homicida.

Déjame, por Dios, Tamar;que estoy temblando de miedo.

Aún no me atrevo a llegar.

Ni yo parece que puedotantas desdichas mirar.

Corred aquesa cortina.(Véase en una cama el desposado y el DEMONIO que le ahoga, y SARA de rodillas, vestida.)¿Qué es esto?

Ya te obedezco,alta majestad divina.

¿Posible es que ver merezcomi casa en tanta rüina?

Tú, que en trono de marfily electro, asiento tomaste,manda a este espíritu vil;que como siete mandastemataré setenta mil.Manda a quien tienes cautivo,que con fuerza poderosano deje ni un hombre vivo:porque hacer mal es la cosade que más gusto recibo.

Sara, ¿qué es esto?

Señor,Men sabe Dios mi inocencia.

Temblando estoy de temor.

El cielo nos dé paciencia,y en tantas penas valor:cerrad, e iremos a dara mi yerno sepultura.

Ya no sé cómo llorar,padre, tanta desventura,aunque me convierta en mar;Dios, cuya bondad inmensalos pensamientos conoce,si alguno engañado piensaque no quieres que me gocepor ocasión de mi ofensa,tú sabes bien la purezade mi pensamiento casto.

Muriendo voy de tristeza;que para mirar no bastotal tragedia en tu belleza.

Detente un poco, Tamar:no me dejes solo aquí.

Éstos te pueden guardarmientras yo, Jorán y Elí,vamos la tierra a cavar.

¡Que le dé tantos enojosesta mi vana hermosura!

Demos tierra a sus despojos,que no la hallaréis muy duraregándola con mis ojos.

Tamar, vuelve acá: detente.

Vela el difunto entretanto,Bato, que vuelve esta gente:¿qué tienes?

Tiemblo de espanto.

¡Qué enamorado valiente!

Mándame tú que revuelva,la onda, y con un guijarroa un lobo en su sangre envuelva,o que al león más bizarrotire un venablo en la selva;mándame que tenga un torodel cuerno hasta que el arenabese en tu honor y decoro;mándame que a una colmenacastre los panales de oro,y no me mandes que veleun difunto, y mas que ha muertoen desgracia de Dios.

¿Suelelevantarse alguno?

Adviertoque ya este difunto huele,y que conviene sacalledel aposento a la calle,por que no dé pestilencia.

Si no ha muerto de dolencia,sino de sólo ahogalle,no puede ser ni perciboolor ninguno por cierto.

Yo notable le recibo,o es que el mal olor del muertose va pasando a algún vivo;huéleme a ver.

Miedo tienes:voyme por no te sufrir.

Tamar, si luego no vienes,para dos te sé decirque sepultura previenes.El Diablo me trujo acá:heme aquí solo, y el muerto,puesto que cubierto está;mas ¿qué importa estar cubierto?Si él quiere salir, podrá.No sé qué tengo de hacer:sospecho que se levanta:ya se comienza a mover:o es la sombra que me espanta;sí, sombra debe de ser.Señor muerto, por amor,también soy enamorado:no se levante, señor,que en verdad que me ha pesadosu desgracia. ¡Qué temor!Hablan, sí: sin duda es él.

Sepultémosle con él.

Mas que lo dicen por mí:novio en pensamiento fui:por Dios que es cosa cruel.

Vayan por él luego al punto.

Que vengan por mí les manda.

Todo el vestido está junto.

Ya tras mis vestidos anda,¡que codicioso difunto!

Bien grande es la sepultura:dos cabrán, cuanto más uno.

Dos dicen: mi desventurame trajo a ser importuno;en tan mala coyunturanunca yo me enamorara;señor muerto, yo no soyde los casados con Sara.

Ya voy por él.

¿Qué es «ya» voy?Por mí vienen, cosa es clara.

Véngame a ayudar alguno.

Como han de llevar a dos,ayuda pide importuno:pues no me han de hallar por Dios,ni llevar dos, sino el uno.A la cocina me voyy tras mí cierro la puerta:ya huelo a muerto o lo estoy.

Dadme el azadón y espuerta.

Espuerta; yo el vivo soy.

El principio del saberes, hijo, el temor de Dios:éste aprendamos los dos;que no hay tan alto aprender.Teme a Dios, hijo, y sabrásla mayor sabiduría:ama y teme, y cada díasabrás de su ciencia más.

Padre, con tales consejosel que no se aprovechase,¿quién hay que le disculpase?

No hay libro como los viejos.Y aunque soy libro cerrado,porque en efecto soy ciego,que me leas bien te ruego,pues que Dios vista te ha dado.Que estoy por cosas extrañas,ya en los caducos despojos,cerrado de hojas de ojos,y abierto de alma y entrañas.Que si aquestas hojas sonde arrugado pergamino,que te han de ser imaginode divina erudición.

Señor, mi madre ha venidode su labor.

¡Gran valor!Susténtanos su labor;mas ¿que es eso que ha traído?Que pienso que oí balarun cabrito.

Verdad fue.Hoy con aqueste podrémi familia sustentar.

Ana, ¿qué es eso?

Un cabritoque por mi labor me han dado.

Ana, mirad no sea hurtado:ya veis el precepto escrito,no nos conviene comerni aun tocar a cosa hurtada:al dueño, mujer amada,luego le podéis volver.

¿Hay malicia semejante,disfrazada en santidad?

Madre, madre, perdonad:no prosigáis adelante.

¡Oh, qué bien has merecidoel vano premio que alcanzael fruto de tu esperanza,por dar limosnas perdido¡Ea, enterrador de muertos,desenterrador de vivos,con tan inciertos recibos,después de gastos tan ciertos!Murmura fundando en bienla condición de hablar mal.

Padre Eterno celestial,cuyos altos ojos venla tierra, el aire, la mary hasta el pensamiento humano,oye mi oración.

¡Qué en vanollora!

No es vano el llorar.

Agora gime.

Señora,ese llanto miserable,que a su barba venerablede sus ojos baja agora,no ha sido sino ocasión,ni dará esperanzas vanasla hierba de tales canasregada con tal sazón.

Justo eres, Señor divino,y tu jüicio y bondad,misericordia y verdady jüicio es tu camino.En tan míseros estados.de mí te acuerda, Señor,y no tome tu rigorvenganza de mis pecados.Señor, no te acuerdes dellosni de los vanos erroresde nuestros antecesores,si nos castigas por ellos.Tus preceptos quebrantamos:por eso en castigo fuertenos das perdición y muertey el cautiverio en que estamos.Por eso quieres que demosrisa, fábula y baldonesa las extrañas nacionesdonde esparcidos nos vemos.Agora son tus secretosgrandes porque no anduvimossinceramente, ni fuimoshumildes a tus preceptos.Finalmente, gran Señor,haga en mí tu Majestadconforme a su voluntad,pero merezca un favor:que en paz mandes recibirmi espíritu, porque yaconveniente me serámás que el vivir el morir.

A lágrimas me ha movido:su muerte le pide a Dios;llevémosle entre los dos,que está en extremo afligido,donde descanse y sosiegue.

Pésame de haber hablado:no esté Dios conmigo airado,aunque él su muerte le ruegue.

Vamos, padre de mi vida,enjugad el tierno llanto;que en darme veneno tantovendréis a ser mi homicida;que sabed que me desalma¡oh lengua, qué presto pecas!Ver sobre hierbas tan secasperlas del alba del alma.No entendí yo en la distanciade cosas tan diferentes,que unas tan cerradas fuentesdieran agua en abundancia.Pero ya estoy satisfechoviendo que lloráis, señor;que la llave del dolorabre el aljibe del pecho.Ciego estáis; mas he notado,aunque por mi desconsuelo,que cuando más llueve, el cieloes cuando está más cerrado.

Mostrad el claro arrebolcon que mi ingenio alumbráis:no lloréis más si lloráis,pues habéis de ser mi sol.De escribir me dais lición:mal con lágrimas se pintala letra, porque es la tintamás blanca del corazón.Perlas lloráis por desprecio;pero como ciego estáis,no viendo lo que lloráis,no podéis saber su precio.Que esos pedazos de hieloson perlas tan soberanas,que las detienen las canasporque no caigan al suelo.Mas venid, padre, conmigo,porque un rato descanséissi en mí descanso tenéiscomo en verdadero amigo.

Hijo, siempre te enseñéa traer muertos en los brazos;tierra soy: tú los pedazosque de mi tierra formé.Dame sepultura en ti,entretanto que estoy vivo.

En mi virtud te recibopara que vivas por mí.(Vanse, y salen TAMAR, BATO y SARA.)Siempre has de estar, ignorante,con las criadas.

No soymal criado, pues estoycon ellas tan adelante.

¿Y tú, sin vergüenza alguna,consientes esto a un pastor?

No me culpes de su errory condición importuna;que es un villano cansado,muy amigo de cocina.

¿Y en qué ley se determinaque eso se tenga a pecado?¿Hay por dicha mandamiento,si dos mil vueltas le das,de «En cocina no estaráscuando hay lumbre y sopla el viento?»,Ni se puede bien culpara un hombre.

Pues, ¿quién te inquieta?

Un poyo con su carpetaque está llamando a sentar.

Adonde están las mujeresno han de entrar hombres, villano,ni en invierno ni en verano.

¿Y tú la discreta eres?Pues dime:¿estarán mejordonde las bestias están?

No, sino al campo se irána entender en su labor.La mujer amase, cueza,guise, labre; el hombre a arar,podar, cavar y cortarleña.

Quebrar la cabeza.¿Dios no dio por compañerade sus trabajos a Adán,a Eva? no sólo el pan.Que el sudor de entrambos era.Aquí la cojo.

Es verdad:pues trabajen los dos juntosy no hay por qué andar en puntos.Partiéndole la mitaddel sudor, cabrá en la casala mujer, y allá tomeel campo el hombre.

Cogióme.

La mujer cuece y amasaen casa; por eso el hombresiega y siembra.

No te espanteque un labrador ignorante,pues le disculpa este nombre,tal vez entre a calentarse.

Si la estopa viene al fuego,¿qué puede haber?

Arder luego,eso no puede negarse.

Pues id allá noramaladonde los bueyes están.

Denme pan.

Daránle pan:vaya a esperarlo a la sala.

Denme queso.

¿Regalitos?

A la cocina me voy.

Por hacerle dar estoy...

Torreznos con huevos fritos.

No, sino crudos y palos.

Denme vino.

Allá a Teresa.

Denme sebo y una artesa,que artesas no son regalos,o vuélvome a la cocina.

Eso le darán después.

Y denme para este mescostal y medio de harina.

¡Mas que me voy enojando,y que ha de llover sobre él!

¿Mas qué?

¡Ah señor, ah Ragel!

¿No ve que me estoy burlando?Vuelva, mire que me voy:cuente los pasos, sí, a fe:uno, dos, tres. ¿Volveré?

No.

Pues en el poyo estoy.

Por ti, Tamar, por tu culpame han de perder el respeto,por ti; pues yo te prometo...

¿Por mí?

Pues ¿tienes disculpa?

¿Ellos no se entran allá?

Si tú ocasión no le dieras,le incitaras, le dijeras:entra, que no hay nadie acá,no se atreviera un villanotan rústico, que en mil díasno ve esta casa.

Aún porfías.

Es darme disculpa en vano,desvergonzada, atrevida,loca, sin honestidad,sin recato, sin verdad.

Tú eres santa y recogida;a la fe que no veamoshijo ni hija de tisobre la tierra.

¡Ay de mí!

Ni fruto que bendigamos.¡Matadora de maridos,que no sé cómo la famade la espada de tu cama,no les abre los sentidos!¿Querrásme matar a mícomo a los siete mataste?Pues a fe que te engañaste,que me he de guardar de ti.

¡Esto escucho a una mujerque me sirve! ¡muerta soy!¡Dios mío, quejas os doy!Vos solo podéis sabersi soy en esto culpadade las afrentas que veo,y si yo, por mi deseo,fui tantas veces casada.Señor, yo no he deseadomis casamientos, que ordenavuestro gusto para penade algún notable pecado,o porque Vos me guardáispara lo que Vos sabéis;que algún secreto tenéisen lo que conmigo obráis.Irme quiero a mi aposento,a donde las ansias míasos muevan, porque en tres díasno pienso probar sustento.Con lágrimas y suspiros,siempre estaré en oración,porque bien sé yo que sonpara vuestro pecho tiros.Y pues que no hay mejor medio,creedme que con lloraros tengo de importunarhasta que me deis remedio.

Oye, Rafael.

Señor.

Dos oraciones oíde dos personas que aquíme están pidiendo favor.En Nínive está Tobías,y Sara vive en Ragés:favor quiero que les des.

Ya parto donde me envías.

Pues baja con forma humana;que allí sabrás lo que quiero.

Ya tu inspiración esperoy voluntad soberana.(Baja con música y dice abajo.)¡Oh, cuánto debe a la bondad divinael hombre, pues le pone en tal cuidado,pues aun airado del primer pecado,el grave oído a su oración inclina!Mientras venir al mundo determinasu santo Verbo, a quien está postradoel Serafín en gracia confirmado,que en el crisol de Dios el oro afina,regala el pueblo de quien carne esperatomar por bien del hombre el dulce díaque baje a donde por librarle muera.¿Qué más clara piedad, pues hoy me envíapara que al hombre, cuando errar pudiera,le sirva un ángel de defensa y guía?

Hijo, en aquesta ocasiónquiero que me estés atento,por ser la que más te importa.

Mi padre, ya os obedezco.

Oye, hijo, mis palabras,y ponlas por fundamentode tu corazón.

¡Ay, padre!Santos son vuestros consejos.

Cuando Dios me lleve a sí,darás sepulcro a mi cuerpo:tendrás en honra a tu madre,acordándote que fueronde tu carne sus entrañasnueve meses aposento.Y cuando ya de su vidacumpliere el preciso tiempo,sepúltala junto a mí,allá honor y aquí consuelo,siempre a Dios mientras vivierestendrás en tu entendimiento,y guárdate de pecar,ni quebrarle algún precepto.

De tu hacienda harás limosna,a ningún pobre volviendoel rostro, y harás ansíque no te le vuelva el cielo:como tuvieres daráslo poco o mucho partiendo,si mucho, mucho; si poco,poco, y con rostro risueño.Para tu necesidadtesaurizas alto premio;limosnas cubren pecadosy libran del fuego eterno.En tu sentido, o tu boca,jamás haya pensamientode soberbia; que es principiode perdición ser soberbio.Agradece el bien al punto:no te quedes con el sueldodel hombre que te sirviese,ni amistad de amigo o deudo;ni fuera de tu mujerocupes lugar ajeno;viste al que vieres desnudo,da de tu pan al hambriento,y no quieras para nadielo que para ti no es bueno.

Ofrece tus oraciones,y vino y pan por los muertos,y no comas con los malos:toma del sabio consejo.Darás a Dios, hijo mío.alabanza en todo tiempo;pide que tus pasos guíe:no salgan dél tus deseos.Quiero que sepas tambiénque cuando eras niño tiernopresté a Gabelo en Ragés,y esto en plata, diez talentos.Y aunque ya siento tu ausencia,quiero que vayas por ellos,y a Gabelo restituyassu firma y conocimiento.No temas, hijo, aunque agoratan pobre vida pasemos;que muy rica la esperamos,y con tesoros inmensos,si temiéremos a Dios,y guardando sus preceptos,de pecar nos apartamosy al prójimo bien hacemos.

Cuanto me habéis enseñadoharé, padre, muy contento,mas no sé cómo podrécobraros ese dinero;ni él me conoce, ni yole conozco; ¿cómo puedopedírselo, o con qué señas?Y el camino, fuera de esto,de ningún modo le sé.

Cuanto al dinero, yo tengoel conocimiento aquí,que en viéndole, estoy muy ciertole pague de buena gana,con justo agradecimiento.Cuanto al camino, algún hombrepuedes buscar que sea diestro,y porque te lleve y guíele daremos su estipendio.

Pues yo voy, padre, a buscarle.(Sale RAFAEL.)Pero detente, mancebo.

¿A quién llamas?

Por la callepasa un caminante bello.

¿Pues en qué ves que camina?

En el bordón y sombrero.

¿Llámasme?

A ti te llamo.

¿Qué me quieres?

¿De do bueno?

De los tribus de Israel.

¿Sabes mancebo, aunque lejos,el camino de Ragés,en la región de los Medos?

Sí, que mil veces le anduve,porque he estado con Gabelo.

¿Con Gabelo?

Sí.

Por Dios,que me esperes un momento.Padre, el mancebo que os dijesabe el camino que emprendo,y la ciudad, porque ha estadocon Gabelo.

Buen suceso;llégale a mí, por tu vida.

Yo voy; peregrino bello,mi padre te quiere ver:entra a su pobre aposento.

Vamos, Dios te salve y déalegría, honrado viejo.

¿Qué alegría, noble joven,si en las tinieblas me asientoy de la luz celestialcomo me miras carezco?

Buen ánimo: ya se acercatu cura.

¿Podrás, mancebo,llevar mi hijo, y tendrása la vuelta cierto el premio?

Yo me ofrezco de llevarle,y de volverle me ofrezco.

Dime de qué casa eres,y de qué tribu, te ruego.

¿Buscas caminante noble,o caminante maestropara que enseñe a tu hijo?Mas porque no estés suspenso,yo soy Azarías, hijode Ananías, no el pequeño,sino el grande.

De gran casa;pero como viejo y ciego,te pido que me perdoneslas preguntas que te he hecho.

Yo te traeré el hijo tuyosano y salvo.

Así lo creo;id enhorabuena, y Diossea en el camino vuestro:su Ángel santo os acompañe.

Lo necesario llevemos.

Estas alforjas, Tobías,aunque de poco provecho,tienen algo.

Este bordónpara muchas cosas llevo:el perro se regocija;¡to! Melampo, lindo perro,¿quieres caminar conmigo?Dice que sí, caminemos;padres, adiós.

Mis señores,adiós.

¡To! Melampo: creoque no nos has de dejar;padres, Dios me vuelva a veros.

¿Qué es lo que has hecho? Rompisteel báculo y el gobiernode nuestros años. ¡Pluguieraa Dios que nunca el dineroa Gabelo hubieras dado!La pobreza que tenemosera riqueza con él.

No llores: sosiega el pecho;sano volverá a nosotrosnuestro hijo, porque piensoque el Ángel de Dios le guía;que sus cosas disponiendo,nos le volverá con gozo.{{Pt|ANA:|En su piedad santa espero.

Esperanza puesta en Dios,siempre tiene a Dios por puerto.(Vanse, y sale BATO con una cesta, y JORÁN.)

Hechas ya las amistades,según me ha dicho, señor,y porque siempre el amorpaga en ricas voluntades,traigo un presente a nuesamade lo mejor que topé.

¿Qué tal el enojo fue?

¿No te le ha dicho la fama?Pues ¡voto a mi sayo el viejo!Que me dicen que en tres díasno comió por más porfías:tal la tuvo el sobrecejo.

Tres días oí decirque estuvo Sara llorando,mas era al gran Dios orando.

De eso fue causa el reñir,porque dicen que Tamarla llamó matamaridos.

¡Qué palos bien merecidos!

Yo me pretendo casarcon ella a ese efeto solo.

¿Qué efeto?

Dalle una tundade palos.

La vez segundaque casó con ella Etolo,había de escarmentarsu padre, y no esperar siete.

Parecen puercos que metepor el Noviembre a matar;hétela aquí, ¡voto a mí!

Con ella viene Ragel.(Salen RAGEL y SARA.)

Pues vaya Sara, Ismael.

Mientras hablaren aquí,a Bato quiero engañarcon un disfraz, de tal modo,que me dé el presente todo,y ayudaráme Tamar.(Vase.)

Yo haré que vaya al ganadoy que llame los pastores.

Haz que vengan los mejoresy más valientes del prado.

Vete a prevenir a Elí.

Ya voy.

Y yo a verte llego,(Vase RAGEL.)Más que de vergüenza, ciegode ver la luz que hay en ti.

¡Bato!

Dame diez estrellassólo con las manos darme,para que pueda alabarmeque puse la boca en ellas.

Seas, Bato, bien venido.

Señas son que ya no estásenojada.

Nunca más;¿qué es eso que me has traído?

En buena confirmacióndestas santas amistades,que duren por más edadesque el tribu de Zabulón,te traigo, Sara, en presentetoda esta cesta de cosas,no preciosas, amorosas,con ánimo diligente.Un queso tal, que bien creoque hacerte ratón merece,cuya corteza pareceque viene escrita en hebreo.No traigo frutas, ni enjutasservas, ni pero ningunocon su afeite, por si algunoespera que pinte frutas.

Que andan unos, no sé quiénes,copiando y diciendo mal;pero tráigote un panal:tal viera yo tus desdenes.Con tantas casillas bellasque las abejas hacían,que parece que queríanaposentar las estrellas.Toda en encerados velossu miel, porque las adules,antes fue flores azules:tal hace el amor los celos.Si como él casas, tuvieraalmas, sin duda ningunaque pusiera en cada unaun alma que te ofreciera.Traigo de tres ruiseñoresun nido con todo el colmode heno y paja, que de un olmobajé y entoldé con flores.Acá los puedes criarcon pasta de almendra y huevos,muy menuda, que son nuevosy no la podrán pasar.Después habrá corazóntan picado como el mío,y cantarán, yo los fío,porque nacen en prisión.Que el que gozó libertadcomo y, mal canta preso;mas veréis cómo os confiesomi pobreza y voluntad.porque en daros ruiseñoresdigo que el presente es ruin,y vos, señora, que en finlo sois de vuestros pastores.

Estimo la relaciónen tanto como el presente;di a Tamar que te aposentemuy bien, que es mucha razón:y dale la cesta, y dique me la guarde.

Yo iré,y la cesta le daré,pues vos lo mandáis ansí.que después podré pediroscierto favor.

Aquí estoy.

Contento en extremo voy.(Vase BATO.)

Yo quedo con mis suspiros;los cielos he consultado,y al alto Dios he pedidome libre, y pienso que ha sidomi ruego humilde escuchado.Preguntar quiero a la tierra,al prado, al eco y al viento,y a mi propio pensamiento,la paz de tan triste guerra.Que de falta de consuelotan vanos remedios sigo,que me entretengo conmigo,y mis desdichas desvelo.

(Responden dentro con MÚSICA a los ecos de este soneto.)

¿Qué es mi cuidado, paz o guerra?

Guerra.

¿Va errado el gusto aquí encerrado?

Errado.

¿Y habrá perdido por callado?

Hallado.

¿Y si el deseo se desyerra?

Yerra.

¿Cierro la puerta al mal que encierra?

Cierra.

¿Tendré acaso algún bien prestado?

Estado.

¿Pues qué es la suerte en mi cuidado?

Dado.

¿Y todo lo que a Dios destierra?

Tierra.

¿Vino mi bien dulce adivino?

Vino.

¿Cómo iré a oír su voz gloriosa?

Osa.

Pídale a Dios que no se impida.

Pida.

¿Es esperarle desatino?

Tino.

¿Pues posa cerca de su esposa?

Posa.

¿Hay muerte ya que aquí resida?

Es ida.

Tendré por felice agüero,viento, esa dulce respuesta;pues que ya el bien manifiestaque de mi remedio espero:tan puramente he vivido,señor, como sabéis vos,que aun el pensamiento a Diosno puede serle escondido.Todo sois ojos y manos,todo lo sabéis y veis,y como tal, conocéislos pensamientos humanos.(Sale BATO.)

Yendo a buscar a Tamarpara darle aquella cesta,me dijo ahora Dorestaque era subida al pajar.Subí, y en lo más oscuroun bulto blanco me hablópor mi nombre, y me obligóa más de un fuerte conjuro.Díjome, en fin...

¿Pues asítiemblas?

Temo que no vuelva.

Bato, en el monte y la selvaduermes, ¿y tiemblas aquí?

Díjome que un año habíaque en aquel pajar penaba,que desde entonces estabasin comer.

Muerto se habría.

Que la diese aquella cesta.

¿Dístesela?

¡Si me llamópor mi nombre!

Él te engañó;necedad fue manifiesta.

Él no me ha engañado a mí,sino a ti.

Suceso raro.¿a mí, por qué?

¿No está claro,si te di la cesta a ti?

Bien dices; voy a saberquién es el muerto fingido.

Dijo que era tu marido.

No te puedo responder.(Vase SARA.)

Enojada se ha conmigo,mal hice en nombrar los muertos,ya de su tierra cubiertos;otra vez soy su enemigo.Mas que me engañen a mícon tantas harbas... ¿Qué haré?Pero yo me vengaré;cesta y amistad perdí.(Vase, y salen TOBÍAS, el ÁNGEL y el perro.)

Apenas siento el áspero caminocon tus razones santas y agradables,que aun parece que el perro que nos siguecon el son de la voz recibe aliento.

De tres maneras es, Tobías caro,esta efusión de la bondad suprema,que por generación es la primera,y por expiración es la segunda,y por creación es la tercera, advierte;que las emanaciones dos primerasson abeterno, y la tercera en tiempo;de la cual solamente diré agora.

¡Qué notable doctrina, qué divina!Pero como es tu cara es tu doctrina.

Entre criar, hacer y engendrar, vemosgran diferencia, que el criar, de nadahace que salga aquello que se cría,mas lo que se hace de algo, se hace y sale,porque hacer es obrar de otra materia.

Concepto voy haciendo, aunque ignorante,de lo que dices.

Dios es de las cosasde tres maneras causa: es eficiente,ejemplar y final, mas de ningunapuede ser material.

Todo lo entiendo.

Entre el obrar de Dios y la criatura,hay esta diferencia: que Dios obraen un instante, el ángel de repente,y la naturaleza poco a poco;los primeros principios de las cosas.son de Dios inmediatos.

Adelante.

La materia y la forma...

Espera un poco.que hemos llegado al Tigris.

Este ríose llama Tigris porque en lengua MediaTigris quiere decir flecha, y su cursoes tan veloz, que le llamaron flechapor la velocidad con que se escapade la cuerda del arco que la tira.

Los pies quiero lavarme: que los traigollenos de polvo, si me das licencia.

Aquí te aguardaré.

Cristales puros,no os ofendáis que en vos los pies me lave;siéntome aquí.

Descálzate.

Comienzo.Señor, señor, ayúdame.

¿Qué es eso?

Ayúdame, Azarías, que me quieretragar aqueste pez.

Cógele y tira:no hayas temor.

Favor, divino cielo,¡qué temeraria bestia!

Ten buen ánimo.

Ya le tengo en la tierra.

Ábrele luego.

Mejor será pasalle a aquella orilla.

La hiel y el corazón has de sacalle.

Aunque está palpitando se defiende;mas corazón y hiel, ¿de qué aprovecha?

Muy presto lo sabrás.

Yo te suplico,Azarías querido, que me digaspara qué serán buenos.

Si en las brasaspones el corazón, el humo solodestierra los demonios, y no vuelveneternamente a la mujer, o al hombre;la hiel, puesta en los ojos del que es ciegole da la vista.

¡Oh pez maravilloso!Extraña es su virtud, mayor la tuya,pues que sabes secretos tan extraños.

Vamos donde le partas y le sales,para que en el camino nos sustente.

¡Gracias te doy, gran Dios Omnipotente!Nunca el socorro de tus manos tarda.

Pues deso sirve el Ángel de la Guarda.

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