Los trabajos de Jacob — Acto II
Suelta, necio.
Extraña estásen hacerme tal desprecio.
¿Desprecio es llamarte necio?
¿Puede el desprecio ser más?¿Sabes tú que haya formadonaturaleza animaltan fiero?
Siendo mi igual,tú mismo te has retratado.
Antes los cielos quisieransabio elefante, leónfuerte, espantoso dragón,y su fiereza me dieran;cuántas cosas ¡ay! querría,y no ser necio.
Pues yopienso que lo eres.
Yo no.
¿Pues qué necedad más fríaque amar a quien te aborrece?
Antes discreción se llama,pues amar a quien nos ama,justicia y razón parece.
¿Quién ama obedece?
Sí;que el amor es obediencia.
Pues vete de aquí.
Paciencia;digo que me voy de aquí;detrás de estos chopos quieroesconderme.
Aunque más huyas,seguiré a las alas tuyas,tú las del viento ligero.
Vente, hermoso Benjamín.
Voy tras una corza herida.
Si aquí la tienes tendidapor el clavel y el jazmín,armas de esa gran belleza;no sigas al viento vano;dame, Benjamín, la manoque formó Naturalezade nieve, para templarel fuego de tu hermosura.
Así Dios te dé ventura,Lida, que me des lugar.No se me lance en el ríoo en parte que no le alcance.
Aquí tienes mayor lanceen un alma, ingrato mío.
Suéltame: no seas pesada;que yo no entiendo de amor.
Pues hazme solo un favor,ya que estoy desengañada.
Di presto.
Que de esos ricoscabellos, cortar me dejesunas hebras.
No te quejes,Lida, de que tema hechizos;deja de ser importuna;quédate, Lida, con Dios.
Muerta quedo.
Y aun los doscon una misma fortuna.Basta, que está descubierta,Lida ingrata, la razónde tu olvido.
¡Qué traición!¿Lo escuchabas? Ya soy muerta.
Yo se lo diré al señor.
¡Bato! ¡Bato!...
No hay que hablar:o amarme, o voy a parlar,Lida, tu hechizo o tu amor.
Yo te amaré.
Corta en mílos cabellos que queríasen Benjamín, si lo hacíaspor favor.
Harélo así.
Corta, aunque lo mismo fueraen casa a cualquier lechón.
Señor viene; otra ocasióntendremos.
Allá me espera.
Estéril tiempo y cruel;ya mi familia perece.
Triste vida el campo ofrece;cosa no se mira en élque con señal de alegríala dé a las hojas.
El cielo,como ofendido del suelo,no sustenta lo que cría.Ya no halla hierba el ganado,y parece que se atrevea competir con la nievedel monte el desierto prado.
¡Lástima es ver, hijos míos,que estén tales sus despojos,que si no es en nuestros ojos,apenas se miran ríos!Ya entre tanto desconsuelode la sequedad que encierra,abre mil bocas la tierrapara lamentarse al cielo.Bala el ganado perdido:suena en las peñas el eco,y vuelve del campo secotriste el pajarillo al nido.Y entre tanta confusión,me han dado nuevas que Egiptoestá todo su distritofértil en esta ocasión.Partid, hijos, a comprartrigo; partid, aunque sientavuestra ausencia, que a la cuentaallá debe de sobrar,pues acá nos traen señaleslos ríos que de allá vienen.
Siempre tus trabajos tienen,buen Jacob, descansos tales;pero no es posible menos,viendo los cielos airados,los elementos turbados,y de mil portentos llenos.No te osábamos decireste remedio, señor,por no llegar al dolor,causa de vernos partir;mas pues ya de ti ha nacido,¿cómo quieres que se intente,padre piadoso y prudente?
En partir ya no hay partido;y habiendo de ser así,oíd, hijos de Jacobdoce partes hice el alma;ya, sin Josef, once sois.Vayan los hijos de Lía,Rubén, Leví, Simeón;vaya el valeroso Judas,Isacar y Zabulón;Dan y Neptalín, de Vala,la que a mi Raquel sirvió;los de Zelfa, Gad y Asser,Zelfa que Lía me dio.Solo Benjamín me quede,pues que ya no me quedóde mi adorada Raquelotra memoria de amor.Este ha sido mi consuelodespués que Josef faltó;el aliento a la esperanzaque mis años sustentó.Con esto, partid, mis hijos,y deos Dios la bendiciónque Abraham, mi abuelo, Isaac,mi padre, les prometió.Partid con ella, hijos míos,porque si de Dios la vozmi sucesión asegura,la misma verdad es Dios.
Tierno parte.
Es padre al fin.
Alto; a partir, Isacar.
Pues vaya Bato a llamara los demás, Neptalín.
Por aquí dicen que pasael Virrey.
No sé si veaun ángel que me recrea,o un demonio que me abrasa.
¿Tanto le amaste?
Es de formami amorosa fantasía,que es como el primero día,alma que mi cuerno informa.Ayuda a mi pena el verque un esclavo que fue míollegue a tanto señorío,a tal grandeza y poder.Y viendo que se ha casadoJosef, y que hijos tiene,mi amor a ser furia vieneen envidia trasformado.Dos le han nacido, ¡ay de mí!Efraín y Manasés.
¡Que tanto tiempo despuéshaya esa memoria en ti!
Y aun con más pena me veo,porque sin la ejecucióntiene amor obstinaciónpara dar vida al deseo.
Él llega. Apártate aquí.
¡Ay, mi esclavo! ¡Quién creyeraque en tal grandeza le vierapara más envidia en mí!
Hoy cumple el sol seis círculos que ha dado,amigos, por los altos paralelos,que así triunfé del suelo levantadopor voluntad de los piadosos cielos;que aunque puedo decir que me ha criadode nuevo el Rey, cuyos dorados velosme ha dado como el sol los da a la luna,no nace dél mi próspera fortuna.Por Dios se mueve cuanto el mundo tiene,por hado vuestros sabios hoy declaran;dél procede la vida, el honor viene;todas las cosas en su centro paran.Dios cría, Dios sustenta, Dios mantienesus fuertes muros, al humilde ampara;Dios hace reyes, que las buenas leyestienen principio en Dios y no en los reyes.
Gran Salvador del mundo, justo nombreque te dio Faraón, por ti se miralibre la tierra; tú el primero hombre;que donde tú no estás, cautivo expirael mundo. Egipto, Salvador te nombre,por ti vive, por ti también respirade la opresión estéril, pues pudieravolver sin ti la confusión primera.
En llegando a palacio, dad audienciaa cuantos, por humildes y afligidos,les faltare favor, con advertenciaque por pobres serán más presto oídos.Los frutos, del linaje humano herencia,queden con igualdad distribuidos,dando sustento a todos igualmente.
El cielo, Salvador, tu vida aumente.
¿Qué dices?
Estoy suspensade mirar grandeza tanta.
Lo que el mismo Dios levantatiene en su brazo defensa.No haya miedo que derribetan justa privanza envidia.
Mucho en velle me fastidiaque así mande y así prive.
Nicela, ¿tú aquí?
¡Señor!
¿Tú de palacio en la puerta?
Aquí he llegado encubiertaentre el popular rumor,con ánimo de mirarnuestro esclavo.
No hablas bien,pues fuera del Rey, tambiénSalvador le has de llamar.
¿Yo Salvador?
¿Pues quién eshoy por quien vives?
No seaslisonjero, donde veasque no se sigue interés.
Dad licencia, general,para que entre quien quisiere.
(De rodillas.)Tu vida el cielo prosperea su mismo curso igual.
Álzate; que bien me acuerdode que fuiste dueño mío.
Aparte.(Ensalza tu señoríoel verte prudente y cuerdo;que quien tiene en la memoriala humildad en que se vio,cuando Dios le levantóvenció la mayor victoria.)No me puedo persuadirque este estuviese culpado:celos Nicela me ha dadoy agravios puedo decir.Sin duda estaba inocente,porque el hombre que es vicioso,si llega a ser poderosoejecuta lo que siente.Y pues Josef no lo estuvo,ella, sin duda, es culpada,y aquella capa arrojadala que su golpe detuvo.Suyos fueron los antojos;ella fue el toro cruel,porque a no venirse a él,no se la echara a los ojos.
¿Si es aquel el Salvador?
Aquí dicen que está.
Llega.
¿No hay más de llegar así?
¿Cómo le haré reverencias?
Con ser yo rústico, séque las rodillas en tierrale habéis de adorar. Llegad.
A los pies de tu grandezatenéis, Salvador de Egipto,una pobre gente hebrea,que viene a comprar el trigoque reservó tu prudenciapara los presentes años,según por allá nos cuentan.Manda, señor, que nos denlo que a tu piedad parezca,que en este tiempo socorranecesidad tan estrecha.
¡Cielos! ¿Qué es esto que miro?¡Cielos! ¿Quién habrá que entiendavuestros secretos? ¡Oh suma,oh grande piedad suprema!¿No son estos mis hermanos?
¿De qué se admira? ¿Qué piensa?
La color se le ha mudado.
En los hombres que gobiernanhay este divertimiento,como en los hombres de letras.
(Grave.)Hombres, ¿de dónde venís?
Hombres dijo: malas señas.
(Más alterado.)¿De dónde vinisteis, hombres?
Responded de Adán y Eva.
De la tierra de Canaánhemos venido a esta tierraa comprar trigo, señor.
(Colérico.)Mentira bien clara es esta.
¿No lo dije yo?
Vosotrossois espías, cosa es cierta,y vuestro hábito lo dice.
¡Espías, señor! No creasque ese traidor pensamientoen nuestra nobleza quepa.Doce hermanos somos todosde un padre, aunque de diversasmadres: los once vivimos,murió el penúltimo, y quedael último con el viejo,que del muerto lo consuela.Ésta es la verdad, señor.
Uno falta.
¡Cómo muestraairado el rostro!
Decidde qué murió.
Cierta fieraen el valle de Mambré,bajando a dar una fiestaagua al ganado, le diola muerte.
¡Y qué fiera, fiera!¡Cómo se ve claramenteque son invenciones vuestras!Espías sois que venísa ver que muros, qué puertas,qué defensas Menfis tiene.
Señor, la verdad es esta.
(Levántase.)¡Por vida del Rey, traidores,que hasta que el hermano vengaque decís que allá quedó,y a vuestro padre consuela,que no salgáis de una cárcel!Vaya el que de todos seamás diligente, por él,y los demás en cadenay grillos queden.
Señor...
No hay que hablar; la pruebade que habéis dicho verdad,a la vista se reservadel hermano que decís;si él viene, será muy cierta:si no, será mentirosa,¡capitán!
¡Señor!
Encierraestos hombres con prisionesen una cárcel.
Es penade nuestro delito justa.
Sí, que la pura inocenciade nuestro hermano da voces.
¿Ya no os dije que no erabien hecho entonces?
Agoranos viene, sin merecella,esta desdicha por él.
Caminad.
Quiero que adviertas,capitán, que no soy yode los que el Virrey condena.
¿Pues quién eres tú?
So quientiene cuenta con las bestias.
Pues tenla agora de ti.
¡Pobre Bato, quién creyeraque vinistes a dejarel pellejo en tierra ajena!
Lágrimas que a los ojossolicita piedad de amor nacida,detened los enojos,o corred como fuente que oprimidatuvo la dura presa,pues no cesa el amor, y el rigor cesa.
Él ha de morir, Fenicia.
No ha de morir: ten piedad.
¿Qué es esto?
A tu majestadpido, gran señor, justicia.
Yo piedad, Salvador nuestro.
¿Eres su marido?
Soy.
Habla.
De Fenicia tuvedos hijos.
De entrambos son;óyeme a mí.
Da lugar,mujer, puesto que el dolordel parto más te apresure,a que comience el varón.
El mayor de mis dos hijos,de envidia mató al menor;está preso: yo que mueraquiero, y Fenicia que no.
Señor, si el uno está muerto,rigor es matar los dos.
Decís bien; mando que luegole saquen de la prisión;que Dios le dará castigode la sangre que vertió.
Vivas mil años, amén,soberano Salvadorde Egipto.
¡Qué justo ejemplode los hijos de Jacob!
Ya están presos los hebreos.
En estando los tres días,dales libertad.
Sabríassus maliciosos deseos.
Dellos tengo aviso ya;cierto Josef me le dio,que allá en su patria nacióy agora en Egipto está.
¿Conócesle tú?
Muy bien.
Yo les daré libertad.
Antes que de la ciudadsalgan, advierte tambiénque prendas al uno dellos,que se llama Simeón;que importa que esté en prisiónen tanto que vuelven ellos,que han de traer otro hermano;dales trigo, y el dineropon en los sacos primero,disimulando la mano.¿Hasme entendido?
Muy bien.
Capitán, tu pecho alabo;que a quien te sirvió de esclavole sabes servir tan bien.
Mientras con más asperezame tratas, mas crece amor;que suele ser el rigoraumento de la belleza.Formó la naturalezamontes, hombres, fieras, pechos,pues de sus manos los hechosno ablandan pechos iguales,viendo que en tiernos cristalesquedan sus jaspes deshechos.¡Ay, Benjamín! que dijeracon más causa ¡ay Serafín!,pues quien ha de ser mi fin,por su hermosura lo fuera:si en la hermosa primaverade tus verdes años flor,no quieres bien, ¿qué rigoranima tu pecho helado,pues no ves en monte o pradocosa que no tenga amor?Aman las fieras cruelesque carecen de las almas:aman las palmas las palmas,los laureles los laureles;los pajarillos que suelesoír con dulces cancionescantan sus tiernas pasiones;aman las fuentes los ríos:solo tú a los males míos,áspid, sentimiento pones.
Si yo supiera querer,tuviera mi pensamientoligado a tu entendimiento:no te supiera ofender.La hermosura de tu sernaturalmente me obliga,mas no sé cómo te digaque no entiendo qué es amor,si ave, fiera, planta o floren su triunfo enlaza y liga.Amor es inclinaciónque se causa y no se entiende,fuego que en el alma enciendeel aire del corazón;sus dos alas, Lida, sonuna agrado, otra deseo;si en servirte no me empleo,es porque el alma no inspiran;que lo que los ojos miran,en los del alma no veo.
Si tienes entendimiento,¿cómo no ves que el rigorpone en las fuerzas de amorporfía y atrevimiento?Si nace de encogimientode tu tibio corazón,mis brazos de fuego son.
Desvía, necia.
No quiero.
Jacob viene.
Ya no esperoablandar tu corazón.
Mal sufre amor la ausencia:tormento sin igual recibe el alma;faltando la paciencia,los sentidos oprime ociosa en calma,pues día y noche asisteel pensamiento a una memoria triste.Con justa causa temo:ningún consuelo, amor, me satisface;siempre amé con extremo:de la causa de amor el temor nace,que es su mayor efeto.
Padre y señor...
¡Oh, Benjamín discreto!Parece que entendíasla falta de consuelo en mis entrañas.
Señor, las tiernas míasmueve tu pecho y mueve las montañasdesta tierra, que lloracontigo al irse el sol y al ver la aurora.Ya vendrán mis hermanos:no aumentes tus trabajos con temores.
En mí no fueron vanos:en teniéndolos yo, vienen mayores;que por otro caminono se cede mayor del que imagino.
Mayor valor teníascuando en Aran guardabas el ganado,tantas noches y días,por mi querida madre desvelado,por tu Raquel hermosa,la mujer más amada y más dichosa.
(Alégrase.)No sé cómo te digalo que pasé, contento de mis daños;así la causa obligael verde abril de mis floridos años,y en los primeros siete,en tanto que Labán me la promete,fui muy gallardo mozo:vestíme bien los días que veníacon amoroso gozoa ver tu madre, y ella me decía,después que fue mi esposa,que de verme galán se vio celosa.Pues si delante dellaluchábamos tal vez, el más robusto,mirando a Raquel bella,encendido de honor, el lazo justodesasido en un vuelo,confesaba mi amor midiendo el suelo.Los lobos me temían,los más fieros leones me temblaban;los pastores decíanque la ventaja en toda acción me daban.
¡Qué bien que le engañaste!
Como mujer, en fin, me aconsejaste.
Para ganar las albriciaspresumí de adelantarme,si fueran buenas las nuevas.
¡Bato!
¡Señor!...
No me hables,que ya sé que a mis trabajosalguna desdicha añades.¿Vienen mis hijos?
Ya vienen.
¿Todos?
Ya tienes delantelos mayores dellos; puedesmejor saber cosas tales.
Guarden tu vida los cielos.
Los cielos tu vida guarden.
Danos a todos los pies.
En los turbados semblantesconozco que no veníscontentos.
Llegamos, padre,a la gran Menfis de Egipto,famosa entre las ciudadesdel mundo, y vecina al cielo,con pirámides de jaspe.Faraón tiene un Virrey,hombre de notables partes,que sustituye en su cetro,y a quien permite que llamenSalvador, porque lo ha sidoen ocasión semejantede todo el egipcio reino;fuimos luego a visitarle,y adorando por la tierrasu persona hermosa y grave,nos preguntó por la nuestra;yo le dije que este valle:con todas las demás cosasa su sospecha importantes.Dijo que éramos espías,y por más que porfiaseen que éramos gente nobley doce hermanos de un padre,contándole allí los días,once con Josef, que yacemuerto a manos de la fieraque bañó su ropa en sangre,y doce con Benjamín;no quiso crédito darmemientras que no le trujese,porque ser verdad probase,a Benjamín, por quien quedaSimeón, padre, en la cárcel,pues que tres días nos tuvoen sus cadenas con llaves.Danos, padre, a Benjamínasí los cielos te alarguentu vida, porque sin élvolver a Egipto no trates.Sin esto estamos confusos,porque abriendo los costalesdel trigo, habemos hallado,sin que un dinero nos falte,dentro el mismo que le dimos;que si fue yerro, es notable.
¿Para qué queréis que viva,si se aumentan por instanteslos trabajos de Jacob,ya con mi edad desiguales?Sin hijos me habéis dejado;mató a Josef, Dios lo sabe,la fiera que me dijisteis:Simeón queda en la cárcel,¿y a mi amado Benjamínagora queréis quitarme?Ya perdí a Josef no quieroque su retrato me falte,si no queréis que deshechasen lágrimas miserables,mis blancas canas, al centronegro de la tierra bajen.
No te aflijas desta suerte,padre; ya es razón que bastentus lágrimas; no permitasque, ciego, tu vida acaben.Dame a Benjamín, señor,porque si no es con llevarle,de la cárcel a mi hermanono hay oro con que le saques.Y si no te le volvieresano y libre, que me matesdos hijos te doy licencia;mira que crece la hambre,y también que será fuerzavolver a hacer su rescate.
¿Por qué dijiste que habíaotro hijo, si nombralleno fue porque le pidiese?
El cielo nos desampare,nuestros ganados destruya,nuestras labranzas abrasesi fue tal nuestra intención,sino solamente darlerespuesta en orden a todo.
Ahora bien, hijos, llevalde,si no es posible otra cosa.
No llores: mira que hacesagravio a valor que pudovencer en la lucha un ángel.Lo que Dios te ha prometido,¿cómo es posible faltarte?Faltará primero el mundo,faltarán los cielos antes.Cara a cara viste a Dios:¿Qué temes? ¿Quién será partea ofenderte, si has rendidoa aquel divino gigante?
Si me consuelas asíy así pretendes dejarme,¿qué me dejas por consuelo?Ahora bien, Benjamín, parte,y parte a tu padre el alma.
Yo espero estos brazos dartemuy presto con más contento.
¡Hijos, a todos alcancemi bendición!
Id con élen tanto que se dilateesta jornada forzosa.
Luego que todos descansense intentará la partida.
¡Detente!
¡Qué disparate!
¿Pues a qué tigre se nieganlos brazos, aunque llegasedel color que en la Etiopíalos adustos negros traen?
¿Quién te ha dicho, Bato, a tique es obligación bastanteabrazarte sin quererte?
No porque quieras abraces,sino porque yo te quiero.
Ahora bien, porque no llamesdescortesía el no ser,como otras mujeres, fácil,ve aquí un abrazo.
No seas,Lida, así el cielo te guarde,manca de la cortesía;que aun es defecto entre amantes.¿No has visto unos majaderosque no es posible que alcenun dedo de la cabezael sombrero por delante?¿Y otros que andan en rodeosde las palabras iguales,y porque el otro esté en pieellos no quieren sentarse,pues, fuera de ser muy necios,negocian que los infamendesenterrando sus vicios?
En fin, ¿quieres que te abracecon dos brazos?
Si los tienes,no se los quites a nadie.
¿Para media voluntadno quieres que un brazo baste?
¿Luego entre mí y Benjamínya tu voluntad repartes?Quiérete ya, ¿quién lo duda?Pero yo pienso vengarmecon que no ha de volver más.
¿Qué dices?
Que no me abraces;que voluntad con dos mediasalgún necio se la calce.(Éntrase cada uno por su parte.)
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