Los trabajos de Jacob — Acto III
Qué, ¿han venido los hebreosde la tierra de Canaán?
De besar tus pies estáncon mil ardientes deseos.
¿Viene con ellos tambiénel más pequeño?
Con ellosviene, y aunque algunos dellosgallardos parecen bien,no igualan a Benjamín,que así dicen que se nombra,porque son de su sol sombra.
Qué, ¿vino el muchacho al fin?
Parece que te alegraste.
Presto sabrás la ocasión.
No sabiendo la intencióncon que a los once llamaste,pensaron que era el dineroque en los costales hallaron:de nuevo me lo entregaron:respondo que no lo quiero,y que a comer los convidas;de que están fuera de sí.
Llámalos.
Ya están aquí.
¿Qué puede haber que le pidas,Josef, al piadoso cielo?Subo en aquesta ocasiónal trono de Faraón;mas no con soberbio celo,sino solo por cumplirdel gran Dios la voluntad,porque bajó mi humildadcuanto ella quiere subir.
Adorando la tierra humildementede tu trono real, cuyos trofeosenvidiando laureles, a tu frentecoronan resplandores Idumeos,están ¡oh generoso presidentedel valle de Mambré! los diez hebreos,para que seas tú mismo testigode la verdad que se trató contigo.¡Oh! Si vieras, señor, el sentimientode su padre Jacob, por que no hallarascon humana terneza rendimiento,aunque al valor decrépito igualarassi has visto la verdad, si el pensamiento,y que dejamos nuestras prendas carasen prenda del garzón que prometimos,el preso y dulce hermano te pedimos.
¿Tendrá aquí mi corazónfuerzas para estarse en pie,o al desmayo le daréde mi sangre y mi afición?¡Ojos, tened compasiónde las entrañas deshechas!Las lágrimas os dan hechas:llorad, que ningún nacidoel alma le han oprimidocausas de amor tan estrechas.Pero no haya más enojos,porque es tan bello el rapaz,que hasta a ponerse en pazel corazón y los ojos,que imagen de los despojospor que tanto nombre dana Raquel, mirando están;si era así mi hermosa madre,¿qué me espanto que mi padresirviese tanto a Labán?Quiero bajar.
Mucho advierte,Benjamín, el Rey en ti.
Bato, después que le vi,turbado estoy.
¿De qué suerte?
No te lo sabré decir;pero sé que el corazóncon una cierta pasiónme ha comenzado a rendir.
¡Hebreos!
¡Señor!
¿Estábueno vuestro padre?
Quedabueno, si es que vivir puedafaltándole el alma ya.
¿Es aqueste aquel hermanoque me dijisteis?
¡Él es!
¡Llegalde!
(De rodillas.)Dame tus piesy a besar tu heroica mano.
Los brazos es más razón.
No soy digno de tus brazos.
(Aparte.)¡Ay Dios, con qué estrechos lazosme oprimes el corazón!Las lágrimas resistir,¿qué piedad lo puede hacer?Yo las quiero detener,y ellas mueren por salir;yo me pierdo si está aquí.¡Capitán!
¡Señor!
¿Estápuesta la mesa; que yaserá tiempo?
¡Señor, sí!
Diles que entren.
Entrad todosadonde habéis de comer.
Gran merced nos quiere hacer.
En sus amorosos modosse advierte su voluntad.
Vamos, Bato.
Benjamín,temeroso voy del fin;tiemblo a toda Majestad.Un ajoqueso en mi chozatengo por cosa más sabiaque cuantos fénix de Arabiael Rey poderoso goza.
Tu necio gusto condeno.
Yo no, porque no se sabeque hayan dado a humilde o grave,en ajo a nadie veneno.
Oye, capitán.
¡Señor!
Luego que hayan comidolos despachas.
¿Qué has tenido?
Piedad, capitán, y amor.Enternézcome de vergente de mi tierra; en fin,¿no era bello Benjamín?
Un rey merecía ser.
Óyeme.
¿Qué es lo que mandas,que no te entiendo, señor?Que para piedad y amorcon muchos cuidados andas.
En los costales del trigopon a todos su dinerosin que lo entiendan; que quieromostrarme a mi patria amigo,y en el del menor hermanopon mi copa más preciosa.
¿Quieres, señor, otra cosa?Que esto no se intenta en vano.
De secreto te dirécómo has de salir tras ellos,y por ladrones prendellos.
Lo que ordenares haré,que no será sin misterio.
Voyme a comer.
Pues, señor,¿cómo das pena y favor?¿Cómo honor y vituperio?
Tú lo entenderás después.
Confuso en extremo estoy,porque a entender no me doyque esto sin misterio es.
¡Notable benignidadla del Salvador famoso!
En buena prisión me puso.
Y no lo sentimos poco.
De mi buen padre Jacobsentí la pena.
Llorosoquedó el viejo por tu ausencia;pero más cuando propongoel llevar a Benjamín,última luz de sus ojos.
Gracias a Dios de Israel,que os verá juntos a todos,llenos del trigo que espera.
En contándole nosotroslo que el Salvador ha hecho,bajando del alto tronode su grandeza, a comercon diez labradores toscos,se le ha de aumentar la vida.
El es hombre generoso,y el prender a Simeónpor sospecha, fue forzosodel oficio de Virrey,que no es el gobierno solo,sino el prevenir el daño,digno de aquel cargo honroso.
¡Qué gran convite nos hizo!
Allá me dio el mayordomotambién de comer a mí;¡pardiez, que rodaban pollos!¿No habéis visto unos monazosque guardan a un lado y otrolas nueces y las castañasal tiempo más espacioso?Pues al famoso convitefui con los carrillos monos,y para el camino, lleno,que al fin es largo y angosto.
Dente de comer a ti:irás del Negro al Mar Rojo.
¿Qué quieres? Todo el placerdel mundo dicen que es solocomer más o comer menos;los ricos lo comen todo,los pobres todo lo ayunan.
¿Qué gente es esta?
El adornodice que es gente del Rey.
Si nos buscan...
¿Por qué? ¿Cómo?
Tened el paso, traidores;ataja, Eraclio, a los otros;aguardad, fieros hebreos.
¿A nosotros?
A vosotros,pues como infames, habiendode un Príncipe tan piadosocon extraños, recibidoel beneficio notorio,al Rey mi señor, y a Mentis,humillando el regio solioa vuestra ruda humildad,y comiendo igual con todos,su copa le habéis hurtado.
¿Cómo su copa nosotros?¿Qué dices?
Que le ha faltadoal repostero.
¿Qué abonode nuestra lealtad queréispara templar tanto enojo,mayor que el haberos vueltoel dinero que nosotrosvolvimos a nuestra tierraen los costales?
Volviólovuestro engaño, porque estabadel castigo temeroso.Desatad esos costales.
Si en alguno, a decir torno,hallares oro ni plata,cuyo fuere, muera.
Todoslos desatad uno a uno.
El de Benjamín descojo,que es el que me toca a mí.
Que muera es castigo corto;todos seremos esclavosde tu Príncipe dichoso.
Aquí está la copa.
¿Aquí?
El menor la puso en cobro.
¡Tú, Benjamín!
¿Qué me miras?Todo el cielo poderosome destruya si la he visto;ni yo perdiera el decoroa la sangre de Abrahampor cuantos vasos preciososdesde el principio del mundodio la codicia al tesoro.
¡Ah, villanos! ¿Esto pasa?Prendeldos.
Benjamín, rompomis vestidos y mi pecho.
Ladrones sois, ya os conozco;vayan al Virrey.
¡Ah, cielos!
Hermanos, no he sido estorbode vuestro viaje yo;que este es falso testimonio.
Sabemos que eres un ángel.
Caminad.
¡Cielos piadosos,descubrid la verdad!
Creoque Dios nos dará socorro.
¿A Egipto volvemos?
Sí.
¡Pobre Bato! Ya desdoblola panza para pagarlos pollos y los repollos.
Partiremos los dos este presente,pues tiene de la paz la mejor parte.
Beso tus pies, señor.
Josef, detente.
Bien es que tu grandeza los aparte:la tierra es a mi boca suficiente;donde los pones, invencible Marte,temió Bazán tus armas.
No temierasi el año de la guerra fértil fuera.No toma bien las armas el soldadopor el estéril campo divertido;la falta del sustento siempre ha dadovictoria al fuerte, infamia al oprimido;voy a partirle en tu virtud fiado,que de mi reino redentor has sido:desde hoy, Josef, a tu memoria debodorada estatua en obelisco nuevo.
¡Cuánto debe Josef, Rey soberano,desde mis padres, Abraham valiente,Isaac piadoso, Jacob limpio siente,Josef humilde, perseguido en vano!Trújome aquí tu poderosa mano:así te agrada el ánimo inocentedonde permite que el remedio intentedel uno y otro fratricida hermano.Tú con el brazo del poder piadosome has levantado a la real esfera,libre del homicida y envidioso;que es bestia tan feroz la envidia fiera,que es menester un Dios tan poderosopara que un hombre en su rigor no muera.
Entrad presto, villanos, a la muerte,que no al Virrey famoso.
Salvador generoso,aquí nos tiene tu piedad, advierte.
Y aquel también, señor, en cuya haciendafue hallada ¡ay, cielos! tu dorada prenda.
¿Por qué habéis perpetrado tal delito,ingratos a mi pechoy al favor que os he hecho?¿Desde Canaán venís a hurtar a Egipto?¿Este es el premio justode haceros honras y de daros gusto?
Señor, todos queremos, pues es justo,quedar por tus esclavos;eses imprima, y clavos,en todos nuestros rostros hierro adusto;confiesen de tu nombre heroicas letras,que la maldad de nuestro error penetras.
No lo permita el cielo; solo seami esclavo el atrevidoque como veis ha sidoautor de culpa tan enorme y fea;los demás podéis iros librementeadonde vive vuestro padre ausente.
Virrey soberanodeste ilustre reino,Salvador en nombrey en heroicos hechos:Príncipe dichosoque después del cielo,sobre blancas arasmereces incienso:cuyo nombre adoranlos Partos y Medos,los Mesopotamios,los Sirios y Armenios:nosotros venimosde aquel valle hebreodonde vio Abrahama los tres mancebosdivina figuradel divino Terno,una esencia solo,solo un Dios inmenso.Venimos, señor,como digo, haciendomemorias piadosasde mejores tiempos;porque allá a los montesde hierba compuestos,pelaban los añosbarbas y cabellos.
Ni una flor al prado,ni un grano al barbecho,abril producíani bañaba el cielo.Nuestro amado padrenos dio tal consejo:tú nos preguntastede nuestros sucesos,si teníamos padres,hermanos o deudos.Ya te respondimosque padre, y muy viejo,y un pequeño hermano,que era su consuelo.Este niño, y otroque ha mucho que es muerto,eran de una madrede Jacob espejo.La bella Raquelse llamaba, y creoque era su hermosuraen ella lo menos.«Traelde, dijiste,que verle deseo,y saber si en todosois falsos o ciertos.»
Yo te respondí:«El traerle tengopor cosa imposible,porque el viejo, luegoque el niño le quiten,vivirá muriendo.»Respondiste entonces:«Si yo no le veo,no veréis mi rostro.»Partimos con estoy en Canaán hablamosa Jacob, tu siervo,que en oyendo el casose quedó suspenso.Dos hijos que tuvede Raquel, hoy pierdo:si este me lleváis,sin espejo quedo.Pues mira, señor,si agora volvemossin tu Benjamín,alma de tu pecho,¿qué será de todos,y un hermano muerto?
En prendas le dabados muchachos bellos;mas yo, sobre mí,con gran juramentotomé su peligro,¿pues qué haré si vuelvo?Ciento y ochenta añoscumple el santo viejo;las canas le bañanel ilustre pecho.Todos de rodillas,lágrimas vertiendo,su vida pedimos.
¡Señor!
Esto es hecho.Afuera, egipcios, salid:dejad aquí los hebreos.
¿Qué es esto?
No sé.
Deseos,¿qué aguardáis? Llanto, venid;salid, lágrimas; oíd:yo soy Josef.
¿Qué, señor?
Y que un piadoso dolorme aprieta con fuerza tanta,que entre el alma y la gargantase me atraviesa el amor.
¿Quién te podrá responder?
Yo soy aquel que vendistes:llegaos a mí, no estéis tristes;que ya me mata el placer.No os quedará que temersi yo muero aqueste día,pues pienso que ser podríaque si por mi fortalezano me mató la tristeza,me ha de matar la alegría.
El llanto, Josef querido,te muestra el alma en los ojos.
¡Oh, qué me quitas de enojos!¡Oh!, qué amor que me has debido!Estoy muy agradecidoque hayas, en fin, sustentado,Benjamín, mi padre amado,porque si por ti vivió,su vida, la que nos dio,has en los tres conservado.Él se miraba en Raquel,yo miro los dos en ti;a ellos me parecí,tú te pareces a él.Hoy resucita el clavela quien dio muerte Caín:juntóse el espejo, en fin,en que se miraba el viejo;a tanta edad, grande espejo:júntate a mí, Benjamín.
Señor, todos mis hermanoste hablan mudos, si en silenciotan justo no diferenciosus lenguas como sus manos.Tus favores soberanosson causa, en fin, que han movidomi lengua a ser atrevido,y más dándome lugaren tus brazos, por juntarel espejo dividido.Desde el punto en que te vino sé qué sentí en mi pecho,que te amaba satisfechode ver tanta gracia en ti.Hablaba, y no la entendíal alma, que la avisabaque en ti la mitad estabadel alma que en mí vivía;y así la media entendíapor qué la media faltaba.
Correspondes justamentea tu exterior, dulce hermano;vosotros, mi padre ancianoconsolad alegremente:partid, y el mayor le cuenteel estado de mi bien,para que venga tambiéncon vosotros a gozalle,trocando de Arán el vallepor el valle de Jesén.Daréos carros y vestidos,plata y oro en cantidad,muestras de la voluntadcon que seréis recibidos.Venid todos, que admitidosdel Rey, mi señor, seréis:en Egipto viviréis,donde seréis lo que soy;que toda mi vida os doyporque a mi padre me deis.
Dulce hermano, que aun apenasme atrevo a llamarte hermano,aunque no fui el más tiranode la sangre de tus venas;por la que tienes, perdonay muestra aquí tu piedad:no castigues, Majestad,delitos de tu persona.A nuestro padre diremosque venga a verte y vivir.
Para que podáis partir,lugar a los brazos demos.Venid, besaréis la manoal Rey.
Ya será razón¡oh generoso varón!que des la tuya a un villano.
¿Eres Neptalín o quién?
Bato so, señor, Batico,el que cuando fue más chicojugaba con él también.
Mucho me alegro de verte.
En fin, ¿que no le comióaquel lobo o fiera?
No;que fue fingida mi muerte.
Vamos, Bato, porque demosesta nueva al viejo santo.
Mas que ha de alegrarse tanto,que muera entre dos extremos.
Camina.
¿Darásme a Lida,pues has de ser gran señor?
Nunca yo la tuve amor.
¿Por tu vida?
¡Por mi vida!Yo te la doy por mujer.
Desta vez pienso vengarme¡voto al sol, que ha de rogarmey que no la he de querer!
¡Divino autor del cielo,señor de cuanto miro,a quien besan los pies las potestades,sirviéndole de cieloel eterno zafiro,por infinitos círculos de edades;en tantas soledades,consuela mi afligidopecho, cuya flaquezase vio de tu grandezaentre las piedras de Betel vestido;mis trabajos te muevan,que al término fatal mis años llevan.Ya de Labán airado,cuando a Raquel y Líasaqué, imitando entonces sus engaños,y de Esaú, que armadopensé que me seguía,trocaste en paces los futuros daños.En el fin de mis añosme robaron a Dina,mató a Josef la fiera;no permitas que muerasin ver a Benjamín, que peregrina;busque diversos modosla muerte, fin de mis trabajos todos.
En esta fuerte ocasiónle tenemos de alegrar.
Aumentarás su pesar;que yo sé su condición.
Padre, en la ausencia llorosade mis hermanos, queremosalegrarte.
En dos extremosmal el cuidado reposa.Mis trabajos han llevado,entre el amor y el temor,mi vida a su fin.
Señor,hurta este rato al cuidado:siéntate a ver y a oírnuestros rudos regocijos;que presto vendrán tus hijos.
Dina, siéntome morir.(Siéntase, y bailen DINA y LIDA, con otros dos, lo que los músicos cantan.)(Cantan.)La serrana hermosa,la del bel mirare,gloria de las selvas,¿qué? y honra destos valles;la que en boca y dientes,por diferenciarse,trae en el aldea,¿qué? perlas y corales;al pastor Jacobperdido le traesiete años por ella,¿qué? sirviendo a Labane.El tiempo se rindea un amor tan grande,que no puede el tiempo,¿qué? vencer voluntades.Hácense las bodas:van a desposarsedonde los pastores,¿qué? jacen este baile.En amor tan largo,Raquel querida,pocos son los años,corta la vida.
¡Paso! ¿Qué ruido es este?
Dromedarios y elefantes,carros y carrozas vienenpor las selvas de los sauces.
Pues esos no son mis hijos,porque más humilde traenlos bagajes de su trigo.
Yo tengo de llegar antes.
Tente, bestia.
¿Pues qué bestiase ha tenido?
Los pies dadme,padre y señor.
¡Josef vive!Decid agora adelante.
¿Qué es esto, Rubén?
Señor,fuimos a Egipto...
Contadleque era Josef el Virrey.
¡Animal! ¿Quieres dejarme?
¿Qué dice Bato, Rubén?
No sé qué te diga, padre,si ha dicho que Josef vive.
¡Josef! ¿Mi hijo?
Dejalde;que tan bien quitan la vidaplaceres como pesares.
Danos a besar tus pies.
¡Hijos míos, abrazadme!¡Oh, querido Benjamín!
¿Por dicha la historia sabesde Josef y cómo vive?Mira que envía a llamarte,y que nos dio Faraóntanto oro y plata, que traencargas de suma riquezadromedarios y elefantes.
Si Josef, mi hijo, vive,hijos, mi vida se acabe.
Señor, a llamarte envíaporque le veas y hablesy porque vivas con él,que nos quiere dar un valleque pueble nuestra familia.
¡Inmenso cielo, esforzadme!Los trabajos no me han muerto:no queráis que el bien me acabe.
Perdido se fue Josefa Egipto, y allá sus grandesvirtudes al Rey le obliganque hasta su trono le ensalce.
No quiero saber la causa.En tanta gloria: dejadme,hijos, un momento solo.
¿Qué hay, Lida?
Tus disparates.
¿Sabes que eres mi mujery que tengo de vengarme?
¡Como no me tires coces!Mas ¿qué otra venganza sabes?
Bato, recoge la gente.
¡Bato!
Batear y dalle.
Ese bagaje se albergue.
Más que se caigan de hambre,mas que el dimuño lo lleve,pues que esta Lida me haceotro Jacob a lo burdo,en años y flema iguales.
Siempre, Señor soberano,en todas mis cosas fuistesluz, que a mis ojos la distesvuestra poderosa mano.Siempre de cualquier tiranome libró con su piedad:ojos, aquí descansad;mas siempre os hablo durmiendo,que no iré mientras no entiendosu divina voluntad.El pozo del juramentoes este; aquí me reclinopor principio del camino,que ver a Josef intento.Vos sabréis mi pensamiento;no quiero a Josef sin vos:tratemos esto los dos;que yerra el hombre más sabiocuando da, para su agravio,un solo paso sin Dios.
Jacob.
Señor soberano,¿quién sois?
Aquel fuerte Diosde tu padre: parte a Egipto:yo voy contigo, Jacob;yo te volveré también.
Señor...
No tengas temor,que yo te haré entre las gentesgrande.
Vuestro siervo soy.(Despierta.)Aguardad, Señor divino:esperad, dulce Señor.Fuese. ¿Qué es esto que he visto?Dios es el mismo que habló.A Egipto quiero partir:¡valle de Canaán, adiós,que voy a ver mi Josef!¡Oh, cómo fue sin razóncreer su muerte! Es mi vida;vivía, pues vivo yo.
Esta merced me has de hacer.
Nicela, ¿tú hablas así?¿No sabes que te serví,y que estuve en tu poder?
Cuando me acuerdo, señor,que aquella maldad me culpa,pido al amor la disculpa.
Todo es disculpas amor.
Testimonio tan cruel,solo el amor lo inventara,y en una mujer hallaradesatinos para él.Estoy tan arrepentida,que te pido me perdonessi admite satisfaccionesuna inocencia ofendida.Si fue locura quererte,ser mujer me disculpó,pero nadie mereciópor amar deshonra o muerte.General de Faraónes mi esposo: él te ha servido.
Tu esclavo, Nicela, he sido.
Todos tus esclavos son.
Yo no soy de los privadosque desvanece el lugar;de los reyes se ha de usarcomo de hombres; los Estadostienen principio y aumento,estado y disminución.Es la humana condición,como una veleta al viento.Hoy soy, y puedo no ser,y pues ves que ser no puedo,si mañana sin ser quedo,¿qué puedo sin ser poder?Haré bien a tu marido:seré buen tercero yo:así porque me sirvió,como porque le he querido.
El Rey.
Apártate aquí;por tu esposo le hablaré.
No te acuerdes de que fuecárcel mi amor para ti,sino que della salistea ser Rey por mi ocasión,pues que le dio mi traiciónal trono donde subiste.
Muy quejoso estoy de ti;¿no fuera razón que dierascuenta, Josef, a tu Reydestas venturosas nuevas?
¿Qué nuevas, señor?
Despuésque se fueron a tu tierratus hermanos, y les dicarros, oro, plata y seda,mis camellos y elefantes,para que con más grandezatrujeran tu viejo padresobre cien años y ochenta,¿no me dices que ha llegado?
Porque esas nuevas te deba,por quien te beso los pies,de mi descuido te quejas;y en albricias deste bien,quiero que un bien me concedas.
¿Pues yo te he de dar a ti?
Sí, señor, que los que reinan,al bien de quien quieren bien,amando obligados quedan.
¿Qué quieres?
El general,que es marido de Nicela(Llega NICELA a los pies del REY.)(llega y bésale los pies),te ha servido en paz y en guerra;fue mi dueño, como sabes.
Conozco, Josef, la deuda:tú del Rey eres segunda:tercera persona sea:en mi Consejo presida.
Los pies Nicela te besapor tanto bien.
Ya mi padre,invicto Príncipe, llega.
Dejadme, aunque sea sin pies,besaré los de su Alteza,y veré a Josef el rostro.
¡Padre!
Agora, Josef, vengala muerte, pues mis trabajoshicieron fin.
La terceraparte os dirá lo demás;que aquí dio fin el poetade Jacob a los trabajos,que es la gran tragicomediade la salida de Egipto:Belardo los pies os besa.
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