Los trabajos de Jacob — Acto I
¿Para qué quieres saberlas desdichas de un cautivo,dichosas en tu poder?
Sin el gusto que recibo,es condición de mujer,y yo me entretengo así.
Puesto que os sirva aquí,lastimaré mi memoria.
Cuéntame, Josef, tu historia.
Pues, Nicela, escucha.
Di.
Después del robo de Dina,vino el gran Jacob, mi padre,a ver a mi abuelo Isaac,a Orbea, en el verde vallede Mambre, tierra de Abraham,habiendo perdido antesla bellísima Raquel,muerta con dolor notabledel parto de Benjamín,de los dos querida madre.Cumplió ciento y ochenta añosIsaac, y para enterrarle,vino Esaú, de Seir,con sus fuertes capitanes.Crecí yo, mas porque luegoal oficio me enseñasede pastor, con mis hermanosiba al campo a ejercitarme.
Por las frentes de los montesvía, entre blancos cambiantesde nácar blanco y azul,la rosa aurora que sale;pero si bien no extendíamis pensamientos infantes,más que a contemplar los vientos,hijos de tantas edades,y al ver revolver los cielosen sus quicios celestiales,trayendo y llevando díassin cine a sus términos falten;como se alegraba el campocuando el sol entraba en Aries,y cómo al dorar la Virgentantas espigas esparce;entre aquel rudo atender,cómo las ovejas pacen:las danzas de los corderoscuando declina la tarde;el ver los celosos toros,y considerar, que andenalgunos hombres sin celos,sobrando a los animales:pensaba, Nicela, a vecesen los vicios detestablesque en mis hermanos había,de que avisaba a mi padre.
Hízome malquisto entre elloseste cuidado importante,que no es chisme el que es aviso,si importa el mal remediarse.Amábame a mí Jacob,no porque tuviese partes,mas por haberme engendradoen su vejez venerable.Hízome él mismo un vestido,por vestirme y por honrarme;creció la envidia, que siemprefue polilla de los trajes.Contéles un día un sueño,si bien pudiera excusarle,mas quísolo el cielo así,yo lo pago y él lo sabe.«Soñé, les dije, que un díaque ligando nuestros haces,la fértil mía, entre todaspudo en alto levantarse,y estando crecida asíque las vuestras circunstantes,para adoralla, queríansobre la tierra humillarse.»
Respondieron: «¿Por ventura,serás nuestro rey? Que talesrazones muestran que quieressujetarnos y ensalzarte.»Soñé después otro sueño,y díjeles una tarde:«Once estrellas, como a soly la luna, vi adorarme.»Esto me riñó Jacob,diciendo: «¿Cuando te llamessol, tus hermanos y yopresumes que han de adorarte?»Aquí no pudo la envidiani encubrirse ni enfrenarse;que comenzaron por ellaa ser los hombres mortales.Pasados algunos días,me envió a Siquen mi padrepara que a mis diez hermanosen el campo visitase.Pasé del valle de Ebrón,y como no los hallaseen Siquen, fui a Dotaïnentre laureles y sauces.Viéronme venir de lejosy concertaron matarme,y muerto echarme en un pozoque estaba entre unos jarales.
«Veamos, decían todos,si podrán aprovecharlelos sueños»; a quien Rubénrespondió para librarme:«Hermanos, no le matemos:mejor acuerdo es echarlevivo en el pozo, que hacerun delito tan infame.»Llegué, y acabando apenas,Nicela, de saludarles,hasta la túnica míacomenzaron a quitarme.Metiéronme en aquel pozo,que de muchos tiempos antes,fueron estériles añospoderosos a secarle.Sentáronse cerca de éla comer, mas no te espantesde que, vengada la envidia,coma, sosiegue y descanse.Estando, pues, en alfombrasde floríferos esmaltes,comiendo de sus envidiasy bebiendo de su sangre;vieron venir por el campo,conocidos por el traje,ismaelitas mercaderescon camellos y bagajes,que de Galaad traíanaromas, y de otras partes,para vender en Egipto;a quien por veinte reales,y por consejo de Judas,para que no me matasen,me vendieron a tu esposode la manera que sabes.
Notable historia.
Espantosa.
¡Qué grande dolor daríaa tu padre!
En él seríauna flecha venenosaque llegase al corazónjuntamente con la nueva;o sería heroica pruebade su noble condición.
¿Cómo no les dio piedadtu belleza, Josef mío?
(Aparte.)Ya comienza el desvaríode su loca voluntad.
Si yo me hallara al venderte,mil vidas diera por ti,o me mataran a míintentando el ofenderte.
Honrar un esclavo tuyoes propio de tu valor.
(Aparte.)¡Qué este no entienda mi amor!Si el entendimiento suyoel límite humano pasa,y con divinos efectosse muestra en varios conceptostan admirable en mi casa,y a los soldados de quienes capitán mi marido...
Pienso que me he detenidoy que no parece bienque esté un esclavo, señora,en tanta conversación;¿qué mandas?
Oye.
No sonlas razones para ahora.
Mira que quiero mandarte.
Si es mandar que me detenga,podrás después, cuando venga;que voy ahora a otra parte.
¿Qué pretendéis, pensamiento,de un esclavo? ¿Qué queréis?Pues de que en esto penséisse corre el entendimiento;tan humilde rendimientomal con vuestro ser conforma,pues hacéis que de este formase transforme en mi señor,Josef, si mi loco amoren su esclava me transforma.
¡Famoso ha estado el alarde!
Y contento el Rey quedócuando tu gente pasó.
Pasó lucida, aunque tarde.
Aquí mi señora está.
¡Nicela mía!
¡Señor,con mejor música, amor,tan buenas nuevas me da!¿Cómo venís de favoresdel Rey?
Vuestro gusto, amor,tengo por favor mayorque los favores mayores.
Voy a prevenir, mi bien,donde podáis descansar.
Fuera de vos no hay lugardonde descanso me den.Recoged esas banderasvosotros, y haced la guardaque os toca.
¡Vista gallarda!
No la vi.
Llega ¿qué esperas?
Dame, gran señor, los pies.
¡Oh, Josef! ¡Oh, mi queridoJosef!
Quien tu esclavo ha sidomás con tu favor lo es.
Levanta, levanta.
El cielote levante a tal lugar,que te puedan estimarcuantos hoy estima el suelo.
No tengo, Josef, amigo,criado que estime tanto;pienso que eres justo y santoy que Dios está contigo.Como se me ha hecho biendespués que en mi casa estás,y como la aumentas más,aumentas mi amor también.Tú gobiernas mis criados,y quisiera que pudierasregir también mis banderas,capitanes y soldados.
A tantas obligacioneshalle el silencio respuesta,la boca en la tierra puestaa donde las plantas pones;mil veces tu esclavo soy.
Señor, el Rey te ha enviadoa llamar.
No he descansado,ni sin las armas estoy,¿y el Rey a llamarme envía?
Haz tu gusto, gran señor;que quien sirve con amoren buena esperanza fía.
Di que voy; Josef, adiós:gobierna esta casa en tantocomo dueño.
El cielo santote guarde.
Y guarde a los dos.
Inmenso Rey del cielo,que me librastes con tus santas manosdel envidioso celode mis fieros y bárbaros hermanos;tu gran piedad alabo,pues dueño soy a donde me vi esclavo.No sacará la frenteel aurífero sol por estos montes,de luz resplandecientecoronados sus altos horizontes,cuando juntas las palmas,más que faltan estrellas te den almas.Ni la noche sombríala servirá de máscara la caracon que disfraza el día,que en los umbrales del ocaso para,cuando te ofrezca el pechoen holocausto un corazón deshecho.
¡Josef!
¡Señora!
¿Qué haces?Pero dijera mejor,según me trata tu amor:Josef, ¿qué es lo que deshaces?Tu obligación satisfacessu dueño injusto sirviendo,no a mí, que traes perdiendoel sentido que tenía.
¿Qué dices, señora mía?¿Qué dices que no te entiendo?
Ya vengo determinada:déjame, honor, que el amor,luego que pierda el temor,estima su fuerza en nada.
La vista tiene turbada:verdad infalible fuelo que siempre sospeché;pero mi justa lealtadvencerá su voluntad,y su inconstancia mi fe.
¿Dónde es ido tu señor?
El Rey le envió a llamar.
Tú tienes, Josef, lugarde satisfacer mi amor.
Más debe de ser furorel que te mueve a inquietarme.
Y el que te mueve a matarme,¿que nombre puede tener?Advierte que soy mujery he llegado a declararme.
¡Válgame Dios!
Tu venturaestima, esclavo dichoso,pues a un hombre generosodesprecio por tu hermosura;las armas, cuya luz puraal sol le pudieran dar:las plumas, que coronarpudieran sus hebras de oro,todo su ornato y decoro,por ti lo vengo a dejar.Quiéreme bien y tendrás,regalos no imaginados;ahora mandas criados,después dueños mandarás,porque tú señor serásy yo esclava de tu amor;si de tu dueño en rigorsoy alma, serás ahorael señor de tu señoray el alma de tu señor.¿Qué te hacía yo que aquívienes, Josef, a inquietarme?Culpa has tenido en mirarme;yo no te miraba a ti;sin mí estoy; vuélveme a mí:allá me has hurtado, y muerto:que fuiste ladrón te advierto,y que te haré castigar,porque tras hurtar, matares el mayor desconcierto.Sin esto, debéis de serhechiceros los hebreos;que quien engendra deseos,más que hechizos sabe hacer;pues no quererme querery hechizarme, ¿qué delitomayor se ha visto ni escrito?
No digas más, que aun oyendo,pienso que tu honor ofendosi hablar en él te permito.Señora, dos cosas veocontra ti, y aun contra mí,que me defienden de ti,y aun a ti de tu deseo:del alto Dios en quien creo,la fuerza, porque es inmensacon el inmenso la ofensa:la de tu honor y marido,porque al honor ofendidono tiene el amor defensa.Si su casa me ha fiado,su honor, sus llaves, su hacienda,¿fuera justo que yo emprendasu ofensa tan obligado?Deja ese inútil cuidado,y para excusar enojos,no me mires con los ojosde amor, porque suele amorhacer la letra mayor,como mira con antojos.Mírale con la bellezaque entra del arnés vestido,tan gallardo, tan lucido,de tanta marcial riqueza.Mira luego mi bajeza,roto, pobre, humilde, esclavo;con que de decirte acaboque quiero morir primero,y que tu amor vituperoy mi resistencia alabo.
¡Tente, tente! ¡Aguarda! ¡Espera!
¡Suelta el manto!
Suelta, infame,el alma.
Que me disfametu amor quiere Dios que quiera.
¡Perro! ¿Tu error perseveraen ser ingrato conmigo?
Que es imposible, te digo,a mi señor ofender.
Soy mujer.
Eres mujer,que es el mayor enemigo.
No te tengo de soltar.
La capa te dejarépara señal de la feque he guardado a Putifar.Ahí te puedes vengar,si no es que tus vicios tapa;y así liarás en esa capa,con venganza de mujer,lo que el toro suele hacerdel hombre que se le escapa.
¿Qué es esto?
¿Ya no lo ves?El esclavo que adorabas,que me ha querido forzary me ha dejado la capa.
¿Qué dices, Nicela?
Digoque ha muchos días que andaeste vil esclavo hebreo,todo tu gusto y privanza,solicitando mi amor.Sufrí, callé, porque estabatemiendo tu justo enojo.Ya lo has visto; aquesto pasa.
¡Soldados, criados, gente!¡Hola, capitanes, guarda!
¡Señor!
¿Dónde está Josef?
¿No salió de aquesta sala?
Agora salió de aquí,que como su dueño estabacon el Rey, halló ocasiónpara una traición tan baja.¡Forzarme quiso, ay de mí!Defendiéndome, la capame dejó, como habéis visto.
Perdona, señor, si hablatan atrevido contigoun soldado de tu guarda.Tuya es la culpa de todo.
Prendelde.
Esta vez acabala privanza de Josefy la envidia que me daba.
¡Que ha sido tan atrevido!¡Que un esclavo en tierra extraña,que compré para servirlos caballos de mi casa,se atreviese a su señora!
¡Anda, perro!
¿Por qué tratasdesta suerte a un inocente?
¡Mal haya la confianza,perro, que tuve de ti!¡No te vendieron sin causatus hermanos y parientesdentro de tu misma patria!Llevalde a la cárcel luego,ponelde grillos y guardas;muera en una soga vily no con egipcias armas.
Señora, tu...
¡Calla, perro!Así los ingratos paganlo que a sus señores deben.
Eres mujer que me espanta;pero viva mi inocenciay máteme tu venganza.
¿Tú tienes atrevimientode decirme esas razones?
Deben de ser mis pasionesde algún caballo o jumento.¿No soy hombre con narices,ojos y frente?
Sí eres;mas no a todas las mujeresdicen lo que tú me dices.
¿Pues qué te digo yo a ti?¿Esto solo te fatiga?¿Es milagro que te digaque me chamusco por ti?Cuando a Dina, mi señora,y de mis amos hermana,le dijera esta mañanalo que a ti te digo agora,¿fuera justo respondercon melindres, y tú no?
Con su ejemplo quiero yopor mi honestidad volver.
Soy tu igual.
Eres mi igual;pero no te tengo amor,y para hacerte favorno hay cosa tan desigual.
¡Ah, qué santas os fingísen llegando a no querer,que en queriendo, no hay mujer,por mucho que presumís,aunque al principio se escurrapor lo grave y bachiller,que no se deje ponermás albardas que una burra!
Bato por esto o esotrono seré tuya en mi vida.
Pues oye, engañosa Lida,qué maldición te quillotro:prega a Dios quieras a otrocon las crueldades que escucho,que siempre trabajes mucho,y que siempre comas poco,y tu esposo los regalosal matrimonio te niegue,que la olla se te peguey él te pegue muchos palos.
Oye: un poco te desvía;que Jacob, mi señor, viene.
¡Oh! ¡Qué necio amor que tienequien de vosotras se fía!
Excusad el consuelo,que no le pueden ya tener mis ojos,a quien mortal desvelocubre de penas, lágrimas y enojos,y por mi bien perdidodel alma, en la memoria no hay olvido.Su lastimosa historiade Josef, mientras yo viviera, vivaen mi triste memoria;tanto dolor pensándolo reciba,porque fueran agraviossi faltara en mis ojos y en mis labios.
Jacob, mi padre amado,¿de qué sirve traer a la memoriael dolor olvidado,y aquella triste y lastimosa historia?Josef murió, ya es hecho:ya rasgué mis vestidos y mi pecho.
Haber visto mis ojos,Rubén, aqueste campo, dio materiaa mis justos enojos.
Yo juzgara por última miseria,padre, de polo a polotu pena, si a Josef tuvieras solo.Pero si aquí te quedanonce hijos, señor, ya es cosa injustaque tus penas excedan.
Yo la tengo, Isacar, por la más justade la desdicha mía,pues más que a todos a Josef quería.En mis años mayores,le engendré de Raquel, de aquella hermosaRaquel, de mis amoresprimera causa y ocasión dichosade servir catorce añossufriendo injurias y llorando engaños.
Pues dime, ¿no te quedade la misma Raquel, Benjamín bello,que consolarte pueda,hermoso de ojos, rico de cabello,de habla dulce y suave,que sigue un oso y que matarle sabe?
¿Hay aquí algún pastor?
Aquí está Bato; mira qué le mandas,nuestro padre y señor.
Parte si agora en sus ganados andas,y a Benjamín, amigo,di que a ver a Jacob venga contigo.
Voy a servirte.
El cieloque me dejó vivir tan largos años,permita algún consuelo.
Lida está aquí.
Sintiendo estoy tus daños.
¿Qué hay de mi hija Dina?
Que solo el campo a soledad la inclina;huye de ver la gente,como si fuera en la traición culpadade aquel mozo insolentede quien fue bien querida y mal gozada.
No es mucho que la venza,aunque no tiene culpa, la vergüenza.
Al pie de aquella fuentete aguarda, Benjamín, tu padre anciano,creciendo su corrientememorias tristes de tu muerto hermano.
¿Y quién con él venía?
Isacar y Rubén.
Ventura es mía.Por él solo dejarade matar y seguir aquellas fieras,padre y señor.
La carade mi Raquel.
Dame tus pies.
Espera;que dilatando abrazos,podrá quejarse el alma de los brazos.¿Qué hacías, hijo mío,hermoso como el sol cuando amanece,sobre el tierno rocíoque las hierbas de aljófares guarnece,fabrica falsas perlas,inclinando los ojos a cogerlas?Amor imaginaba,y así vienes agora, vida mía,con arco y con aljaba;mas decirte requiebros no quería,que es despertar la fieraque dio muerte a Josef, pues hoy viviera.
Padre y señor querido,ojalá fuera yo vida que dieraconsuelo a tu afligidopecho, que a tanta dicha lo tuviera,que por que te animara,no Benjamín, consuelo me llamara.Raquel me llamó hijode dolor, que por causa de su muerte,memoria en que me aflijo,quiso que me llamase desta suerte.¿Cómo daré consuelo,si nombre de dolor me puso el cielo?
Como en septiembre saletal vez rojo clavel, y del nativoprimer color se valecontra la fuerza del calor estivo,y como flor tardía,al dueño del jardín causa alegría;así, Benjamín mío,naciste tú para aliviar mis daños,como flor en estío,en el septiembre estéril de mis años,causándome alegría,y más al tiempo que el jardín perdía.Vente, mi bien, conmigo,que en las orillas de esta fuente quierohablar solo contigo.
Si soy el fruto de tu amor postrero,más cerca en la memoriatendrás de tu Raquel la dulce historia.
Si esto no me declaráis,¿a dónde está vuestra ciencia?
Señor, no alcanzo a sabercausas que son tan secretas.Las diferencias de sueñostienen varias diferencias,de que nace confusiónen los que las interpretan.Si es este sueño animal,bien puede ser que procedade tu mismo pensamiento.
Algunas cosas revelael cielo, invicto señor,en el sueño al que las sueña.
Ignorantes sois los dos.¿Vosotros tenéis la escuelaegipcia? ¿Leéis el cursode los cielos y planetas?¡Qué Mercurios Trimegistos!
¡Cielos, aquí se me acuerdade aquel Josef que en la cárcelme dijo cosas tan ciertas!Dame tus pies y perdonami olvido.
¿De qué manera?
Porque te hubiera servidosi mi memoria no fuerade hombre que sirve en palacio,que de sí solo se acuerda.Cuando mandaste prendera mí y al que tenía cuentadel pan, estaba en la cárcel,por cierta injusta querella,un mozo hebreo, y a quienel Alcaide nos entrega,porque en extremo le amaba:tales sus virtudes eran.Soñamos en una nochelos dos presos, cuando apenasdaba lugar el auroraque se viesen las estrellas,dos sueños que le contamos,y fue de los dos tan ciertala interpretación, señor,que un átomo no discrepa.Yo soñé que vi una vidque tres sarmientos la cercan,a quien luego flores y uvasdieron adorno y belleza;que yo tu copa tenía,y exprimiéndolas en ella,te daba a beber.
Pues bien,¿cómo ese sueño interpreta?
«Tres sarmientos son tres días(dijo con divina ciencia),que el Rey, tardará en llamarte,a quien darás en la mesala copa, como solías,y entonces de mí te acuerdas,y dile que de esta cárcelsaque mi humilde inocencia;que estoy sin culpa.» A este tiempo,viendo el que tu pan gobiernala prudencia del mancebo,le dijo de esta manera:«tres canastillos soñéque llevaba en la cabezallenos de harina y de pan,y que las aves ligerasa comer dellos bajaban.»A quien respondió con pena:«de aquí a tres días el Reyte hará cortar la cabeza,y te pondrá en una horca,donde las aves que vuelanvendrán a comer tus carnes.»¡Tú sabes cuán verdaderasfueron sus declaraciones!
Tu ingratitud manifiestas;parte por él, di al Alcaideque yo lo mando.
No creasque fue olvidarme sin causa.
Fiera ingratitud, que ciegaslos ojos, porque la luzal beneficio no vean.No ha producido animalmás venenoso la tierra,aunque entre el fiero Fitón,o la serpiente Lernea.Los palacios de los reyes,a quien una vez los entra,son como río de olvido.Pocas veces aprovechael ruego del miserable,el papel, la diligencia:solo de su aumento trata,solo su provecho intenta.
Llega; que te aguarda el Rey.
A tus pies invictos llegadesde la cárcel, señor,Josef, de nación hebrea,porque no pudiera hallarla gloria de tantas penas,menos que tus pies.
Levanta.¡Qué hermosa y grave presencia!Josef, Asiris me ha dichoque eres varón que penetraslos futuros contingentescon aprobada experiencia.Un sueño pena me ha dado:estos sabios que profesanserlo en Egipto, a quien hoyllaman madre de las ciencias,no lo entienden ni declaran.
Pues Dios hará que lo entiendas.
Soñé que estaba a la orillade un río, en cuya riberavía siete gruesas vacaspaciendo la verde hierba.Luego otras siete tan flacas,que devorándose aquellas,apenas señal dejaban,y me despertó su pena.Mas volviéndome a dormir,vi siete manadas bellasde espigas, y que otras siete,débiles, negras y secas,las primeras consumían.
Oye, señor, porque sepaslo que Dios a Faraónpor este sueño revela.Las siete vacas y las siete espigasfértiles, son siete años abundantes;las macilentas, flacas y enemigas,siete contrarios a los años de antes.Por duplicarse quiere Dios que sigasla luz de la verdad y te adelantesal remedio, juzgando el ser tan firme,en que el segundo sueño lo confirme.Nombra un sabio varón que en tus regionesrecoja el trigo en abundantes años;que si en ciertos depósitos lo pones,darás remedio a los futuros daños;la providencia de ínclitos varonesnos ha dejado ejemplos, desengaños;si los años estériles previenes,seguro el tiempo de tu imperio tienes.
¿A dónde podré yo hallarhombre, Josef, de tu ingenio,si Dios habla por tu boca,si Dios te inspira y si tengouna sibila en tus labios,y en tu raro entendimiento,con más soberano Apolo,un oráculo del cielo?Tú serás aquel varón,aquel prudente, aquel cuerdo,aquel presidente sabio,aquel consejero recto,que prevenga en la abundancialo que en la desdicha esperode tanta esterilidad.Traed una ropa luego:vestilde, adornalde, seaJosef desde hoy el gobiernode Egipto: traed mi carro,aquel rico en que me muestroa la ciudad aquel díade mi feliz nacimiento.Salga triunfando Josefhumíllese todo el puebloa mi segunda persona,y aunque su nombre es tan bueno,y de sus padres y patria,salvador del mundo quieroque se llame desde hoy:muestra, Salvador, el dedodel corazón, en que pongoel anillo de mi sello.
Señor, tu hechura levantascomo la luz, que encendiendolas demás, siempre se quedacon la que tuvo primero.Aquí tienes a tu esclavo.
¿Qué os parece? ¿No es bien hechoel haber constituidoa Salvador de mi reinopor mi segunda persona?
Todos, señor, le queremosbesar los pies.
Digno ha sidoJosef de tan alto imperio.
Sembrad laureles y flores:cubrid, esmaltad el suelo;que pasa dichoso Egipto,el Salvador y Rey nuestro.(Cantan dentro.)cubrid, esmaltad el suelo,que pasa dichoso Egipto,el Salvador y Rey nuestro.Sembrad laureles y flores(Mientras cantan va JOSEF alrededor del tablado, y el REY a su lado, y dan vueltas.)divino Señor del cielo,que de la envidia y la cárcelme sacáis a Rey de un reino.
Vos solo sois Salvador,
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