Antes que el cierzo de la edad ligera seque la rosa que en tus labios crece y el blanco de ese rostro, que parece cándidos grumos de lavada cera
estima la esmaltada primavera, Laura gentil, que en su beldad florece, que con el tiempo se ama y se aborrece, y huirá de ti quien a tu puerta espera.
No te detengas en pensar que vives, oh Laura, que en tocarte y componerte se entrará la vejez, sin que la llames.
Estima un medio honesto, y no te esquives, que no ha de amarte quien viniere a verte, Laura, cuando a ti misma te desames.
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