Lucinda, el alma, pluma y lengua mía en vuestras alabanzas ocupara si en mil comparaciones una hallara para satisfacción de su porfía.
Ni en el lucero, el alba, el sol, el día, la perla, el oro ni el diamante para, que desde el cielo hasta la fénix rara mil veces discurrió con osadía.
Con esto el pensamiento ya vencido, no hallando igual con vos, compara aquella que de vos en mi pecho amor estampa.
Ríndese la razón, calla el sentido, y vos, porque confieso que es tan bella, celos tenéis de vuestra misma estampa.
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