Vierte racimos la gloriosa palma y sin amor se pone estéril luto; Dafne se queja en su laurel sin fruto, Narciso en blancas hojas se desalma.
Está la tierra sin lluvia en calma, viles hierbas produce el campo enjuto; porque nunca pagó al amor tributo, gime en su piedra de Anaxarte el alma.
Oro engendra el amor de agua y de arenas; porque las conchas aman el rocío, quedan de perlas orientales llenas.
No desprecies, Lucinda hermosa, el mío, que al trasponer del sol, las azucenas pierden el lustre y nuestra edad el brío.
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